La participación deportiva ocupa un lugar relevante en la vida de muchos adolescentes, pero integrar un equipo no elimina las dificultades para reconocer un problema psicológico y pedir apoyo. El estigma, la vergüenza, la preferencia por afrontar el malestar en soledad y el desconocimiento sobre los recursos disponibles pueden retrasar el acceso a asistencia profesional. A la vez, el deporte organizado ofrece un contexto cotidiano donde circulan vínculos, normas y mensajes capaces de influir en esas decisiones. ¿Qué puede hacer un club para favorecer la salud mental en los jóvenes deportistas y facilitar la búsqueda de ayuda cuando aparece una dificultad?
¿Por qué cuesta pedir ayuda?
La alfabetización en salud mental reúne conocimientos y creencias que facilitan la identificación de dificultades, la comprensión opciones de autocuidado y búsqueda de apoyo profesional. Por consiguiente, cuando estos recursos son limitados, un adolescente puede atravesar malestar sin identificarlo como un problema que requiere atención, o sin conocer a quién recurrir como apoyo (Sullivan et al., 2025).

Investiganciones previas en niños y jóvenes, ya han identificado barreras en cuatro niveles: factores individuales, sociales, vinculados con la relación con profesionales y estructurales. Entre los obstáculos más frecuentes, aparecen el desconocimiento sobre salud mental y servicios, creer que el problema no era suficientemente grave, esperar que mejorara solo y preferir afrontarlo sin apoyo profesional. A su vez, también influyen las dudas sobre la efectividad de la ayuda y la dificultad para expresar lo que les ocurre.
Estigma, confianza y apoyo social
Particularmente, un metaanálisis de 53 estudios halló que el estigma percibido y la vergüenza están entre las barreras sociales más recurrentes. En dicha investigación, los jóvenes también expresaron preocupaciones sobre la confidencialidad y la confianza en los profesionales. Por otra parte, en estudios con muestras exclusivamente masculinas, se reportó con frecuencia la idea de que pedir ayuda podía interpretarse como una señal de debilidad (Radez et al., 2021).
En esta línea, el entorno puede actuar en sentido contrario. Los investigadores señalaron que las actitudes positivas y el estímulo de familiares, amistades, docentes u otras figuras de apoyo fueron facilitadores relevantes. Lo mencionado resulta especialmente pertinente para el deporte juvenil: normalizar conversaciones sobre malestar, reconocer señales y conocer recursos puede hacer que la búsqueda de apoyo resulte menos ajena.
¿Qué muestran las intervenciones deportivas?
Otro metaanálisis evaluó intervenciones de salud mental y alfabetización en salud mental en deporte no élite. El mismo incluyó 19 artículos publicados entre 2004 y 2020, los cuales incluían aspectos como depresión, ansiedad, malestar psicológico, bienestar, actitudes estigmatizantes, conocimiento sobre salud mental y provisión de ayuda en jóvenes deportistas. Las intervenciones estuvieron dirigidas principalmente a jóvenes que practicaban un deporte, aunque también participaron padres y entrenadores (Sutcliffe et al., 2021).

A su vez, los resultados fueron más consistentes para las intervenciones en alfabetización que para los síntomas. Se observaron efectos favorables fuertes en conocimiento sobre salud mental, moderados en provisión de ayuda y pequeños en actitudes estigmatizantes. Por otro lado, los efectos sobre ansiedad, malestar psicológico y bienestar fueron pequeños, mientras que no se encontró un efecto significativo sobre síntomas depresivos. Así, el deporte parece especialmente prometedor para informar y fortalecer recursos de apoyo.
Programas para adolescentes
Una revisión sistemática más reciente se apoyó en programas deportivos de concientización dirigidos a adolescentes de 11 a 17 años. Tras buscar en seis bases de datos, se incluyeron seis estudios, todos realizados en Australia, con muestras de entre 9 y 816 participantes. Los trabajos evaluaron cuatro intervenciones: Ahead of the Game, Waves of Wellness, Wellbeing Warriors y Read the Play (Sullivan et al., 2025).
En conjunto, se registraron mejoras en conocimiento sobre salud mental, alfabetización sobre ansiedad y depresión, reconocimiento de dificultades, resiliencia e intenciones de proporcionar ayuda. Adicionalmente, algunos beneficios fueron mayores entre los jóvenes que practicaban deporte en grupos de menor edad.
Sin embargo, varios efectos no se mantuvieron en los seguimientos y el estigma continuó siendo difícil de modificar. Ciertamente, mantener informados a los adolescentes sobre qué problemas pueden requerir apoyo, dónde encontrarlo, qué esperar de los servicios y cómo funciona la confidencialidad son estrategias coherentes con las necesidades identificadas en estos espacios (Radez et al., 2021).
Herramientas para informar y educar

