El acoso escolar sugiere una problemática de salud mental competente a toda la población. Es por eso que resulta relevante informarnos sobre las causas y consecuencias del mismo, así como analizar factores de riesgo para diseñar modelos de prevención adaptados a las necesidades actuales. En 2012, la revista REXE: Revista de Estudios y Experiencias en Educación publicó un estudio que se centró en analizar las diversas dimensiones del acoso escolar, abordando sus características, consecuencias y factores determinantes. En esta nota desarrollaremos el concepto de acoso escolar, y profundizaremos en diversas estrategias de prevención e intervención efectivas.

¿Qué es el acoso escolar?

También conocido como bullying, se define como una conducta de persecución y agresión física, psicológica o moral que realiza un alumno o grupo de alumnos sobre otro, con un desequilibrio de poder y de manera reiterada.

Este tipo de violencia entre iguales se caracteriza por incluir diferentes formas de agresión, prolongarse en el tiempo y estar motivada por una disparidad de poder entre quien lleva a cabo la acción y quien la recibe. La repetición y persistencia de estos comportamientos abusivos pueden tener consecuencias graves y duraderas en la salud mental y emocional.

Roles en el bullying

En las situaciones de acoso escolar hay distintos roles que son importantes diferenciar. En primer lugar haremos una distinción entre quien actúa con tal violencia y el receptor de esta. Podemos definir al primero como el individuo o grupo que ejerce acoso, intimidación o agresión hacia el otro. En cuanto al segundo, sería quien que sufre acoso, intimidación o agresión por parte de una o varias personas. Como inciso, podría decirse que los que reciben la violencia de forma pasiva son aquellos que sufren la agresión sin oponer resistencia, mientras que la forma activa supondría responder de diversas maneras a la agresión.

Empatía y acoso escolar

Este estudio en particular tuvo como objetivo investigar la relación entre la empatía y el acoso escolar, centrándose en dos hipótesis de trabajo: el nexo entre empatía y género, y entre empatía y acoso escolar. Se partió de la premisa de que las chicas son más empáticas que los chicos, y de que las personas menos empáticas son las que más participan como emisores de la violencia. Así, las variables a estudiar se dividieron en dependientes y controladas. Para el primer grupo se midió acoso escolar y empatía (que a su vez se relacionó con el género); y, para el segundo, edad y curso académico. 

¿Qué entendemos por empatía?

Esta variable tiene un rol significativo en el estudio. La empatía es una habilidad fundamental en las interacciones humanas que implica la capacidad de comprender y compartir los sentimientos, pensamientos y las emociones de otra persona. En términos sencillos, significa ponerse en el lugar del otro

Este artículo también menciona la empatía en el contexto de las diferencias de género. De esta forma, los autores observaron que existen percepciones y expectativas sociales en torno a la empatía que pueden variar según el género de las personas, respondiendo a estereotipos. Es decir, se le atribuye con frecuencia una mayor capacidad empática a las mujeres en vez de a los hombres.

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¿Cómo se realizó el estudio? 

Se seleccionó una muestra de 196 alumnos y alumnas de Educación Secundaria de un Instituto de Enseñanza Secundaria. El investigador empleó un proceso aleatorio simple para la selección de los participantes. Además, analizó y comparó la empatía y el acoso escolar en función del sexo de los participantes. Por último, realizó un cuestionario adaptado que contemplaba situaciones de acoso escolar entre iguales, enfocándose en las conductas de agresión física y verbal, así como en la exclusión social del grupo de iguales.

¿Qué resultados surgieron?

Los resultados evidenciaron posibles caminos para la intervención en acoso escolar en los centros educativos, destacando la importancia de trabajar en la prevención y modificación de conductas de acoso escolar. De esta forma, se señaló que intervenir únicamente en la conducta observable sin abordar las variables subyacentes que provocan la conducta de acoso escolar puede resultar en cambios poco significativos. Además, se confirmó la hipótesis que sugería que las chicas tienden a mostrar mayor empatía en comparación con los chicos.

Características comunes del acoso escolar

Entre los hallazgos pertinentes se destaca que el bullying estaba caracterizado por varios aspectos distintivos. El primero de todos, la intencionalidad. Esta implica un comportamiento agresivo y deliberado que es dirigido repetidamente hacia una persona vulnerable con el propósito de causar daño físico o emocional. En segundo lugar, el desequilibrio de poder entre las partes implicadas, lo que facilita la perpetuación del acoso.

Como tercer aspecto distintivo se encuentra la repetición. A diferencia de conflictos aislados, el bullying es un comportamiento recurrente que provoca un impacto continuo y acumulativo en quien lo sufre. En último lugar, se destacó la capacidad que tiene este fenómeno de manifestarse en diversas formas. Estas pueden ser verbales, físicas, psicológicas, sociales, así como también cibernéticas (conocido como ciberacoso), haciendo de este un problema complejo.

Estrategias de prevención e intervención

Un abordaje efectivo, que tenga en cuenta un modelo de prevención y promoción en salud mental y esté abocado a realizar intervenciones en casos de bullying, debería considerar los siguientes aspectos:

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  • Promoción de la empatía: Es vital fomentar la empatía desde el ámbito educativo. Esta habilidad favorece las conductas afectivas y la comprensión de los sentimientos, emociones y pensamientos de los demás.
  • Identificación temprana: Aspecto que puede implicar la implementación de protocolos de detección y formación del personal educativo para reconocer las señales de acoso. Así como también la creación de espacios seguros para que los estudiantes puedan reportar situaciones de violencia.
  • Intervención interdisciplinaria: La colaboración entre profesionales y familias puede permitir una intervención integral que atienda las necesidades emocionales, sociales y académicas de ambas partes.
  • Prevención activa: Por último, resulta necesario implementar estrategias de prevención como programas de educación emocional, talleres sobre resolución pacífica de conflictos, campañas de sensibilización y actividades que fomenten la inclusión y la diversidad en el entorno escolar.

¿Es entonces una cuestión de empatía?

La investigación dio cuenta de una correlación significativa entre los niveles de empatía y la participación en conductas de acoso escolar. Estos hallazgos subrayan la necesidad de implementar estrategias de prevención, identificación temprana, intervención interdisciplinaria y promoción de la empatía como herramienta fundamental en los centros educativos. De esta manera, se promueve la creación de un entorno seguro y respetuoso para todos los estudiantes.

Asimismo, se destaca la importancia de evaluar de manera continua las acciones implementadas como forma de garantizar su efectividad y realizar ajustes según sea necesario. Por último, si quieres interiorizarte más en esta temática, te recomendamos nuestro curso en prevención e intervención del acoso escolar.

Referencia bibliográfica

  • Nolasco Hernández, A. (2012). La empatía y su relación con el acoso escolar. REXE. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, 11(22), 35-54.