Definimos la teoría de la mente como la capacidad de atribuir estados mentales tales como intenciones, creencias, deseos y emociones sobre uno mismo y sobre otros. Relacionado con esto, una de las características claves de los trastornos del espectro autista (TEA) está en la dificultad para interpretar las intenciones comunicativas de los interlocutores. Además de la poca o nula interacción comunicativa de la persona. Consecuencia de una clara disfunción orgánico-cerebral. Esta discapacidad del desarrollo se manifiesta también por medio de conductas repetitivas o intereses restrictivos. Sin embargo, aunque la literatura psicológica está llena de artículos de este relación, otras abogan por la necesidad de una reevaluación oportuna y exhaustiva de la hipótesis del déficit de la teoría de la mente y el autismo. Veamos un poco más la relación entre la teoría de la mente y el TEA.

¿Dónde empezó su estudio?

Investigaciones con chimpancés

Teoría de la mente y TEA

El estudio de la teoría de la mente comenzó a finales de los años 70 con pruebas experimentales en el campo de la cognición animal, gracias a la investigación de Premack y Wiisdruff (1978).

Su estudio, titulado Does the chimpanzee have a theory of mind?, buscaba saber si estos mamíferos eran capaces de interpretar el comportamiento humano y atribuirse estados mentales.

A pesar del debate, la investigación posterior en chimpancés no apoyó una teoría de la mente en primates, pero el estudio generó una gran curiosidad en los psicólogos del desarrollo sobre el significado de tener cierta comprensión de los estados mentales de otros.

Niveles de razonamiento de la teoría de la mente

Esto empezó a indagarse en el autismo a partir de uno de los artículos pioneros que relacionaron la teoría de la mente y el TEA, donde Baron-Cohen et al. (1985) trataron de explicar el por qué del deterioro social. Creían que la incapacidad de atribuir estados mentales, como deseos y creencias a uno y a otros, explicaba la incapacidad social y comunicacional.

Con el fin de poder estudiar este aspecto, desde los años 80 fueron desarrolladas actividades y tareas con el fin entenderlo más a fondo (quizás la más conocida sea el paradigma de falsa creencia). De esta forma, se estipularon los llamados niveles de razonamiento de la teoría de la mente:

  • Orden cero, no se posee deseos ni creencias y se responde a los estímulos o eventos del ambiente en forma refleja.
  • Nivel de primer orden, el agente posee creencias y deseos, pero no tiene creencias acerca de las creencias de los otros y puede reaccionar porque él cree que se encuentra ante algún evento, o desea que los otros hagan determinada acción.
  • Nivel de segundo orden, se poseen estados mentales acerca de los estados mentales de los otros, y se realiza una acción porque se desea que el otro crea que ocurrirá determinado acontecimiento
  • De tercer orden, el agente posee estados mentales acerca de los estados mentales que los otros tendrían del estado mental de él; en este último nivel, el agente realiza determinada acción porque desea que el otro crea que él tiene determinado deseo o creencia (Araya et al., 2009).

Teoría de la mente y TEA: Un debate abierto

La mayoría de nosotros tenemos una teoría mental en la que podemos adivinar lo que otros están pensando y cómo eso podría diferir de lo que estamos pensando. Las personas con autismo no pueden imaginar lo que otros podrían estar pensando, o incluso lo que otros están pensando. Para ellos, sería como mirar los faros de un coche para determinar por qué el coche acaba de hacer lo que hizo, o qué información está tratando de transmitirnos (Horton et al., 2011).

En la literatura, encontramos que existe una controversia en cuanto a la presencia o no de la teoría de la mente en personas con TEA.

Desde tiempo atrás, se ha determinado que una persona con TEA es incapaz de representar estados mentales o entender y predecir el comportamiento, incluso cuando es adquirido el nivel apropiado de verbalizacion y desarrollo cognitivo (Baron-Cohen et al., 1985). 

De hecho, una teoría de la mente atípica es considerada característica clínicamente relevante para esta condición.

