¿Sabías que el interés por el fuego es casi universal en los niños? De hecho, muchas veces, la provocación de incendios de tal sector se debe a la curiosidad. Sin embargo, cuando se introduce la impulsividad en este axioma, el contexto cambia. Así, la piromanía, del griego ‘pyros’, que significa fuego, y ‘manía’, obsesión, se define como la falta recurrente de abstenerse de provocar un incendio de forma impulsiva, experimentándose un nivel elevado de tensión antes y después del incendio. ¿Cuáles son los factores psicológicos y ambientales que pueden contribuir al desarrollo de la piromanía en individuos susceptibles? A continuación.

Hablemos de un caso

La paciente es una mujer de 24 años con educación universitaria y antecedentes de abuso de alcohol (en remisión) que se remitió a sí misma para el manejo de un incendio que había resultado en problemas legales. Había provocado innumerables incendios desde la infancia y continuaba teniendo impulsos, de moderados a severos, de provocar incendios todos los días cuando se presentaba en nuestra clínica.

También había sido arrestada por provocar múltiples incendios en botes de basura y fabricar y encender artefactos incendiarios. El diagnóstico de piromanía se confirmó mediante una entrevista clínica estructurada con un psiquiatra certificado por la junta, con amplia experiencia en el diagnóstico y tratamiento de trastornos del control de impulsos. No tenía antecedentes actuales o de por vida de otros trastornos psiquiátricos (Blum et al., 2018).

La piromanía como trastorno del control de impulsos

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, DSM-V, en inglés) lo incluye dentro del paraguas de los trastornos del control de impulsos. Descritos como un fracaso para resistir un impulso, tentación o impulso para realizar un acto que sea perjudicial para la otra persona o para los demás. Siendo la violación persistente de las reglas sociales y derechos del resto uno de sus indicadores principales. No obstante, la mayoría de estos comportamientos son más criminales que psiquiátricos. Y, al parecer, su concepción como diagnóstico psiquiátrico continúa siendo cuestionada.

Una larga evolución

La clasificación de la piromanía, como no puede ser de otra forma, ha ido evolucionando dentro del DSM. De hecho, si bien fue catalogada como una reacción obsesivo-compulsiva en la primera edición, se eliminó en la segunda. Cuando volvió en el DSM-III era un trastorno del control de los impulsos, categoría que ahora se ha incorporado a los trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta del DSM-V (Johnson y Netherton, 2016). Con los que comparte algunas características, además de con trastornos adictivos, como:

  • Estado de urgencia o anhelo antes de participar en el comportamiento y placer o gratificación tras ello.
  • Participación repetitiva en el comportamiento a pesar de las consecuencias negativas.
  • Disminución del control sobre el comportamiento.
  • Mayor frecuencia e intensidad del comportamiento con el tiempo (tolerancia).

A tener en cuenta

La prevalencia de la piromanía no está bien establecida, siendo un 3% de la población quienes cumplen con todos los criterios diagnósticos. Aún así, se ha reportado que se desarrolla durante la adolescencia y es más común en los hombres (Fariba et al., 2022).

Por otro lado, las tasas de prevalencia en cuanto a enfermedad mental en este cuadro varían desde alrededor del 10% al 20% a más del 60%.Sin embargo, dichos datos son de estudios que no han utilizando los criterios diagnósticos actuales (Germain y Lejoyeux, 2010).

Diferencias claves

Ahora, provocar un incendio es un comportamiento, el incendio provocado es un delito y la piromanía es un diagnóstico psiquiátrico. Veamos la descripción que Burton et al. (2012) recogieron en su estudio y de la que la psicología forense es entendida. Pues es esta rama la que puede determinar el estado de ánimo en el momento del delito, riesgo de reincidencia, idoneidad para el tratamiento y competencia para ser juzgado.

Es importante señalar que existen diferencias entre la psicología forense y la criminal, por lo que no debemos confundirlas. La psicología forense aplica la psicología en el ámbito legal, recolectando y presentando evidencia psicológica en casos judiciales. En contraste, la psicología criminal analiza las causas y consecuencias de la delincuencia, buscando prevenirla y reducirla mediante intervenciones adecuadas.

¿Son lo mismo?

Cuando los medios de comunicación transmiten una noticia sobre alguien que ha incendiado un campo. Es muy común asignarle al acto la piromanía. Sin embargo, no todos aquellos que provocan incendios tienen piromanía. Existe, para esto, una amplia variedad de factores como la escena del crimen, individuales, motivacionales y psicológicos para corrobar o descartarlo.

