La cohesión escolar puede ser una gran herramienta para entender la salud mental en los adolescentes. Es un concepto que define el grado de unión entre las distintas personas que componen una institución educativa. Si bien dicha unión ya ha sido investigada en estudios que miden cómo esta puede ser una respuesta al acoso, hoy se considera un predictor de algo mucho más profundo: el bienestar psicológico. El 2021 trae consigo la necesidad de analizar cómo han evolucionado los fenómenos que intervienen en la adolescencia durante la pandemia. Y es que, tal etapa del desarrollo caracterizada por diversos cambios físicos, cognitivos y emocionales, está marcada por la necesidad de usar el aprendizaje como un motor que profundice la inserción social. Veamos un poco más a continuación.

Poda neural y pandemia

Tras la niñez, etapa caracterizada por la expansión sináptica con fines exploratorios que guían el aprendizaje, llega la adolescencia. Con ella, el sistema nervioso ingresa en la fase de poda neural, proceso en el que se eliminan miles de conexiones neuronales con el fin de llegar a un cerebro más ejecutivo. 

Las demandas del medio evolucionan y la persona se enfrenta a nuevos desafíos para los cuales su cerebro tendrá que adaptarse. Vamos a plantear un ejemplo que ilustre esta situación. Para que un adolescente entienda que por hacer un berrinche no va a obtener una recompensa, tienen que morir miles de conexiones. Esas conexiones representan una conducta anterior desadaptativa para la nueva etapa que se afronta.

Salud mental adolescente

Intercambio social: La base de la experiencia adolescente

Un elemento clave para que mueran dichas conexiones es la experiencia. Es necesaria una confrontación funcional con el mundo y principalmente con el adulto. Esta interacción se ha visto notoriamente afectada por el aislamiento, producto de la situación sanitaria. Así pues, podemos comenzar cuestionando cómo se ha visto modificada y si esa modificación tiene consecuencias disfuncionales. 

Psicopatología adolescente en cuarentena

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El desarrollo del cerebro adolescente también está marcado por la interacción con sus pares, quienes pasan a ser referencia de muchas nuevas conductas. Así, los comportamientos por imitación se disparan y la valoración del “grupo” marca los parámetros morales.

Pero, a su vez, la interacción entre pares marca el desarrollo funcional del sistema de recompensa. Así, la producción de serotonina, dopamina y oxitocina, es estimulada por el intercambio social definiendo, en parte, el devenir emocional del futuro adulto. Cuando este sistema se desequilibra, el impacto en la salud mental de los adolescentes es inminente.

Ahora bien, el confinamiento temporal, las restricciones a los encuentros presenciales y la migración a entornos virtuales, tienen un impacto significativo en el desarrollo adolescente. Naturalmente, aquellas actividades que estimulan la segregación de las sustancias necesarias para la regulación emocional se ven mermadas y limitadas. 

Intervención adulta en salud mental

Aunque este no es el único motivo asociado al disparo de síntomas depresivos y ansiosos en la población adolescente (inestabilidad socioeconómica y conflictos familiares), definitivamente es el que más nos compete desde el ámbito educativo. Dado que las instituciones educativas son un espacio natural para la socialización, los referentes adultos tienen cierto alcance sobre los fenómenos anteriormente mencionados

Cohesión escolar: El rol del adulto

¿Qué tan determinante es la intervención adulta en la salud mental adolescente? Es de pública notoriedad que el acompañamiento adulto se asocia con menores índices de vulnerabilidad. Los padres, por ejemplo, son un agente de protección. Se ha demostrado que el apoyo parental es un gran factor de protección frente al acoso, en todas sus modalidades. Así mismo, tener muchos amigos se ha asociado a mayores índices de acoso, pero a menores niveles de victimización (Oldfield et al., 2016).

La cohesión escolar como problema institucional

Muchos educadores, apoyados en las inferencias básicas de estudios como el mencionado anteriormente, al enfrentarse a un problema de acoso, suicidio o depresión, enuncian frases como: “Si esto no se aborda en su hogar, nosotros no podemos hacer nada“. Cuando hablamos de patología adolescente siempre debemos leer entre líneas: tener muchos amigos se ha asociado a mayores índices de acoso y menores niveles de victimización.

