Pensar en políticas públicas de salud mental implica la integración de múltiples grupos poblacionales y las problemáticas que surgen con respecto a ello. Así, a pesar de que la mayoría de los intentos de autoeliminación se dan en adolescentes y jóvenes adultos, la tasa de suicidio global es más prevalente en ancianos. Esto se relaciona con diversas cuestiones propias del sistema cultural occidental, sus representaciones de la tercera edad, el acceso a servicios de promoción y prevención en salud mental y la desconexión social. ¿Qué sabemos sobre el suicidio en ancianos? ¿Cómo se relaciona con la soledad y desconexión social?

Una problemática social que puede prevenirse

El suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial que involucra la intersección de una gran variedad de parámetros. En efecto, incluyendo aspectos psicológicos, médicos, morales, religiosos, sociales, económicos y políticos.

el suicidio en ancianos

Sin embargo, lo largo de las décadas, ha prevalecido una visión predominantemente biomédica e individual de este problema, relegando a los enfoques alternativos y complementarios al margen de este discurso.

¿Una problemática social?

En su lugar, algunos autores afines a la salud mental comunitaria proponen una perspectiva alternativa que considera al suicidio como un problema social. De esta forma, se evidencia la influencia de los factores protectores y de riesgo colectivos que forman parte de la decisión de quitarse la vida.

Además, se cuestiona la ineficacia de intervenciones de salud pública y los planes nacionales de prevención del suicidio. Y es que, estos persisten en un plano individual a pesar de los hallazgos recientes en la temática. Es decir, aquellos que respaldan la importancia de los elementos culturales y compartidos en dicho fenómeno (Goel et al., 2023).

La influencia de lo colectivo en el suicidio de ancianos

Dentro de la teoría interpersonal del suicidio de Joiner, se pone especial énfasis en el impacto de la desconexión social en los pensamientos y comportamientos suicidas. Según esta perspectiva, la idea suicida surge como resultado de sentir que uno no pertenece y percibirse como una carga para los demás. En concordancia, el acto suicida se manifestaría en personas que han vivenciado la repetición de experiencias negativas y dolorosas en sus vidas y que, además, no contarían con un sólido sistema de apoyo que actúe como factor protector.

Dicha problemática se ve intensificada en las personas ancianas, quienes con el paso del tiempo comienzan a convivir con mayores pérdidas. De hecho, numerosas investigaciones cualitativas concuerdan en que estos enfrentan diversas situaciones de estrés social y experiencias adversas. Entre ellas la jubilación, el duelo o la ausencia de nuevas relaciones íntimas y la pérdida progresiva de habilidades cognitivas y motoras (Conejero et al., 2018).

Depresión en adultos mayores: Invisibilidad y estigma

Por otro lado, debido a la normalización de la angustia relacionada a las pérdidas y desventaja socioeconómica en la vejez, la depresión es altamente subdiagnosticada. Como consecuencia, las personas encuentran mayores barreras de expresión y acceso a servicios que puedan contribuir a su bienestar, asociado a la desvalorización de sus emociones.

desconexión social y suicidio

Lo anterior es considerado como una grave problemática, ya que la depresión se encuentra íntimamente ligada al comportamiento suicida. Y, cuando esta puede diagnosticarse, ofrece la posibilidad de influir sobre ella y buscar nuevas alternativas para apalear los sentimientos de desesperanza.

Asimismo, en relación al subdiagnóstico de las personas mayores, se encuentran menos recursos accesibles para sobrellevar las pérdidas. Y es que, al ser consideradas como propias de la edad sin asignarles valor en sí mismas, se invisibiliza el malestar. Así, se crea un círculo de retroalimentación que profundiza la invalidación de sentimientos considerados como importantes en otros grupos poblacionales, como sucede con los adolescentes y jóvenes adultos (Lima et al., 2021).

