La asociación entre el suicidio y las fechas festivas forma parte del imaginario colectivo desde hace décadas. Navidad o Año Nuevo suelen describirse como momentos de mayor prevalencia en suicidios, bajo la idea de que las expectativas sociales de bienestar y conexión suelen intensificar el malestar psicológico. Sin embargo, esta relación rara vez se apoya en análisis sistemáticos y comparativos a gran escala. En este contexto, cobra relevancia revisar qué muestra la evidencia cuando se analizan datos poblacionales. En la siguiente nota, exploramos los hallazgos de un metaanálisis reciente que examina el riesgo suicida en las festividades desde una perspectiva empírica.
Cuando las creencias populares no alcanzan…

Durante décadas, predominó la idea de que ciertas festividades incrementaban de forma directa el riesgo suicida. No obstante, la literatura acumulada indica que estos supuestos no siempre se sostienen cuando se evalúan registros poblacionales amplios. Y es que los hitos del calendario presentan dinámicas complejas.
Bajo dicho enfoque, el riesgo asociado a estos momentos no podría comprenderse como un efecto uniforme de las celebraciones. Por el contrario, los resultados sugieren que distintas fechas se vinculan con configuraciones de vulnerabilidad diferenciadas. Este cambio de mirada permite desplazar el foco desde explicaciones intuitivas hacia tendencias observadas de manera consistente en grandes muestras.
Del mito al dato según el calendario
Para responder a estas preguntas, Yeh y colaboradores se propusieron examinar si determinados momentos socialmente cargados se relacionan con variaciones reales en los datos de suicidio. Particularmente, el objetivo fue evaluar si ciertos días funcionan como “ventanas temporales” de mayor o menor riesgo a nivel poblacional. Así pues, el foco se sitúa en la comparación objetiva entre días señalados del calendario y jornadas regulares.
Un enfoque nuevo basado en registros poblacionales
El análisis se apoyó en una revisión sistemática y metaanálisis de investigaciones previas que analizaron muertes intencionales y conductas autolesivas en días específicos del año. Se incluyeron trabajos que compararon Nochebuena, Navidad, Año Nuevo y San Valentín con días regulares, integrando información proveniente de más de dos millones de registros a lo largo de distintos períodos históricos. De esta manera, el diseño permitió estimar el riesgo relativo vinculado a cada jornada en comparación con el promedio anual.
La síntesis cuantitativa incorporó datos de múltiples países y regiones, para así analizar la consistencia de los patrones más allá de contextos locales. A su vez, la comparación entre territorios ayudó a identificar configuraciones temporales que se repiten a pesar de diferencias culturales y sociales relevantes.
¿Qué encontraron los investigadores?

Los resultados numéricos indican que la jornada del 25 de diciembre se asocia con una reducción del riesgo relativo de muerte por causa intencional en comparación con días no señalados. Tal patrón se observó de manera consistente en distintos sistemas sanitarios. En concreto, la disminución de suicidios registrados durante Navidad sugiere un posible efecto protector vinculado a factores comunitarios y relacionales.
Por el contrario, en Año Nuevo se mostró un incremento significativo del riesgo de suicidio relativo, configurándose como un pico temporal en la mayoría de los escenarios analizados. Este aumento no se explicó únicamente por variables culturales. El primer día del año emerge entonces como un momento especialmente sensible desde una perspectiva poblacional.
Diferencias entre celebraciones
El examen de otras jornadas considerables, como San Valentín, no evidenció variaciones estadísticamente relevantes. Tales hallazgos cuestionan la idea de que toda fecha cargada de significado emocional implica mayor vulnerabilidad.
En este sentido, las variaciones encontradas entre las dinámicas dependen del significado social atribuido a cada momento y del contexto en el que se inscriben. Dicha diferenciación resulta clave para evitar generalizaciones simplistas y orientar políticas preventivas más ajustadas.
Conductas autolesivas no fatales y variaciones temporales
Además de los fallecimientos por causa intencional, el trabajo examinó comportamientos autolesivos y otras conductas relacionadas con el daño intencional. Los registros mostraron una disminución de estas conductas durante el período navideño. Tal descenso refuerza la hipótesis de un efecto transitorio de contención social.
En cambio, se observó una elevación moderada de estas conductas en el inicio del año. Tales variaciones sugieren que la vulnerabilidad no se concentra necesariamente en la celebración en sí. Por el contrario, son los días posteriores a las festividades los que parecen constituir ventanas críticas de mayor riesgo.
Factores contextuales y diferencias regionales
Como tercer punto, cabe destacar que las configuraciones temporales no se expresan de manera idéntica en todos los contextos nacionales. En algunos territorios, las elevaciones fueron más marcadas que en otros, dato que propone la influencia de variables económicas, relacionales y culturales específicas.
No obstante, el patrón general de reducción de suicidios durante Navidad y aumento en Año Nuevo se mantuvo en la mayoría de las regiones analizadas. Dicha convergencia internacional respalda la robustez de los resultados y reduce la probabilidad de explicaciones espurias.
Implicancias para la prevención y la práctica asistencial

Los hallazgos invitan a replantear la asignación de recursos preventivos. En lugar de concentrar esfuerzos exclusivamente durante celebraciones ampliamente señaladas, los sistemas de salud podrían beneficiarse de reforzar dispositivos de atención en momentos posteriores.
El aumento del riesgo suicida en la festividad de Año Nuevo señala un punto estratégico para la intervención preventiva. Desde tal perspectiva, las variaciones deben entenderse como parte de una dinámica más amplia.
Límites y desafíos del abordaje actual
Si bien la revisión ofrece un respaldo empírico sólido, presenta algunas restricciones. La mayoría de los registros provienen de regiones con sistemas de información consolidados. Esto limita la extrapolación directa de los resultados a contextos con menor cobertura estadística.
Adicionalmente, la heterogeneidad metodológica entre investigaciones introduce variabilidad en algunas estimaciones. Asimismo, la mayoría de los estudios incluidos se basan en datos agregados, lo que impide examinar variables individuales clave (como edad, género, consumo de alcohol o antecedentes psiquiátricos) que podrían modular de manera diferencial el riesgo en torno a determinadas fechas.
Repensar los mitos sobre celebraciones y riesgo vital
En conjunto, los hallazgos revisados obligan a cuestionar una de las creencias más persistentes en torno al riesgo suicida y las festividades. Lejos de concentrarse de manera homogénea en las festividades, el riesgo fluctúa de forma específica según el momento del calendario, con descensos en algunas fechas emblemáticas y aumentos claros en otras, particularmente en el inicio del año.
Desde esta perspectiva, el desafío ya no es alertar de manera genérica sobre “fechas peligrosas”, sino anticipar y responder a los verdaderos puntos críticos de vulnerabilidad poblacional. Avanzar hacia estrategias de prevención basadas en patrones empíricos —y no en mitos culturales— permite optimizar recursos, mejorar la capacidad de respuesta de los sistemas de salud y, en última instancia, intervenir con mayor precisión allí donde el riesgo efectivamente se intensifica.
Referencia bibliográfica
- Yeh TC, Hsu TW, Kao YC, Thompson T, Stubbs B, Carvalho AF, Yang FC, Tseng PT, Hsu CW, Yu CL, Tu YK y Liang CS. (2025). Suicide risk on Christmas Eve, Christmas Day, New Year’s Day, and Valentine’s Day: a systematic review and meta-analysis. Frontiers in Public Health, 13, 1668476. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1668476





















