La relación entre incertidumbre y ansiedad aparece con especial claridad cuando faltan datos suficientes para anticipar qué ocurrirá. En algunos casos, la falta de certeza mantiene la vigilancia, favorece la preocupación y dificulta reconocer señales de seguridad. Esta respuesta se vincula con la intolerancia a la incertidumbre, un proceso transdiagnóstico estudiado en distintos problemas emocionales. Entonces, ¿por qué la falta de certeza puede mantener la ansiedad incluso cuando no existe una amenaza inmediata?
Cuando no saber se vuelve difícil de tolerar

La intolerancia a la incertidumbre describe la dificultad para soportar respuestas aversivas provocadas por información insuficiente, ambigua o ausente. La incertidumbre, en sí misma, resulta desagradable para muchas personas. Sin embargo, existen diferencias importantes en la manera de interpretarla y responder ante ella (Allan et al., 2023).
Cuando falta información, también disminuye la capacidad de anticipar acontecimientos futuros. Esto dificulta prepararse para posibles resultados y favorece un aumento de la ansiedad. Las personas con elevada intolerancia tienden a responder de manera más problemática ante numerosos contextos inciertos.
Un proceso más amplio que un diagnóstico
La intolerancia a la incertidumbre se considera un proceso transdiagnóstico. Esto significa que no pertenece exclusivamente a un trastorno específico. Se han observado asociaciones con ansiedad generalizada, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad social y otros problemas psicológicos.
Desde esta perspectiva, estudiar incertidumbre y ansiedad permite ir más allá de las categorías diagnósticas. El foco se desplaza hacia procesos que atraviesan diferentes manifestaciones clínicas. Entre ellos aparecen la búsqueda de certeza, la evitación y la dificultad para actualizar información sobre amenazas.
También se distinguen dos componentes de la intolerancia a la incertidumbre. La dimensión prospectiva refleja deseo de predictibilidad y búsqueda activa de certeza. La dimensión inhibitoria refiere a una paralización cognitiva o conductual frente a situaciones inciertas (Morriss et al., 2021).
¿Qué ocurre cuando un peligro deja de serlo?
Una forma de estudiar estos procesos consiste en observar cómo las personas aprenden que una señal previamente amenazante ya no representa peligro. Este proceso se conoce como extinción de amenaza y constituye una base importante de las terapias de exposición.
Durante ese aprendizaje, una señal previamente asociada con algo aversivo comienza a presentarse sin la consecuencia negativa esperada. Gradualmente, deberían formarse nuevas asociaciones de seguridad. Sin embargo, la incertidumbre sobre ese cambio puede retrasar este aprendizaje.
Evidencia de 18 experimentos

Un metaanálisis reunió 18 experimentos realizados en diferentes laboratorios, con una muestra total de 1.006 participantes. El objetivo fue analizar la relación entre intolerancia a la incertidumbre y aprendizaje de extinción. También se compararon diferentes medidas del constructo y de ansiedad rasgo.
Los investigadores utilizaron la respuesta de conductancia de la piel como indicador fisiológico. Los resultados mostraron asociaciones entre mayor intolerancia a la incertidumbre y respuestas persistentes ante señales que previamente resultaban amenazantes. Estas relaciones aparecieron durante las fases tardías y a lo largo del proceso de extinción.
En cambio, las medidas de ansiedad rasgo no mostraron asociaciones significativas con esos indicadores de extinción. Gran parte de los efectos vinculados con intolerancia permanecieron incluso al controlar la ansiedad rasgo. Esto sugiere cierta especificidad del constructo para explicar dificultades en el aprendizaje de seguridad (Morriss et al., 2021).
Cuando la seguridad tarda en sentirse segura
Estos hallazgos permiten comprender mejor la relación entre incertidumbre y ansiedad. Frente a una situación cambiante, la ausencia de información concluyente puede mantener activada una respuesta previamente aprendida. El problema no reside necesariamente en que la amenaza continúe presente.
Durante la extinción, las personas con mayor intolerancia podrían sostener durante más tiempo la percepción de incertidumbre. Aunque una consecuencia negativa deje de aparecer, todavía permanece la posibilidad de que ocurra nuevamente. Esa duda acumulada puede favorecer el mantenimiento de la respuesta condicionada.
Por esta razón, recibir algunas señales de seguridad no garantiza una actualización inmediata. Una persona podría reconocer racionalmente que algo cambió y, aun así, continuar reaccionando como si persistiera el peligro.
La incertidumbre fuera del laboratorio

