El LSD o ácido lisérgico dietilamida (lysergic acid diethylamide, en inglés), ha sido objeto de controversia en la sociedad desde tiempo atrás. Y es que, desde que se sintetizó por primera vez en 1938 y descubrieron sus propiedades psicoactivas en 1943, esta sustancia psicodélica ha despertado el interés de científicos y entusiastas de la mente humana. En el presente escrito, nos sumergiremos en el mundo del LSD y exploraremos los efectos de esta sustancia, beneficios potenciales y las implicaciones que tiene en el campo de la psicoterapia y la neurociencia.

¿Qué es el LSD?

Conocido también como dietilamida del ácido lisérgico, el LSD es una sustancia psicodélica que pertenece a la familia de los alucinógenos. Fue sintetizado por primera vez en la década de 1930, y se caracteriza por sus efectos potentes y altamente perceptuales en la mente y conciencia.

Asimismo, el LSD no es solo conocido por aumentar moderadamente la presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura corporal o el tamaño de la pupila, sino también por producir alteraciones sensoriales y perceptivas, como distorsiones visuales, intensificación de colores y patrones. Además de experiencias psicodélicas profundas, donde los límites entre el yo y el entorno parecen difuminarse (Hwang et al., 2022).

LSD, sustancia

¿Cuáles son algunos de sus efectos?

Cuando se consume LSD, este interactúa con los receptores de serotonina en el cerebro, alterando la percepción, pensamiento y conciencia de quien lo ingiere.

Ahora, sus efectos pueden variar significativamente, desde alucinaciones visuales intensas hasta cambios profundos en la percepción del tiempo y el espacio. De este modo, los usuarios pueden experimentar una sensación de conexión con el entorno, amplificación de emociones y pensamientos creativos.

Algunos más adversos

Sin embargo, también es importante reconocer que los efectos pueden ser impredecibles y dependen de diversos factores, como la dosis, el entorno y estado mental del individuo. Así pues, tales efectos pueden variar ampliamente de una persona a otra, ya que provoca una alteración de la actividad neuronal y un cambio en la percepción y experiencia subjetiva. Siendo algunos de los efectos adversos agudos la dificultad de concentración, dolor de cabeza, mareos, falta de apetito, boca seca, náuseas, desequilibrio y sensación de agotamiento (Baquiran et al., 2022).

Beneficios potenciales del LSD en la psiquiatría

Aunque el LSD ha sido asociado con el movimiento contracultural de los años 60 y su uso recreativo ha sido ilegal en muchos países, en las últimas décadas ha habido un resurgimiento en la investigación científica sobre sus posibles beneficios terapéuticos. Un obstáculo sorteado en vista a la detención de su investigación clínica a principios de la década de 1970, debido a la presión política tras su uso generalizado e incontrolado.

Estudios preliminares sugieren que el LSD podría tener efectos positivos en el tratamiento de trastornos como la depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y adicción. Y es que, se cree que los efectos psicodélicos pueden facilitar la introspección, resolución de conflictos emocionales y expansión de la conciencia, brindando así nuevas perspectivas y oportunidades para el crecimiento personal.

Así, lo anterior sumado a la inducción de experiencias subjetivas como éxtasis, sinestesia, alteración de la percepción y experiencias místicas, puede mejorar la empatía emocional o reducir la ansiedad característica de ciertas enfermedades graves, por ejemplo (Licheti, 2017).

Estudios que no paran de crecer

A través de la revisión de ensayos clínicos controlados y aleatorizados que investigan el uso potencial del LSD en la psiquiatría, se ha observado un posible potencial terapéutico. En consecuencia, se estima que puede ayudar a reducir la sintomatología psiquiátrica, especialmente en el tratamiento del alcoholismo, entre otros.

Ahora, a pesar de los desafíos metodológicos inherentes al diseño de estudios con esta sustancia, los resultados obtenidos hasta ahora respaldan la consideración del LSD como un agente terapéutico alentador en la psiquiatría, sin embargo, se necesitan más investigaciones (Fuentes et al., 2020).

