Por mucho tiempo se creyó que la inteligencia humana se reducía a la capacidad para leer, escribir y resolver cálculos matemáticos. De hecho, muchas personas siguen pensando así. No es sorpresa entonces, que los test de inteligencia se basen en una parte linguística y otra lógico matemática. A partir de ello, se llega al pensamiento que domina gran parte de la sociedad. Y es que, quien es más inteligente es aquel con mayor facilidad para hacer cuentas o un gran lector que, además, escribe los más bellos y completos textos. Sin embargo, este pensamiento parece quedar obsoleto según la teoría que se utilice. Veamos un poco más de las inteligencias múltiples, según Gardner, y su relación con la discapacidad intelectual.

¿Hay solo un tipo de inteligencia?

Howard Gardner, en su libro Estructuras de la mente: Teoría de las inteligencias múltiples (Múltiple Intelligences: The Theory in Practice, 1993) afirma que hay por lo menos 8 inteligencias diferentes. Entre ellas, la linguística, lógico matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturista.

Gardner expone que el intelecto de una persona puede tener distintas aristas, algunas más fortalecidas y otras en las que aún queda por trabajar. Así, su conocida teoría de las inteligencias múltiples brinda una nueva forma de educar, asentando bases sólidas en lo que refiere a la psicopedagogía.

Inteligencias múltiples: Un amplio abanico

Inteligencias múltiples y discapacidad intelectual

El creador de la revolucionaria teoría propone que las escuelas han de fomentar el desarrollo de las ocho inteligencias mencionadas y no solo de las dos primeras (lingüística y lógico matemática).

Con esto, Gardner expone que la educación debe incentivar a los estudiantes a pensar de forma creativa y no tanto de forma memorística. Y que, para ello, habría de cambiarse la base de la metodología de enseñanza.

La clave: Enfatizar las fortalezas

La teoría de las inteligencias múltiples busca trabajar sobre las capacidades individuales, para así, facilitar al alumno alcanzar las metas en base a sus habilidades y posibilidades.

De esta manera, teniendo en cuenta las fortalezas y habilidades de cada estudiante, el objetivo es brindarle apoyo para desarrollar con más ímpetu sus puntos fuertes y mejorar, sin sobreexigir, aquellos que no lo sean tanto (Gardner, 1993).

Las disciplinas como una “esclavitud”

Nada comienza como una disciplina, comienza como pensamientos, afirma Gardner. Y es que, según el profesor, el pensamiento resulta ser el modo de expresión más eficaz que después acaba por convertirse en una disciplina, como la física, ciencia política o matemática.

Así, la idea subyacente es que en toda comunicación humana es crucial poder distinguir si en dicho intercambio existen ataduras a símbolos o disciplinas existentes, O, si por el contrario, se es capaz de expresar los pensamientos, incluso de formas poco habituales.

De este modo, evitar caer en lo que define como la “esclavitud” de alguna disciplina, es el primer paso para fomentar una educación que promueva académicos o profesionales creativos e innovadores (Chiofalo et al., 2022).

Y no solo esto, sino poder gestionar la frustración cuando no se encaja o se tiene el talento requerido para las disciplinas catalogadas como hegemónicas. Véanse las anteriormente mencionadas. Y es que, la inteligencia puede desarrollarse en distintos campos, y no necesariamente tienen que ser los aquellos prevalentemente científicos.

La inteligencia según Gardner

Para el autor, la inteligencia no debe solo limitarse al ámbito académico, pues existen una multiplicidad de estas.

Aspecto que se refleja en el hecho de que tener una buena capacidad para relacionarse con los otros, habilidades de comunicación o un gran desarrollo de empatía, no está contemplado como una aptitud dentro de los tradicionales planes de educación.

Así pues, podría decirse que la inteligencia es una capacidad desarrollable y no solo la capacidad de resolver problemas o elaborar productos valiosos para una cultura.

