Colectivizar las prácticas de salud mental, desmanicomializar la atención y alejarnos del modelo singular-restrictivo del malestar psíquico. Idea que parte de una transformación del marco conceptual de la psicología, conocido como psicología comunitaria. Con raíces en epistemologías latinoamericanas, la llamada salud mental comunitaria inaugura procesos de reforma abocados a un paradigma de atención primaria en salud. Así, esta nueva rama va de la mano con las prácticas de apoyo psicosocial y el modelo de promoción y prevención en salud. Conquistando diversos terrenos y modalidades de intervención. ¿De qué trata la salud mental comunitaria? ¿Cómo podemos pensar en la salud mental por fuera de las lógicas patologizantes individuales?

Salud mental comunitaria: El modelo latinoamericano de abordaje

Desde mediados del siglo XX, ha surgido un enfoque transformador en la esfera de la salud mental a nivel internacional, con énfasis en América Latina. Este enfoque se centra en la transición desde sistemas manicomiales hacia una atención enfocada a los abordajes comunitarios con las personas, en oposición de un posicionamiento pasivo de estas.

salud mental comunitaria

Una transformación que implica cierta expansión de la atención hacia diversos dispositivos de involucramiento cotidiano y cambios en la estructura de los servicios. Asimismo, dicha perspectiva integra la Atención Primaria en Salud (APS) con prácticas de prevención y promoción de la salud mental.

Una transformación necesaria

Desde un punto de vista integral, la APS se concibe como una estrategia que busca reorganizar los sistemas de salud en un enfoque universalista, apoyándose en un enfoque de derechos. Así, es contraria a los enfoques tradicionales de atención a la patología instalada y la rehabilitación individual. Pues busca promover prácticas de bienestar integral a modo de promoción y prevención en salud (Bang, 2014).

La salud mental desde una perspectiva amplia

El enfoque biomédico de atención tradicionalmente ha enfocado la salud mental desde una perspectiva individual. De esta forma, se basaba en la identificación de diagnósticos psicopatológicos. Para esto, las cuestiones relacionadas con la salud mental han sido definidas en términos de epidemiología y clínica psiquiátrica, que se soportan en clasificaciones estáticas centradas en la noción central de trastorno mental.

Ahora, lo anterior, ha sido criticado por la salud mental comunitaria. Especialmente, debido a la exclusión de la experiencia subjetiva del sufrimiento y la relevancia de la compleja trama sociohistórica y cultural en la que se enmarca dicho sufrimiento. En este sentido, dicha corriente de pensamiento destaca como esencial incorporar lo diverso, lo histórico y lo colectivo en la interpretación de los sufrimientos de una época.

Aspectos que, situados históricamente, emergerían de problemáticas vividas de manera colectiva y con un correlato en el tejido social. En consecuencia, la perspectiva iría más allá del abordaje puramente individual. Reconociendo, además, la interconexión con el entorno social (Bang, 2021).

Más allá de las categorías diagnósticas

Una comprensión integral y profunda del sufrimiento humano no solo permite adoptar una perspectiva más subjetiva en el tratamiento de los trastornos mentales clasificables, sino que también se torna posible identificar una amplia gama de situaciones que generan un alto grado de sufrimiento subjetivo.

Sin necesariamente caer en la categoría de psicopatología. En este sentido, nos referimos a situaciones complejas y multidimensionales, individuales o colectivas.

Juntos se es más

De este modo, se conciben los abordajes en salud mental como algo integral, complejo y situado que deben prever la habilidad de los personas para experimentar amor, aprender, ejercer la creatividad, desempeñarse laboralmente, superar momentos de crisis y conflictos, y vivir en con otros. Asimismo, se considera la capacidad de los individuos para otorgar significado a su propia vida sostenido en un entorno relacional, siempre en compañía de otros (Parra, 2015).

La participación como agente promotor de salud mental

En el paradigma de la salud mental comunitaria, la participación activa constituye un pilar esencial para la transformación social. Así, se enfatiza la importancia de abordar las problemáticas desde una ética de la autonomía y co-construcción de los saberes. Este enfoque implica la colaboración de todos los actores involucrados en la construcción de herramientas para abordar diversas situaciones.

Así, en contraste con la dependencia y el autoritarismo, la ética de la autonomía promueve la libertad y la formación de nuevas identidades, siendo un objetivo en constante evolución. Por ello, la salud mental comunitaria propone un enfoque metodológico flexible que reconoce la posibilidad de ajustar el proceso a medida que se interactúa con otros actores comunitarios (Montero, 2004; Rebellato y Gimenez, 1997).

Recursos a favor de la salud

promoción y prevención en salud

La salud mental comunitaria incluye estrategias de intervención que nacen desde la creatividad, siendo estos medios para la promoción del bienestar integral de las personas. Por su forma de ejecución, especialmente las experiencias lúdicas tienen un gran potencial en la promoción de la salud mental.

Creatividad, juego y encuentro

A modo de ejemplo, en ocasiones de eventos callejeros se crea un entorno caracterizado por el cuidado, la posibilidad de encuentro, la alegría y las conexiones. Esto permite que los miembros de la comunidad se conozcan en un contexto diferente, compartiendo desde un lugar relajado que genera una sensación de comodidad.

Por otro lado, resulta importante destacar que estas estrategias surgen a partir de la necesidad de encontrar una actividad sencilla, fácil de replicar y lo suficientemente inclusiva para que todos se sientan bienvenidos a participar en los espacios públicos. En dicho sentido, la salud mental comunitaria destaca por su formato accesible. Y, para ello, se utilizan herramientas accesibles que promueven el involucramiento de todos los actores de la comunidad (Bang, 2011).

Conclusión

Pensar en la salud mental desde procesos participativos y complejos, implica un enfoque integral de derechos. Con esto, más allá de la categorización del sufrimiento, la salud en clave de prevención y promoción positiva constituye un enfoque prometedor que ha demostrado contribuir al bienestar general de las comunidades. Factor que implica participar, apropiarse de espacios de representación, jugar, crear y expresar siempre en compañía de otros con quienes construir nuevos significados y perspectivas de las experiencias vitales.

Referencias bibliográficas

  • Bang, C. (2011). Prácticas participativas que utilizan arte, creatividad y juego en el espacio público: Un estudio exploratorio desde la perspectiva de Atención Primaria de Salud integral con enfoque en salud mental. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires (Ed.), XVIII Anuario de Investigaciones (pp. 331- 338).
  • Bang, C. (2014). Estrategias comunitarias en promoción de salud mental: Construyendo una trama conceptual para el abordaje de problemáticas psicosociales complejas. Psicoperspectivas13(2). https://doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol13-issue2-fulltext-399
  • Bang, C. (2021). Abordajes comunitarios en salud mental en el primer nivel de atención: conceptos y prácticas desde una perspectiva integral. Revista Colombiana de Ciencias Sociales12(2), 778. https://doi.org/10.21501/22161201.3616
  • Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria: Desarrollo, conceptos y procesos. Paidós.
  • Parra, M. A. (2015). Articulación entre el trabajo clínico y la perspectiva comunitaria: un desafío actual para la salud mental en el contexto de la atención primaria de la salud. Revista Facultad Nacional de Salud Pública34(1). https://doi.org/10.17533/udea.rfnsp.v34n1a04
  • Rebellato, J. y Giménez, L. (1997). Ética de la autonomía. Desde la práctica de la Psicología con las Comunidades. Roca Viva.