La relación entre la esquizofrenia y el arte ha despertado un interés sostenido en el ámbito clínico y teórico desde hace más de un siglo. Lejos de reducirse a meras manifestaciones sintomáticas, las obras producidas por personas con este diagnóstico expresan modos singulares de pensar, percibir y habitar la experiencia. En ellas se articulan la fragmentación y búsqueda de sentido, la desorganización y necesidad de forma, así como los diversos intentos de simbolización frente a un mundo vivido, en ocasiones, como caótico o invasivo. Desde esta perspectiva, lo creativo puede funcionar como un recurso para sostener. En esta nota, se revisan aportes de múltiples disciplinas con el objetivo de comprender de manera más precisa el vínculo entre esquizofrenia y arte.

De lo clínico a lo simbólico

arte y esquizofrenia y creatividad

Las primeras aproximaciones al “arte psicótico” surgieron a comienzos del siglo XX, un período clave en la historia de la psiquiatría. En esos años, Eugen Bleuler, psiquiatra suizo, introdujo el término esquizofrenia para reemplazar la antigua categoría de dementia praecox. Su propuesta implicó un cambio decisivo. Ya no se entendía como un deterioro inevitable, sino como un trastorno caracterizado por la fragmentación del pensamiento, la afectividad y la percepción.

En ese sentido, Bleuler destacó procesos como el retraimiento emocional, el aplanamiento afectivo y las alteraciones en la asociación de ideas. Más tarde, las descripciones fenomenológicas sumaron elementos sobre la vivencia corporal, la temporalidad y la pérdida de familiaridad con la realidad.

Más que signos: Una ventana al mundo subjetivo

Todo ello modificó la forma en que se interpretaban las producciones artísticas de quienes convivían con el cuadro. Con esta nueva mirada, los clínicos comenzaron a observar las obras más allá de su utilidad diagnóstica.

Al inicio se interpretaban solo como signos clínicos. Sin embargo, con el tiempo se reconoció que transmitían perspectivas internas difíciles de verbalizar. Lo anterior llevó a reconsiderar su valor expresivo y no solo clínico.

El aporte del psicoanálisis y la fenomenología

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Por su parte, Sigmund Freud, más conocido como el padre del psicoanálisis, señaló que toda obra de arte es simbólica. En ella se despliega una constelación afectiva ligada al mundo interno del creador. Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés, amplió esta idea. Propuso que este proceso podría bordear un vacío estructural y, en la esquizofrenia, funcionar como sinthome. Es decir, un punto de sostén subjetivo cuando la estructura psíquica, la manera en que cada sujeto se organiza inconscientemente para dar sentido a su vivencia, presenta fallas (Castillo Munguía, 2020).

Por otro lado, la fenomenología, una corriente filosófica y metodológica que se centra en describir la realidad tal como es vivida por la persona sin imponer categorías previas ni explicaciones externas, ofrece otra lectura. El arte como terapia reconstruye experiencias corporales, temporales y espaciales, brindando estabilidad, sentido de hogar y nuevas formas de agencia en la sociedad.

Creatividad y sufrimiento psíquico hoy

Estudios recientes amplían esta comprensión. Los artistas describen la creatividad como un fenómeno ambivalente. Si bien suele generar bienestar y flujo creativo, también expone sufrimiento y conflicto interno.

Muchos participantes señalan que el proceso artístico les permite recuperar cierto control subjetivo. Otros lo viven como una manera de organizar experiencias confusas o invasivas, un intento de traducir lo indecible. Tales relatos subrayan que la creatividad no es un rasgo excepcional, sino un modo de tramitar la propia vivencia. En psicoanálisis, se vincula con la sublimación: transformar tensiones en expresiones con contorno y sentido.

El arte como forma de habitar

En este contexto, los talleres artísticos ayudan a recuperar continuidad temporal, estabilidad corporal y presencia en el mundo. Lo anterior, puesto que no solo organiza la vivencia interna, sino que a la vez fortalece la sensación de pertenencia y vínculo con los otros, elementos que suelen afectarse profundamente en la esquizofrenia (Mitchell y Meehan, 2022).

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Art.com. (s.f.). Ilustración de gato antropomorfizado por Louis Wain [Imagen]. https://www.art.com/gallery/id–a9800/louis-wain-posters.htm

Siguiendo esa línea, las investigaciones actuales advierten sobre un riesgo frecuente: idealizar el “genio loco” o reducir toda producción a la patología. La relación entre la esquizofrenia y el arte es compleja y multifacética. Implica sufrimiento, alivio, esfuerzo y búsqueda de sentido. De hecho, así lo caracterizan los relatos de los propios artistas (Boumans, 2024).

Louis Wain: Un caso paradigmático

Para poder ponerlo en términos reales, el artista inglés es un referente para estudiar esta relación. Sus gatos antropomorfizados cambiaron de manera notable con el avance de su enfermedad. Sus obras exhiben fragmentación progresiva y desorganización yoica. Reflejan cómo la psicosis impacta en la percepción y en la producción creativa.

Sus producciones se asocian al “art brut”, es decir, surgen por fuera de las normas estéticas. Entonces, funcionan como invenciones subjetivas más que como obras destinadas al público. En Wain, los cambios en color y forma revelan tensiones entre lo real, lo imaginario y lo simbólico. Aun más, manifiesta su esfuerzo por mantener un modo de estar en el mundo (Castillo Munguía y Loss Jardim, 2020).

Conclusión

En conjunto, la relación entre esquizofrenia y arte muestra que la creación funciona como un espacio de expresión, organización y anclaje subjetivo. Las obras producidas en este contexto no son simples manifestaciones clínicas, sino intentos genuinos de simbolizar experiencias internas que a menudo carecen de palabras. Desde las distintas perspectivas, se evidencia que el arte ofrece una vía para construir sentido y generar continuidad en un cuadro donde la vivencia del yo y del mundo podría volverse fragmentada o inestable.

Así pues, las producciones artísticas revelan esfuerzos por ordenar la experiencia, tramitar el sufrimiento y mantener la identidad en medio de la desorganización. Surge entonces una pregunta clave: ¿cómo integrar estas obras y la creatividad en la práctica clínica sin reducir al artista a su diagnóstico? Explorar dichas posibilidades podría abrir nuevas formas de acompañamiento y ampliar nuestra comprensión de la subjetividad en la esquizofrenia.

Referencias bibliográficas

  • Boumans, J., Oderwald, A. y Kroon, H. (2024). Self-perceived relations between artistic creativity and mental illness: a study into lived experiences. Frontiers in Public Health12, 1353757.  https://doi.org/10.3389/fpubh.2024.1353757
  • Castillo Munguía, A. P. y Loss Jardim, L. (2020). El lienzo de un esquizofrénico: el arte como relato subjetivo. En-claves del pensamiento14(27), 59-86.
  • Mitchell, J. y Meehan, T. (2022). How art-as-therapy supports participants with a diagnosis of schizophrenia: A phenomenological lifeworld investigation. The Arts in Psychotherapy, 80, 101917. https://doi.org/10.1016/j.aip.2022.101917