La pandemia por COVID-19 ofreció un contexto natural especialmente relevante para estudiar incertidumbre y ansiedad. Durante sus primeros meses coexistieron dudas sobre salud, vacunas, trabajo, finanzas y relaciones sociales. Muchas de esas preguntas permanecieron abiertas durante períodos prolongados (Breaux et al., 2024).
Un estudio longitudinal analizó a 641 adultos con datos de ansiedad previos a la pandemia. Los participantes informaron ansiedad e intolerancia a la incertidumbre durante hasta cuatro evaluaciones entre 2020 y 2021. Los análisis utilizaron modelos de crecimiento para estudiar gravedad y trayectoria de los síntomas.
Más intolerancia, mayor ansiedad
Los niveles más altos de intolerancia predijeron mayor ansiedad durante el período estudiado. Esta asociación se mantuvo al considerar ansiedad previa a la pandemia y otras variables relevantes. Por ello, el constructo mostró una utilidad predictiva específica dentro de ese contexto altamente incierto.
Sin embargo, apareció un resultado menos esperado. Una mayor intolerancia también predijo una reducción más pronunciada de la ansiedad con el tiempo. Los autores plantearon varias explicaciones posibles, aunque destacaron su carácter especulativo.
Una hipótesis señala que la aparición progresiva de información pudo beneficiar especialmente a quienes experimentaban mayor malestar ante la incertidumbre. Conforme algunas dudas se resolvieron, también pudo disminuir parte de la respuesta ansiosa. No obstante, el estudio no permite demostrar directamente este mecanismo (Breaux et al., 2024).
Buscar certeza no siempre resuelve el problema

La evidencia disponible sugiere que la relación entre incertidumbre y ansiedad también involucra estrategias para reducir el malestar. Las personas con mayor intolerancia pueden dedicar más recursos cognitivos y emocionales a buscar certeza. Cuando esta no se consigue, aumentan la angustia y las dificultades para actuar.
Este patrón también puede vincularse con la evitación. Estudios revisados indican que la intolerancia aumenta respuestas evitativas ante estímulos temidos. De este modo, intentar escapar de situaciones inciertas puede aliviar temporalmente el malestar, mientras limita nuevas experiencias de aprendizaje (Allan et al., 2023).
Implicancias en exponerse
Los resultados sobre extinción son relevantes para las intervenciones basadas en exposición. Estas terapias dependen, en parte, de aprender que ciertas señales ya no predicen resultados amenazantes. Una elevada intolerancia podría dificultar esa actualización en algunas personas (Morriss et al., 2021).
Aun así, la evidencia no permite concluir que la exposición sea menos efectiva de forma general. El metaanálisis se centró principalmente en paradigmas experimentales de una sola sesión. Los autores señalan que todavía falta determinar cómo estos resultados se trasladan a tratamientos clínicos reales.
Lo que todavía no se conoce
Las fuentes presentan varias limitaciones. El metaanálisis utilizó principalmente tareas experimentales breves y medidas fisiológicas específicas. Además, sus resultados requieren mayor replicación en muestras más diversas y en contextos clínicos prolongados (Morriss et al., 2021).
El estudio de la pandemia también utilizó medidas de autorreporte y presentó limitaciones de representatividad. Asimismo, algunos resultados sobre la trayectoria de ansiedad fueron inesperados. Por ello, sus posibles explicaciones requieren nuevas investigaciones antes de considerarse mecanismos establecidos (Breaux et al., 2024).
Conclusión
La evidencia revisada muestra que incertidumbre y ansiedad mantienen una relación que supera la simple presencia de situaciones desconocidas. La intolerancia a la incertidumbre influye en cómo se interpreta la falta de información y cómo se actualizan señales de seguridad.
A su vez, los datos sugieren que las respuestas ante lo incierto no son estáticas. Cuando cambia la información disponible, también puede modificarse la ansiedad. Comprender estos procesos ayuda a pensar por qué algunas amenazas siguen sintiéndose presentes, incluso cuando el contexto comienza a cambiar. ¿Cuánto malestar depende entonces del peligro real y cuánto de la dificultad para convivir con aquello que todavía no se sabe?
Referencias bibliográficas
- Allan, N. P., Gorka, S. M., Saulnier, K. G., y Bryan, C. J. (2023). Anxiety sensitivity and intolerance of uncertainty: Transdiagnostic risk factors for anxiety as targets to reduce risk of suicide. Current Psychiatry Reports, 25, 139–147. https://doi.org/10.1007/s11920-023-01413-z
- Breaux, R., Naragon-Gainey, K., Katz, B. A., Starr, L. R., Stewart, J. G., Teachman, B. A., Burkhouse, K. L., Caulfield, M. K., Cha, C. B., Cooper, S. E., Dalmaijer, E., Kriegshauser, K., Kusmierski, S., Ladouceur, C. D., Asmundson, G. J., Goodwine, D. M. D., Fried, E. I., Gratch, I., Kendall, P. C., . . . Hallion, L. S. (2024). Intolerance of uncertainty as a predictor of anxiety severity and trajectory during the COVID-19 pandemic. Journal Of Anxiety Disorders, 106, 102910. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2024.102910
- Morriss, J., Wake, S., Elizabeth, C., y van Reekum, C. M. (2021). I doubt it is safe: A meta-analysis of self-reported intolerance of uncertainty and threat extinction training. Biological Psychiatry: Global Open Science, 1, 171–179. https://doi.org/10.1016/j.bpsgos.2021.05.011






















