La denominación “artes marciales” engloba una multiplicidad de disciplinas físicas arraigadas en distintos marcos culturales. Así, con el paso de los años se han convertido en algo más que una mera práctica física, llegando a ser un modo de vida. Con el pasar de las décadas y los intercambios producidos por la globalización, las prácticas orientales se han reproducido a lo largo de todo el mundo. Si bien esto pueden entenderse como algo positivo, en contrapartida, trae consigo el alejamiento respecto al marco cultural del cual derivan. Sin embargo, diversos estudios han explorado los efectos de las artes marciales en quienes las practican, encontrando impactos positivos para la salud mental junto a distintos funcionamientos en los procesos cognitivos. Te invitamos a conocer algunos descubrimientos en torno a los efectos de las artes marciales y sus implicancias psicológicas.

Artes marciales: Práctica y tradición

Dentro de la denominación “artes marciales” se encuentra una gran variedad de disciplinas derivadas de distintas regiones del mundo, existiendo un gran número proveniente desde culturas orientales (Japón, Tailandia, Corea, China, etc.). Mismamente, algunos ejemplos incluyen el taekwondo, karate, kung-fú, tai-chi, judo o muay thai, entre otros.

Más que un deporte

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Se encuentran integradas a los distintos marcos culturales de donde provienen, reflejando así diversos componentes religiosos, filosóficos y espirituales. De este modo, constituyen prácticas orientales tradicionales donde existe conexión entre los fundamentos y ejecución de las técnicas con respecto al sistema cultural del que derivan.

Al respecto, se ha destacado la importancia de la integración mente-cuerpo en las prácticas orientales, no solo desde una concepción holística sino también como el propósito de las mismas.

En adición, se recalca que ciertas prácticas orientales, como el yoga y la meditación (comprendidas actualmente bajo la denominación mindfulness) y las artes marciales, generan efectos psicológicos positivos en la salud mental. Destacando, así, una mayor atención plena, bienestar subjetivo y menores puntuaciones en evaluaciones de depresión (Miyata et al., 2020).

Tipos de artes marciales

Duras

El vasto mundo de las artes marciales se puede separar en dos tipos: duras/externas y blandas/internas. Las primeras están enfocadas en maximizar la fuerza posible a un punto de ataque mediante la velocidad, el vigor y dinamismo corporal. Un ejemplo de este tipo es el karate o taekwondo.

Junto a lo anterior, se han señalado mejorías debido a la práctica de tales disciplinas en los sistemas implicados en el equilibrio, principalmente el somatosensorial. Con esto, otro hallazgo importante es el potencial para prevenir el deterioro cognitivo, explicado por la estimulación cognitiva y su contribución a una mejor neuroplasticidad cerebral. Aspecto que se debe a la constante utilización funciones como la memoria, atención y coordinación corporal durante los patrones motores requeridos (Herrera-Valenzuela et al., 2019).

Blandas

Tienen como eje la postura, mediante la regulación y el control del movimiento en ritmos lentos y coordinados. Un ejemplo es el tai-chi, aikido o ciertos estilos del kung-fú. Este tipo de artes marciales se vincula a mejoras en la percepción del dolor, funcionamiento cognitivo, calidad del sueño, entre otras.

Sin duda, una opción interesante que podría incorporarse a programas estatales de salud pública. Dados los resultados alentadores en población de avanzada edad en cuanto a la calidad de vida, reducción de caídas y estimulación física.

Integración cuerpo-mente: Funciones implicadas

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Durante el ejercicio de las artes marciales se ponen en funcionamiento múltiples funciones cognitivas en conjunto con la actividad corporal. Entre ellas, la atención selectiva, planeación y ejecución motora.

A su vez, hay un uso predominante de las funciones ejecutivas, fundamentales para la adaptación a nuevas situaciones. Incluyendo habilidades de inhibición, velocidad de procesamiento, aprendizaje motor y memoria de trabajo (Calderón y Humana, 2018).

Además, al parecer existe una mejor ejecución de las funciones ejecutivas, detección y evitación de situaciones de riesgo, memoria visoespacial y manejo de información verbal si se compara una muestra de marcialistas y población que no realiza dichas actividades. En esta línea, diversas investigaciones apuntan a que, debido a la práctica de artes marciales, las áreas de la corteza cerebral implicadas en dichas funciones tuvieron una mayor activación junto a un correspondiente aumento de la sustancia gris (Jacini et al., 2009).

Zonas cerebrales principales

Como mencionamos, las áreas de la corteza vinculadas a las funciones puestas en ejecución durante el ejercicio presentaron diferencias significativas comparando practicantes y no practicantes. Se encontraron aumentos de sustancia gris en:

  • Lóbulo frontal, región que tiene un papel preponderante en la planeación y ejecución motora.
  • Lóbulo occipital y parietal, implicados en el manejo de información en procesos visuales asociativos.
  • Corteza prefrontal dorsolateral, vinculada a los procesos de la memoria de trabajo.
  • Áreas paralímbicas, asociadas a procesos de memoria y aprendizaje motor.
  • Cerebelo, con un claro papel en el aprendizaje motor.