Una evolución continua

Con el paso de los años, como es de esperar, el concepto ha evolucionado. Pasando de ser un proceso psicológico cognitivo que consiste en usar las capacidades y habilidades para solucionar problemas, hasta la capacidad del cerebro de elegir la mejor alternativa para solventar conflictos, permitiendo así una constante adaptación al medio ambiente y a la sociedad. Y, por ende, desarrollando un continuo aprendizaje a partir de la experiencia (Ardila, 2011).

Gardner propone generar cambios en la enseñanza ofreciendo enfoques más humanistas, convirtiéndose, así, en un concepto fundamental de la psicología educativa. Un tipo de psicología de índole interdisciplinaria que se presenta como una fusión entre las ciencias psicológicas y la educación.

Así, mientras que la cara más psicológica se centraría en la investigación sobre los métodos de enseñanza y su efectividad en el aprendizaje, un perfil más psicopedagógico aplicaría a un conjunto de saberes a la educación. Entendiendo este último como un fenómeno más bien social y específicamente humano (Chura et al., 2019).

Inteligencias múltiples: Aliadas de la discapacidad intelectual

Probablemente, una de las definiciones que se encuentran en cuanto a las personas con discapacidad intelectual es que esta se trata de un déficit en el desarrollo neurológico. Caracterizado por limitaciones en el funcionamiento intelectual y el comportamiento adaptativo (Lee et al., 2022).

Ahora, cabe preguntarse entonces qué es lo que en esta definición se está considerando como “intelectual” y desde dónde se toma la falta de “adaptación”. ¿Analizamos las capacidades de cada persona con discapacidad intelectual de forma individual?

Tomemos como ejemplo a Judith Scoot, una escultora reconocida internacionalmente y persona con síndrome de Down; o Temple Gardin, mujer con autismo (TEA), pero reconocida científica por su aportación al mundo de la etología y zoología.

Sin salir de las inteligencias múltiples, hay que admitir que nadie cuenta con una capacidad plena para cada una de las ocho descritas. Así, por ejemplo, habrá quienes encuentren dificultad para los cálculos y en cambio cuenten con una habilidad innegable para lo artístico, tengan o no un diagnóstico.

Conclusión

Cada persona tiene habilidades y limitaciones. Así, lejos de generar algún tipo de frustración, lo fundamental es identificar las capacidades y observar hacia dónde apuntan. Lo que propone Gardner, según mencionado, ese nutrir las posibles debilidades, pero sobre todo focalizar las fortalezas y aquello para lo que no solo se demuestra tener facilidad, sino también pasión.

Ahora, no hay que olvidar que la idea de las inteligencias múltiples ha ganado popularidad en la educación y ha sido adoptada por algunos educadores, pero no cuenta con un respaldo sólido de la investigación científica.

Referencias bibliográficas

  • Chiofalo, M. L. M., Giudici, C. y Gardner, H. (2022). An interview with Howard Gardner: John H. and Elisabeth A. Hobbs research professor of cognition and education at the Harvard Graduate School of Education. Eurasia Journal of Mathematics, Science and Technology Education, 18(6). https://doi.org/10.29333/ejmste/12035
  • Chura, E., Huayanca, P. y Maquera, M. (2019). Bases epistemológicas que sustentan la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner en la pedagogía . Revista Innova Educación1(4), 589-598. https://doi.org/10.35622/j.rie.2019.04.012
  • Gardner, H. (1993). Multiple Intelligences: The Theory in Practice. Basic Books.
  • Lee, K., Cascella, M. y Marwaha, R. (2022). Intellectual Disability. StatPearls.
  • Verdugo Alonso, M-.A., Amor González, A-.M., Fernández Sánchez, M., Navas Macho, P. y Calvo Álvarez, I. (2018). La regulación de la inclusión educativa del alumnado con discapacidad intelectual: una reforma pendiente. Siglo Cero, 49(2), 27-58. http://hdl.handle.net/11181/5824