La importancia del acompañamiento en la adversidad

Uno de los factores decisivos en cambios de calidad de vida pueden ser los trastornos neurocognitivos. En este sentido, la demencia emerge como un aspecto crítico de riesgo en relación con los pensamientos y comportamientos suicidas. Un ejemplo de esta conexión es la enfermedad de Alzheimer, forma común de demencia que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Es en esta lucha constante contra la progresión de la enfermedad y la adaptación a una vida significativamente alterada donde se manifiesta el riesgo moderado de suicidio. En este sentido, las personas con alzhéimer a menudo experimentan una disminución significativa de su calidad de vida a medida que la enfermedad progresa.

Por lo tanto, resulta crucial subrayar la importancia de los sistemas de apoyo en la vida de las personas con demencia, ya que pueden desempeñar un papel determinante en la prevención del suicidio. La presencia de familiares, amigos y cuidadores comprensivos puede ayudar a contrarrestar los sentimientos de aislamiento y desesperanza, proporcionando un sentido de conexión y propósito en medio de la enfermedad (Lima et al., 2021).

Soledad y conexiones significativas en la adultez mayor

Como ha sido mencionado anteriormente, la desconexión social también juega un rol central a la hora de desarrollar pensamientos relacionados al suicidio en los ancianos. En ocasiones, la misma se debe a las barreras ambientales para la socialización y la dificultad de hallar nuevos lugares de inserción después de la jubilación.

Soledad no es estar solo

Debemos destacar que el aislamiento o desconexión social es más que simplemente estar solo. Este implica sentirse desconectado de los demás y experimentar una sensación de falta de apoyo social. Así, suele manifestarse en sentimientos de soledad, tristeza y abandono.

A contrapartida, más allá de los lugares diarios de interacción, todas las formas de conexiones sociales pueden ser importantes para revertir estas emociones. Incluyendo interacciones sociales “superficiales” como una breve conversación en la fila de la caja de un supermercado. No obstante, qué aspectos de la conectividad social son más esenciales para la salud y el bienestar varían entre las personas y el momento y la situación.

Con esto, es importante no hacer suposiciones sobre los tipos de interacciones sociales o relaciones sociales que son más significativos o importantes para una persona mayor. De esta manera, uno puede valorar conversaciones breves y positivas con un vecino, mientras que otro encuentra significado y propósito en una posición de voluntariado, y otro encuentra consuelo en relaciones familiares profundas (Van Orden et al., 2021).

Conclusión

El suicidio en ancianos es una problemática invisibilizada en muchos programas de salud mental dado que su prevalencia continúa en aumento. Por lo tanto, se torna fundamental reconocer la importancia de los factores protectores de salud mental que puedan contrarrestar las dificultades propias de esta etapa del ciclo vital. Entre ellos, se destacan las conexiones sociales y la toma de medidas para combatir el aislamiento y promover una comunidad en la que las personas mayores se sientan valoradas y conectadas.

Referencias bibliográficas

  • Conejero, I., Olié, E., Courtet, P. y Calati, R. (2018). Suicide in Older Adults: Current perspectives. Clinical Interventions in AgingVolume 13, 691-699. https://doi.org/10.2147/cia.s130670
  • Goel, D., Dennis, B. R. y McKenzie, S. (2023). Is suicide a mental health, public health or societal problem? Current Opinion in Psychiatry, 36(5), 352-359. https://doi.org/10.1097/yco.0000000000000888
  • Lima, C., De Leo, D., Ivbijaro, G. y Švab, I. (2021). Suicide prevention in older adults. Asia-pacific Psychiatry, 13(3), e12473. https://doi.org/10.1111/appy.12473
  • Van Orden, K. A., Bower, E. S., Lutz, J., Silva, C., Gallegos, A. M., Podgorski, C., Santos, E. J. y Conwell, Y. (2021). Strategies to promote social connections among older adults during “Social Distancing” Restrictions. American Journal of Geriatric Psychiatry29(8), 816-827. https://doi.org/10.1016/j.jagp.2020.05.004