El concepto de belleza ha intrigado a la humanidad a lo largo de la historia, trascendiendo épocas y culturas. Esta nota explora la complejidad de la percepción estética desde perspectivas históricas y neuropsicológicas. Buscamos, de esa manera, comprender cómo la noción de belleza se entrelaza con la experiencia individual, los circuitos cerebrales y su relación con la salud mental. ¿Qué sabemos acerca de la neuropsicología de la belleza?

La belleza a través de la historia

La belleza ha sido un tema de interés humano desde la antigüedad, y ha sido objeto de discusión en la filosofía, la literatura y las artes. Así, en las diferentes épocas y culturas, se la ha vinculado con distintos aspectos.

Un largo recorrido

Por ejemplo, en la antigua Grecia, la belleza se asociaba con la proporción y la simetría, mientras que en la Edad Media, se valoraba la espiritualidad y la humildad. Por otra parte, en la Edad Moderna, la belleza se ha relacionado con la originalidad y la creatividad. No obstante, estas maneras de concebir a lo que es bello de lo que no es, no podrían restringirse simplemente a una época de la historia.

Y es que, cada persona tiene una percepción de la belleza distinta que, mas allá de que esté influenciada por factores históricos, culturales y sociales, mantiene también un estrecho vínculo con su historia de vida personal, sus afectos y emociones. Y también, por último, pero no menos importante, con ciertos procesos relacionados principalmente con la neuropsicología que han sido facilitados a lo largo de su desarrollo neuronal (Jacobsen, 2010).

¿Qué nos dice el arte de la belleza?

Para empezar, podríamos decir que la historia del arte refleja los cambios en las preferencias estéticas a lo largo del tiempo. Por ejemplo, el Renacimiento italiano se caracterizó por la representación realista de la figura humana, mientras que el arte abstracto del siglo XX se centró en la exploración de formas y los colores. Además, la historia del arte también refleja diferencias culturales en la apreciación estética. Por ejemplo, el arte tradicional chino tiende a valorar la simplicidad y la elegancia, mientras que el arte africano se caracteriza por la expresividad y fuerza.

Estos dos factores, históricos y culturales, tienen una incidencia generalizada en cómo experimentamos la belleza del mundo. Pero, a su vez, se ha encontrado que la percepción de la belleza de los rostros humanos y de la belleza del arte visual activan, por momentos, regiones cerebrales diferentes. Esto sugiere, en consecuencia, que la neuropsicología de la belleza es un proceso complejo y multifacético que involucra distintos sistemas cerebrales y amplia variedad de factores tanto internos como externos al ser humano (Chuan-Peng et al., 2020).

¿Qué factores influyen en esta percepción?

Como decíamos, uno de los factores vinculados a la neuropsicología de la belleza se relaciona con la dimensión individual, como la personalidad y las emociones. Por ello, las neurociencias se han centrado en investigar los procesos cognitivos y neurales que subyacen a esta percepción. Además, se han incluido en el estudio a la actividad cerebral y los patrones de conectividad funcional.

Más de lo que imaginas

En términos generales, la neuropsicología de la belleza se asocia con la activación de áreas cerebrales relacionadas con la recompensa y las emociones. Por ejemplo, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal. Asimismo, también se la vincula con la activación de áreas cerebrales relacionadas con la percepción visual, como la corteza visual primaria y secundaria.

Ahora, el núcleo accumbens, mismamente, también se ha visto que se activa con el procesamiento de otros estímulos gratificantes, como la comida, las drogas y el dinero. Por lo tanto, no puede entenderse como una zona cerebral vinculada únicamente a la percepción de la belleza.

Y por ello, es importante destacar que, como todo proceso neuropsicológico, la percepción de la belleza no es un proceso unitario. En tanto que dicha percepción está influenciada por una multiplicidad de factores, donde cada uno de ellos activa diferentes áreas del cerebro (Rolls, 2023).

Neuropsicología y belleza facial

Entre las áreas cerebrales que se activan cuando se percibe la belleza en rostros humanos, encontramos a la corteza prefrontal de manera general. De forma mas específica, la corteza prefrontal orbitofrontal, dorsolateral y la corteza cingulada anterior.

En consecuencia, como tales regiones están involucradas en la evaluación de recompensas, la toma de decisiones y emociones, se sugiere que la apreciación de la belleza humana está relacionada con la respuesta emocional y la evaluación subjetiva de la recompensa. Pero… ¿Por qué se activan los circuitos de recompensa?

La activación de los circuitos de recompensa se la relacionan con la motivación para buscar y experimentar la belleza. Justamente, estos circuitos son responsables de la liberación de dopamina y otros neurotransmisores que producen sensaciones placenteras y de bienestar. Así, esto podría explicar por qué la experiencia es tan gratificante y atractiva para muchas personas.

Expliquemos las zonas

Como dijimos anteriormente, la percepción de la belleza implica la activación de varias áreas cerebrales, cada una contribuyendo de manera única a este proceso complejo. A continuación, describiremos el papel que tiene la corteza orbitofrontal, la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior en este fenómeno.