Los programas de concientización revisados incluyeron contenidos sobre salud mental, mitos frecuentes, ansiedad, depresión, maneras de brindar ayuda y fuentes confiables de información. Otros incorporaron autocuidado, resolución de problemas, relaciones, mindfulness o estrategias para afrontar emociones difíciles. Aunque los formatos variaron, compartían la intención de aumentar conocimientos y recursos dentro de contextos deportivos (Sullivan et al., 2025).
Involucrar a quienes rodean al deportista
Algunas intervenciones adoptaron una perspectiva multinivel. Ahead of the Game, por ejemplo, incluyó componentes para jóvenes, padres y entrenadores. El metaanálisis sobre deporte no élite también consideró programas dirigidos a estas figuras con el propósito de beneficiar a los deportistas (Sullivan et al., 2025; Sutcliffe et al., 2021).
Los compañeros también pueden formar parte del circuito. Algunos programas trabajaron la intención y la confianza para ayudar o apoyar a otra persona, hallando que los adolescentes deportistas se sintieron más capaces de hablar sobre salud mental o acompañar a un amigo. Sin embargo, aumentar la intención de ayudar no garantiza que la conducta ocurra ni que se mantenga. El papel mejor respaldado del club es crear condiciones para reconocer, conversar y conectar con apoyos adecuados.
El estigma no cambia tan rápido
Los resultados encontrados de estigmas en salud mental fueron menos uniformes. Algunas evaluaciones encontraron una reducción en los prejuicios, mientras que otras no detectaron cambios o señalaron que ciertas actitudes persistían. Aumentar el conocimiento, por tanto, no implica automáticamente abandonar ciertas creencias o sentirse preparado para pedir ayuda profesional.

También existe una distancia entre intención y conducta. Saber dónde buscar información o mostrar mayor disposición a ayudar no demuestra que un adolescente vaya a contactar efectivamente con un profesional cuando lo necesite. La alfabetización puede facilitar ese camino, pero no equivale a tratamiento ni garantiza acceso real a servicios (Radez et al., 2021; Sullivan et al., 2025).
Alcances y límites de la evidencia
La investigación específica en adolescentes todavía es reducida: la revisión de Sullivan y colaboradores incluyó solo seis estudios, todos australianos, con predominio de participantes varones y gran variabilidad en muestras, duración y diseños. Además, algunos beneficios fueron de corto plazo y no se mantuvieron durante el seguimiento (Sullivan et al., 2025).
El metaanálisis de deporte no élite reunió numerosos estudios observacionales o no aleatorizados y medidas basadas en autorreporte, además de detectar indicios de sesgo de publicación. Los hallazgos sobre alfabetización son prometedores, pero todavía se necesitan diseños más robustos y seguimientos prolongados para establecer si producen cambios sostenidos en síntomas y conductas reales de búsqueda de ayuda (Sutcliffe et al., 2021).
Conclusión
El club deportivo puede favorecer condiciones que hagan menos difícil pedir ayuda. La evidencia respalda especialmente su potencial como espacio para mejorar conocimientos, conversar sobre salud mental y fortalecer recursos para reconocer dificultades u ofrecer apoyo. Esto cobra relevancia frente a barreras como el estigma, la autosuficiencia, la falta de información y las dudas sobre el contacto con profesionales.
Sin embargo, promover la salud mental en deportistas no equivale a demostrar cambios clínicos ni garantiza que un joven acceda efectivamente a tratamiento. El aporte más consistente del club está en facilitar un primer puente hacia apoyos adecuados. Si un adolescente pasa buena parte de su semana entrenando, ¿qué encuentra allí cuando necesita decir que algo no está bien?
Referencias bibliográficas
- Radez, J., Reardon, T., Creswell, C., Lawrence, P. J., Evdoka-Burton, G. y Waite, P. (2021). Why do children and adolescents (not) seek and access professional help for their mental health problems? A systematic review of quantitative and qualitative studies. European Child & Adolescent Psychiatry, 30, 183–211. https://doi.org/10.1007/s00787-019-01469-4
- Sullivan, N., Breslin, G., McLaughlin, M., Leavey, G., Shannon, S. y Dempster, M. (2025). A systematic review of sport-based adolescent mental health awareness programmes. PLOS ONE, 20(3), e0315315. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0315315
- Sutcliffe, J. T., Graupensperger, S., Schweickle, M. J., Rice, S. M., Swann, C. y Vella, S. A. (2021). Mental health interventions in non-elite sport: A systematic review and meta-analysis. International Review of Sport and Exercise Psychology, 17(1), 319–342. https://doi.org/10.1080/1750984X.2021.2001839





