Primera falacia: Si en casa no ayudan, no podemos hacer nada

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Es verdad que cada hogar tiene un impacto crucial en la conducta y el ánimo del adolescente. Sin embargo, parece que el principal agente de protección es otro. Un estudio se enfocó en analizar el impacto en la salud mental adolescente con dos variables: el apego parental y la conexión escolar (Clarke, 2006). Los resultados fueron los siguientes:

  • Un vínculo parental más inseguro (aunque no el vínculo con los compañeros o la conexión escolar) predijo problemas de conducta y dificultades emocionales.
  • El apego a los compañeros y la conexión con la escuela fueron predictores significativos del comportamiento prosocial, mientras que el apego de los padres no lo fue.

Cohesión escolar: Un cambio de enfoque necesario

Los resultados anteriores sugieren que el afrontamiento positivo y asertivo de diversos conflictos fue determinado de forma más significativa por el grado de cohesión escolar, y no así por el apego con los padres. Como educadores no tenemos casi influencia en las escenas que los jóvenes traen de su casa, eso está claro.

Pero si la lucha contra el suicidio, la depresión y la deserción, se basa en las herramientas de afrontamiento que pueda tener el adolescente, todo lo que sucede bajo nuestras narices, en las instituciones educativas, cumple un papel determinante. No así lo que sucede en sus casas.

Estrés interpersonal y salud psicosocial

Según otro estudio de similar índole, los jóvenes que utilizaron estrategias de afrontamiento activo ante factores estresantes, tuvieron menos problemas de externalización y una mayor competencia social (Newman, 2008). Al parecer, hubo otro grupo que no tuvo los mismos resultados.

¿Cuál es el elemento crucial? Los factores estresantes eran controlables en el primer grupo e incontrolables en el segundo.

Si pensamos en una institución educativa: ¿Quiénes son los responsables de que los factores estresantes sean controlables o incontrolables? Una respuesta parece evidente: los adultos educadores.

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¿Cómo implementar estrategias de cohesión escolar?

Es fácil asumir o delegar responsabilidades cuando hablamos de salud mental. Todos tienen certezas y nadie respuestas. Malcom Gladwell en su libro “The tipping point“, analiza una epidemia de suicidios adolescentes en la micronesia. El fenómeno había comenzado por unos pocos adolescentes y abruptamente se había convertido en un mecanismo típico de respuesta ante problemas mundanos por parte de toda una generación. La pólvora: la conducta por imitación; la chispa: la incapacidad adulta para hablar del tema.

El diálogo como principal herramienta

Depresión, ataques de pánico, acoso, consumo y más… ¿Cuántas veces se habla con los adolescentes sobre estos temas? Incluso podemos haber escuchado que las crisis de pánico son una moda, como si fuese un mecanismo actuado para evitar la realidad. ¿Y si lo fuese? ¿Es menos grave? ¿Es menos real? No, entonces probemos con algunas herramientas:

  1. Fomentar espacios de cooperación y respuesta grupal.
  2. Establecer vínculos de referencia adulta.
  3. Habilitar instancias de diálogo entre pares y adultos.
  4. Ser agentes de cohesión, mediando positivamente la grupalidad.
  5. Hablar, aclarar dudas y desmitificar las posibles temáticas tabú.

Conclusión: agentes de cohesión escolar

La conclusión más inmediata plantea que existe una estrategia alternativa para paliar los efectos de las crisis adolescentes, típicos, pero exacerbados por la situación mundial. Esa conclusión supone un inherente desafío: que los adultos de los centros educativos, cada uno desde su rol, se planteen ser agentes de cohesión escolar. De ello dependerá la promoción de conductas prosociales de afrontamiento positivo que impactarán, como marca la evidencia, en la manifestación de las patologías, es una herramienta de prevención y abordaje de la salud mental en adolescentes.

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