  • Se ha propuesto que la corteza orbitofrontal está involucrada en la evaluación de la valencia emocional de los estímulos visuales e integración de la información sensorial y emocional para producir una evaluación global de la belleza. En ese sentido, la toma de decisiones, en función de aquello que se considera bello, está mediada por la activación de dicha área cerebral (Rolls et al., 2020).
  • La corteza prefrontal dorsolateral, por su parte, se relaciona con la evaluación cognitiva de la complejidad y originalidad de los estímulos sensoriales, y con la motivación de buscar elementos considerados bellos.
  • Por último, la activación de la corteza cingulada anterior se la vincula con evaluación emocional y regulación de la respuesta emocional a los estímulos visuales. Se la relaciona, además, con la atención y la concentración de estos. Lo que, en parte, explica por qué la apreciación de la belleza a menudo se asocia con una sensación de absorción y fascinación (Cheng et al., 2020).

Neuropsicología de la belleza y salud mental: ¿Qué sabemos de su vínculo?

Neuropsicología de la belleza: trastornos en la imagen corporal

Se ha propuesto que la percepción de la belleza y los ideales de belleza socialmente prescritos están relacionados con varios trastornos clínicos que afectan la imagen corporal. Por ejemplo, con la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno dismórfico corporal.

Además, la insatisfacción con la imagen corporal también se la ha relacionado con la depresión prenatal y posparto. Y, en ese sentido, la presión para cumplir con los ideales de belleza también suele llevar a la adopción de comportamientos poco saludables para controlar el peso.

Un ejemplo de lo anterior es la restricción alimentaria y el uso de esteroides anabólicos. Por ello, para poder realizar una adecuada evaluación neuropsicológica frente a dichos cuadros, es importante tener presente la multiplicidad de factores que podrían estar influyendo en su constitución.

¿Qué regiones se activan en estos casos?

Como ya habíamos comentado, una de las áreas activadas es la corteza prefrontal. Pero además, se ha visto que la ínsula está incluida en los procesos de percepción de la imagen corporal, que implican la evaluación de la belleza del propio cuerpo. Mismamente, se ha visto que las personas con trastornos alimentarios tienen una actividad reducida en la corteza prefrontal, lo que afecta su capacidad para regular emociones y la percepción de la imagen corporal.

Por otro lado, también se reporta que la terapia cognitivo conductual es efectiva en el tratamiento de los cuadros clínicos que implican procesos implicados en la percepción de la imagen corporal. Comúnmente, este tipo de terapias es utilizada para tratar los trastornos alimentarios, pues ayuda a aumentar la actividad en la corteza prefrontal y, por tanto, mejorar la regulación emocional y la percepción de dicha imagen (Rodgers et al., 2023).

A propósito de la ínsula

La ínsula es una región del cerebro que se asocia con la conciencia corporal y la interocepción. Esta última se refiere a la capacidad de percibir las sensaciones internas del cuerpo, como la saciedad y el hambre. También, de esa manera, se ha visto que las personas con trastornos alimentarios tienen una actividad reducida de esta. Por ende, dicha reducción afectaría su capacidad para percibir las sensaciones internas del cuerpo y regular las emociones en respuesta a los estímulos relacionados con la imagen corporal (Tsukiura et al., 2013).

Conclusión

La belleza, por todo lo anterior, es un fenómeno tan subjetivo como universal y se manifiesta en la historia, el arte y la neurociencia. Más allá de su complejidad, explorar su nexo con la salud mental abre puertas a comprendernos mejor como individuos en un mundo donde la belleza permea nuestra vida cotidiana, vínculos con el mundo y personas a nuestro alrededor. Además de permitirnos entender aquellas excepciones en las que, aunque haya belleza, no se la logra percibir.

Referencias bibliográficas

  • Cheng, Q., Cui, X., Lin, J., Weng, X. y Mo, L. (2020). Neural correlates of moral goodness and moral beauty judgments. Brain Research, 1726(146534), 146534. https://doi.org/10.1016/j.brainres.2019.146534
  • Chuan-Peng, H., Huang, Y., Eickhoff, S. B., Peng, K. y Sui, J. (2020). Seeking the “beauty center” in the brain: A meta-analysis of fMRI studies of beautiful human faces and visual art. Cognitive, Affective & Behavioral Neuroscience, 20(6), 1200-1215. https://doi.org/10.3758/s13415-020-00827-z
  • Jacobsen, T. (2010). Beauty and the brain: culture, history and individual differences in aesthetic appreciation. Journal of Anatomy, 216(2), 184-191. https://doi.org/10.1111/j.1469-7580.2009.01164.x
  • Rodgers, R. F., Laveway, K., Campos, P. y de Carvalho, P. H. B. (2023). Body image as a global mental health concern. Global Mental Health (Cambridge, England), 10, e9. https://doi.org/10.1017/gmh.2023.2
  • Rolls, E. T. (2023). Emotion, motivation, decision-making, the orbitofrontal cortex, anterior cingulate cortex, and the amygdala. Brain Structure & Function, 228(5), 1201-1257. https://doi.org/10.1007/s00429-023-02644-9
  • Rolls, E. T., Cheng, W. y Feng, J. (2020). The orbitofrontal cortex: reward, emotion and depression. Brain Communications, 2(2). https://doi.org/10.1093/braincomms/fcaa196
  • Tsukiura, T., Shigemune, Y., Nouchi, R., Kambara, T. y Kawashima, R. (2013). Insular and hippocampal contributions to remembering people with an impression of bad personality. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 8(5), 515-522. https://doi.org/10.1093/scan/nss025