El proceso de toma de decisiones no siempre se guía por la lógica o el beneficio presente. Por el contrario, con frecuencia está teñida por el pasado, aun cuando la evidencia señala que seguir adelante profundiza el malestar. A este patrón se le conoce como falacia del costo hundido, un fenómeno que describe la tendencia humana a perseverar en cursos de acción ineficaces simplemente porque ya se dedicaron recursos irrecuperables. Aunque suele mencionarse en economía, dicho fenómeno tiene un trasfondo psicológico: involucra mecanismos emocionales, creencias sobre el valor personal y formas particulares de evitar el malestar asociado a reconocer un error. En la siguiente nota, exploramos su funcionamiento, fundamentos teóricos e implicancias para la práctica clínica, especialmente en relación con la adherencia terapéutica.

¿Por qué seguir cuesta menos que soltar?

falacia del costo hundido y toma de decisiones

La falacia del costo hundido surge cuando la inversión previa se transforma en un criterio para continuar, incluso cuando las condiciones actuales ya no ofrecen beneficios claros. Desde una perspectiva racional, aquello que ya no podría recuperar no debería influir en la elección presente.

Sin embargo, abandonar algo que requirió esfuerzo suele activar emociones intensas como culpa, frustración o vergüenza, que impulsan a seguir adelante con la esperanza de que “todavía puede funcionar”. A nivel psicológico, este modo de razonar no responde solo a una distorsión cognitiva, sino también a un intento emocional de evitar la sensación de pérdida. Perder lo invertido se vive como más doloroso que asumir una nueva dirección (Sweis, 2018).

Cuando la inversión pasada toma el volante

Siguiendo esa línea, la fortaleza del sesgo cognitivo aumenta cuanto más tiempo, esfuerzo o recursos se dedicaron. De esta manera, elegir no continuar más parece equivaler a “tirar todo por la borda”, cuando en realidad seguir suele generar pérdidas mayores. En contextos de incertidumbre, la inversión pasada opera como una justificación psicológica: si se ha llegado “tan lejos”, resulta tentador pensar que insistir será finalmente redituable (Tian, 2024).

Así pues, la lógica emocional que sostiene en gran parte el costo hundido se explica por la función afectiva que cumple la persistencia. Continuar evita la disonancia cognitiva que aparece al admitir que quizás la elección inicial fue equivocada y permite sostener la ilusión de control.

El costo de romper la propia narrativa

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Adicionalmente, las personas buscan mantener coherencia interna: dejar un proyecto, relación o conducta podría vivirse como una ruptura con la historia personal, alimentando la sensación de fracaso. La falacia, entonces, opera como un mecanismo que protege momentáneamente la autoestima, aunque a largo plazo promueva la toma de decisiones ineficientes o dañinas (Arkes y Blumer, 1985).

A través de ello, las personas tienden a sobreestimar la probabilidad de que sus acciones finalmente “den fruto”, incluso cuando la evidencia disponible en la actualidad indica lo contrario. La necesidad de coherencia interna y la aversión a la pérdida forman una combinación que moldea la interpretación del presente en función del pasado.

El sesgo también entra al consultorio

En el ámbito clínico, dicha falacia aparece cuando los pacientes se aferran a comportamientos que ya demostraron ser perjudiciales, solo porque dedicaron años a sostenerlos. Incluso se manifiesta en la permanencia en tratamientos poco efectivos o en la resistencia a probar nuevas intervenciones que requieren actualizar estrategias previas (Sweis, 2018).

En estos casos, el sesgo afecta la adherencia: algunas personas continúan con rutinas que refuerzan su malestar, mientras que otras abandonan intervenciones beneficiosas por la incomodidad que generan los cambios necesarios. De forma paralela, la persistencia en vínculos disfuncionales, empleos desgastantes o hábitos que ya no aportan bienestar responde también, en parte, a esta lógica (Ronayne, 2021).

Renunciar como acto de cuidado y realineación

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Siguiendo esta línea, identificar dicho patrón permite intervenir sobre los significados asociados a abandonar. La renuncia suele vivirse como fracaso, pero además podría pensarse como un acto de autocuidado y reajuste.

Trabajar con la culpa, la autoexigencia o el temor a la incoherencia facilita la toma de decisiones más flexibles y alineadas con su bienestar. Tal perspectiva coincide con planteamientos recientes que vinculan el costo hundido con normas sociales y expectativas interpersonales que dificultan soltar a tiempo (Wang, 2024).

Reescribir la narrativa del esfuerzo

Para concluir, la falacia del costo hundido no es simplemente un error de razonamiento económico, sino un patrón psicológico donde emociones, expectativas y narrativas personales moldean decisiones que idealmente deberían basarse en el presente. En el campo clínico, reconocer su impacto abre oportunidades para mejorar la adherencia terapéutica, flexibilizar la toma de decisiones y favorecer procesos de cambio más saludables.

Surge entonces una pregunta central: ¿Cómo ayudar a las personas a cambiar de camino sin que ello active culpa o amenaza a la identidad? Explorar estrategias que integren psicoeducación, regulación emocional y reencuadre narrativo podría transformar la manera en que la psicología acompaña los procesos de decisión. Comprender el costo hundido no solo ilumina nuestras elecciones pasadas, sino que también permite abrir espacio para decisiones más libres y ajustadas al bienestar actual.

Referencias bibliográficas

  • Arkes, H. R. y Blumer, C. (1985). The psychology of sunk cost. Organizational behavior and human decision processes35(1), 124-140. https://doi.org/10.1016/0749-5978(85)90049-4
  • Ronayne, D., Sgroi, D. y Tuckwell, A. (2021). Evaluating the sunk cost effect. Journal of Economic Behavior & Organization186, 318-327. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2021.03.029
  • Tian, X., Jiang, B., Pang, K. W., Du, Y., Jin, Y. y Wang, S. (2024). A Revisit to Sunk Cost Fallacy for Two-Stage Stochastic Binary Decision Making. Mathematics12(10), 1557.  https://doi.org/10.3390/math12101557
  • Sweis, B. M., Abram, S. V., Schmidt, B. J., Seeland, K. D., MacDonald III, A. W., Thomas, M. J. y Redish, A. D. (2018). Sensitivity to “sunk costs” in mice, rats, and humans. Science361(6398), 178-181.  https://doi.org/10.1126/science.aar8644
  • Wang, C., Wormwood, J. y Bicchieri, C. (2024). The Social Fabric of Sunk Costs: The Role of Social Norms in the Sunk Cost Fallacy. Available at SSRN 5066372. http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.5066372