Según Baron-Cohen et al. (2001) este déficit podría traer aparejado dificultades en los procesos metacognitivos y diferentes patrones de conceptualización y pensamiento. Aspecto que implica una toma de perspectivas y visión del mundo diferente, desarrollando con esto el sentido de uno mismo. 

Ahora, hay evidencia empírica que no apoya la afirmación de que las personas con TEA estén universalmente afectadas en las tareas de teoría de la mente. Y que, por ende, esta teoría falla en su especificidad, universalidad, replicabilidad, validez convergente y validez predictiva (Gernsbacher y Yergeau, 2019).

Críticas a la teoría de la mente

Como se ha mencionado, entre los fallos más destacados de la teoría formulada, se encuentra el que la falta de teoría de la mente no es específica para las personas con TEA.

De hecho, el fracaso de las tareas de falsa creencia también lo tienen niños con problemas de lenguaje específico o síndrome de Down, entre otros. Y, además, esto variaría según aspectos como la cultura y condiciones socioeconómicas, por ejemplo.

Por otro lado, se ha informado de repetidos fracasos de convergencia que cuestionan la validez de las tareas para evaluar la teoría de la mente.

Así mismo, si las tareas de teoría de la mente son la base para el compromiso social, entonces el rendimiento en tales tareas debería predecir la función socioemocional. Sin embargo, numerosos estudios documentan fallos de predicción (Gernsbacher y Yergeau, 2019). 

Con esto, ni la edad a la que emerge la teoría de la mente o los eventos que la presagian son corroborados.

Más enfocado al sector de adultos, se ha reportado la existencia de limitaciones metodológicas en la investigación de la teoría para dicho sector que podría estar limitando el poder explicativo de los síntomas del TEA y su manejo (Livingston et al., 2019).

Conclusión

El estudio de la teoría de la mente ha sido desarrollado por más de tres décadas tanto en animales como seres humanos sanos, con psicopatología o en distintos periodos evolutivos. Y, aún así, la discusión sigue vigente en su razonamiento.

Este tema resulta de importancia ya que, aunque no hay suficiente evidencia empírica acerca de la eficacia de las intervenciones para el desarrollo de la teoría, nos permite contar con mayor conocimiento de cara a mejores intervenciones en el futuro.

Especialmente, en lo que se refiere a una mayor comprensión de la complejidad de la teoría y el rol de su funcionamiento social.

Referencias bibliográficas

  • Araya, K., Araya, C., Chaigneau, S., Martinez, L. y Castillo Guevara, R. (2009). The influence of controlled processes reasoning with Theory of Mind (ToM) in children with and without intellectual disabilities. Revista Latinoamericana de Psicología, 41(2), 197-211. http://hdl.handle.net/11181/4374
  • Baron-Cohen, S., Leslie, A. M. y Frith, U. (1985). Does the autistic child have a “Theory of mind”? Cognition, 21(1), 37-46. Doi: 10.1016/0010-0277(85)90022-8.
  • Baron- Cohen, S., Bowen, D. C., Holt, R. J., Allison, C., Auyeung, B., Lombardo, M. V., Smith, P. y Lai, M. (2001). The “reading the mind in the eyes” test revised version: A study with normal adults, and adults with Asperger Syndrome or High-functioning Autism. The journal of Child Psychology and Psychiatry and applied disciplines, 241-251. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0136521
  • Gernsbacher, M. A. y Yergeau, M. (2019). Empirical Failures of the Claim That Autistic People Lack a Theory of Mind. Archives of scientific psychology7(1), 102-118. https://doi.org/10.1037/arc0000067
  • Horton Jr, A. M., Noggle, C. A. y Dean, R. S. (2011). The encyclopedia of neuropsychological disorders. Springer Publishing Company.
  • Livingston, L. A., Carr, B. y Shah, P. (2019). Recent Advances and New Directions in Measuring Theory of Mind in Autistic Adults. Journal of autism and developmental disorders49(4), 1738–1744. https://doi.org/10.1007/s10803-018-3823-3