Sin olvidar las limitaciones

La investigación científica sobre los beneficios terapéuticos de la sustancia psicodélica se encuentra en una etapa inicial y está sujeta a limitaciones significativas. Y es que, si bien durante mucho tiempo, las políticas de drogas restrictivas han dificultado la realización de estudios rigurosos y controlados, a medida que las barreras legales y sociales cambian, se ha logrado llevar a cabo exploraciones prometedoras.

De este modo, investigaciones clínicas han demostrado resultados interesantes en su uso en entornos controlados y supervisados ​​por profesionales capacitados. A pesar de ello, es necesario realizar más investigaciones para comprender plenamente los beneficios y riesgos asociados con el uso terapéutico.

La seguridad ante todo

Es fundamental abordar el uso del LSD con fines terapéuticos desde una perspectiva ética y segura. Para ello, el tratamiento con LSD debe llevarse a cabo bajo la supervisión de profesionales de la salud mental y en entornos controlados.

Pues la seguridad y el bienestar de los individuos son de suma importancia, y se deben seguir pautas estrictas para minimizar los riesgos potenciales, recordando que cada persona responde de manera única al LSD. Por lo que es esencial personalizar el tratamiento y considerar los antecedentes médicos e idoneidad individual.

Y es que, aunque no es físicamente tóxico, hay riesgos psicológicos, especialmente cuando se usa en entornos no supervisados. Con esto, hay que tener en cuenta que el LSD y otros alucinógenos se utilizan indebidamente, pero no son sustancias adictivas que conducen al consumo compulsivo de drogas o la abstinencia (Liechti, 2017).

Perspectivas futuras en el uso del LSD

En primer lugar, el resurgimiento de la investigación con psicodélicos en la actualidad plantea interrogantes sobre el futuro de tales sustancias en el ámbito médico. A pesar de haber caído en desgracia durante largo tiempo debido a su asociación con el abuso de drogas y la contracultura, un nuevo grupo de investigadores está explorándolo, especialmente en áreas como la adicción y cuidados paliativos.

Ciertamente, este renovado interés surge en un contexto social y científico diferente al de hace medio siglo, lo que puede abrir nuevas posibilidades para la investigación y aplicación clínica. Así pues, a medida que avanza el conocimiento sobre los efectos de los psicodélicos y se cuestionan las restricciones regulatorias, surge la opción de que puedan ofrecer beneficios terapéuticos innovadores (Müller y Borgwardt, 2019).

Conclusión

En resumen, el resurgimiento de la investigación con psicodélicos plantea nuevas posibilidades en el campo de la psiquiatría. Si bien se necesita más investigación para comprender plenamente su efectividad y mecanismos de acción, los psicodélicos son prometedores en áreas como la salud mental. Con un enfoque adecuado de esta herramienta importante en la neurociencia y el desarrollo de medicamentos, la investigación científica y seguridad del paciente, podrían presenciarse avances significativos en su uso.

Referencias bibliográficas

  • Baquiran, M. y Al Khalili, Y. (2022). Lysergic Acid Diethylamide Toxicity. StatPearls.
  • Dyck, E. (2015). LSD: a new treatment emerging from the past. CMAJ187(14), 1079-1080. https://doi.org/10.1503/cmaj.141358
  • Fuentes, J., Fonseca, F., Elices, M., Farré, M. y Torrens, M. (2020). Therapeutic Use of LSD in Psychiatry: A Systematic Review of Randomized-Controlled Clinical Trials. Frontiers in psychiatry10, 943. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00943
  • Hwang, K. A. J. y Saadabadi, A. (2022). Lysergic Acid Diethylamide. StatPearls.
  • Liechti, M. E. (2017). Modern Clinical Research on LSD. Neuropsychopharmacology : official publication of the American College of Neuropsychopharmacology42(11), 2114-2127. https://doi.org/10.1038/npp.2017.86
  • Müller, F. y Y Borgwardt, S. (2019). Acute effects of lysergic acid diethylamide (LSD) on resting brain function. Swiss medical weekly149, w20124. https://doi.org/10.4414/smw.2019.2012