Comportamiento de provocar incendios

Cuando una persona provoca un incendio, hay que tener en cuenta que el inicio de este puede ser accidental (p. ej., quedarse dormido con un cigarrillo) o intencional (con o sin intención delictiva). Estos últimos no siempre constituyen un síntoma de patología psiquiátrica subyacente, ni tampoco han de ser siempre un acto delictivo. Por otro lado, es importante tener en cuenta que el desencadenamiento patológico no es patognomónico de piromanía y no siempre equivale a un incendio provocado.

Piromanía: Un impulso por el fuego

Delito de incendio provocado

El incendio provocado es un acto delictivo en el que alguien, de forma intencional y maliciosa, prende fuego o ayuda a prender fuego a una estructura, vivienda o propiedad de otra persona.

Diagnóstico de piromanía

Las personas con piromanía se involucran en incendios intencionales y patológicos, pero no siempre cometen el delito de incendio provocado. En este caso, el fin último es de placer o gratificación.

La característica distintiva, además de la fascinación por el fuego, que el hecho de prenderlo no está en el contexto de la ira, venganza, mejora de las condiciones de vida o entretenimiento, entre otros. Además, este cuadro no se explica mejor por un trastorno de la conducta, manía o trastorno de personalidad antisocial o límite ni bajo la influencia de una sustancia.

¿Cuál es el tratamiento de la piromanía?

El tratamiento está orientado tanto la farmacoterapia como la psicoterapia. En esta primera, se han propuesto tratamientos con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, medicamentos antiepilépticos, litio, antiandrógenos o antipsicóticos atípicos.

Y, en cuanto a lo último, la terapia cognitivo-conductual (una combinación de estímulos aversivos y refuerzos positivos, sustitución de comportamiento alternativo, procedimientos para saciedad del estímulo y programas complejos de refuerzo), asesoramiento y programas de tratamiento diurno que variarán según la presencia o no de condiciones psiquiátricas comórbidas (Germain y Lejoyeux, 2010).

Con esto, las estrategias destacadas que han demostrado valor terapéutico consisten en reducir el refuerzo positivo de la conducta indeseable y fomentar la conducta prosocial. En caso de que la persona anunciara su intención de provocar un incendio, los psiquiatras y psicólogos han de advertir y proteger a terceros de los posibles daños tras una evaluación de riesgos.

Conclusión

A pesar de que el surgimiento de la psiquiatría moderna, en torno a 1800, ya prestó atención a tal condición, a día de hoy, este tipo de psicopatología desinhibida aún está en sus inicios. Denominada como locura moral, las personas con piromanía eran condenadas a pena de muerte al comienzo del siglo XIX incluso en circunstancias atenuantes.

No fue hasta finales del siglo XX cuando quienes provocaban incendios fueron hospitalizados. Sin embargo, no con el propósito principal de tratarlos, sino con el fin de mantener a la sociedad segura. De lo que podemos inferir la escasez de estudios sobre el tratamiento y precariedad de escalas o evaluaciones.

Referencias bibliográficas

  • Blum, A. W., Odlaug, B. L. y Grant, J. E. (2018). Cognitive inflexibility in a young woman with pyromania. Journal of behavioral addictions7(1), 189-191. https://doi.org/10.1556/2006.7.2018.09
  • Burton, P. R., McNiel, D. E. y Binder, R. L. (2012). Firesetting, arson, pyromania, and the forensic mental health expert. The journal of the American Academy of Psychiatry and the Law40(3), 355-365.
  • Dalhuisen L. (2018). Pyromania in court: Legal insanity versus culpability in Western Europe and the Netherlands (1800-1950). International journal of law and psychiatry58, 36-47. https://doi.org/10.1016/j.ijlp.2018.02.009
  • Fariba K. A. y Gokarakonda, S. B. (8 de mayo de 2022). Impulse Control Disorders. StatPearls Publishing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK562279/
  • Germain, C. y Lejoyeux, M. (2010). Pyromania: Clinical Aspects. En E. Aboujaoude y L. M. Koran (Eds.), Impulse Control Disorders (1.a ed., pp. 255-268). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511711930.024
  • Johnson, R. S. y Netherton, E. (2016). Fire Setting and the Impulse-Control Disorder of Pyromania. American Journal of Psychiatry Residents’ Journal11(7), 14-16. https://doi.org/10.1176/appi.ajp-rj.2016.110707