Un estudio reciente investigó los efectos de la práctica de artes marciales en población joven de riesgo. ¿Qué descubrieron? Encontraron mejoras significativas en los dominios inhibición y velocidad de procesamiento, predichas por la reactividad hormonal (oxitocina y cortisol) y medidas durante el entrenamiento inicial antes y posterior a la intervención (Harwood-Gross et al., 2021).

Lo anterior, se vincula a la hipótesis de que las artes marciales disminuyen la agresividad. Siempre y cuando sean practicadas según la motivación autodeterminada de placer por el ejercicio en sí mismo y no para obtener recompensas externas (Monacis et al., 2015).

Beneficios de las artes marciales

En cuanto a los beneficios psicológicos, encontramos un aumento la coordinación motriz, la salud física, psicológica y social. Además, se promueve la autoconfianza y la motivación, generando pertenencia identitaria y conciencia de uno mismo.

De igual manera, este deporte favorece el manejo emocional, la resolución de conflictos y disminución o prevención de la depresión y ansiedad (Calderón y Humana, 2018).

En adición a lo anterior, se ha propuesto que el ejercicio de estas prácticas orientales puede reducir las medidas de agresión en jóvenes a través del énfasis puesto en el autocontrol y la defensa por sobre el ataque. Lo que desemboca en el fortalecimiento del autoestima y mayor respeto interpersonal.

Finalmente, y tomando en cuenta las mejoras que aporta al funcionamiento cognitivo, funciones ejecutivas y memoria, se destaca la inexistencia de efectos adversos junto a un bajo costo económico. Sin contar la fácil implementación a diversas poblaciones (Xu et al., 2023).

Conclusión

Las artes marciales han sido objeto de múltiples estudios que comprueban diversos impactos positivos en el bienestar físico, mental y social. De esta manera, se ha indagado en qué medida unos efectos derivan por tratarse de un deporte, y qué otros derivan de incluir los fundamentos de las prácticas orientales.

Así, tanto por la implicancia del ejercicio físico, el control de la respiración, la postura, el movimiento, la disciplina y la conciencia de sí, las artes marciales están próximas tanto al budismo-zen, la meditación y el yoga, como a deportes convencionales. Su divulgación alrededor del mundo ha logrado conservar gran parte de sus principios, llevando a generar efectos saludables en practicantes de todos los grupos etarios superando las barreras culturales.

Referencias bibliográficas

  • Calderón, G. O. y Humana, C. (2018). Funciones ejecutivas en la práctica de artes marciales. Revista electrónica de psicología Iztacala, 21(1), 266.
  • Harwood-Gross, A., Lambez, B., Feldman, R., Zagoory-Sharon, O. y Rassovsky, Y. (2021). The Effect of Martial Arts Training on Cognitive and Psychological Functions in At-Risk Youths. Frontiers in Pediatrics, 9, 707047. Doi: 10.3389/fped.2021.707047
  • Herrera-Valenzuela, T., Castillo-Fuentes, B., Cuadra-Aguilar, D., Zubieta-Planella, B., Valdés-Badilla, P. y CofreBolados, C. (2019). Artes marciales y deportes de combate: una alternativa para mejorar la salud. Hacia la Promoción de la Salud, 24(1), 11-13. Doi: 10.17151/hpsal.2019.24.1.2
  • Jacini, W. F. S., Cannonieri, G. C., Fernandes, P. T., Bonilha, L., Cendes, F. y Li, L. M. (2009). Can exercise shape your brain? Cortical differences associated with judo practice. Journal of science and Medicine in Sport, 12, 688-690. Doi: http://dx.doi.org/10.1016/j.jsams.2008.11.004
  • Miyata, H., Kobayashi, D., Sonoda, A., Motoike, H. y Akatsuka, S. (2020). Mindfulness and psychological health in practitioners of Japanese martial arts: a cross-sectional study. BMC sports science, medicine & rehabilitation12(1), 75. https://doi.org/10.1186/s13102-020-00225-5
  • Monacis, L., de Palo, V. y Sinatra, M. (2015). Factores motivacionales relacionados con la agresividad en las artes marciales. Revista de psicología del deporte24(1), 0163-169.
  • Xu, Y., Zhu, J., Liu, H., Qiu, Z., Wu, M., Liu, J., Wu, J., Huang, J., Liu, Z., Liu, W. y Tao, J. (2023). Effects of Tai Chi combined with tDCS on cognitive function in patients with MCI: a randomized controlled trial. Frontiers in public health11, 1199246. https://doi.org/10.3389/fpubh.2023.119924