En psicoterapia, una frase, un silencio o una petición pueden adquirir significados muy distintos según el contexto en que ocurren. El análisis de las conductas clínicamente relevantes en la Psicoterapia Analítica Funcional (Functional Analytic Psychotherapy, FAP, en inglés) parte precisamente de esta premisa. Pero ¿cómo decide el terapeuta si lo que ocurre en sesión representa un problema o una oportunidad para comprender el comportamiento del consultante?

Mirar la conducta dentro de la relación terapéutica

Conductas clínicamente relevantes en FAP

Cuando hablamos de FAP, nos referimos a una psicoterapia contextual basada en el análisis funcional de los comportamientos que aparecen durante la sesión. Su propuesta parte de una equivalencia funcional entre el contexto terapéutico y otros ambientes de la vida del consultante. Por ello, determinadas dificultades que ocurren fuera de consulta también podrían manifestarse en la interacción con el terapeuta y quedar disponibles para ser observadas e intervenidas en el momento en que suceden (Ferro-García et al., 2023).

Esto implica que el foco no está únicamente en aquello que el consultante relata sobre lo ocurrido durante la semana. Las conductas clínicamente relevantes en FAP incluyen patrones que emergen dentro de la sesión y que guardan una relación funcional con las dificultades o mejoras identificadas en otros contextos. Así, el espacio terapéutico funciona como un contexto donde ciertos repertorios son identificados, evocados y modificados mediante las contingencias presentes en la propia relación (Maitland, 2024).

Diferenciando conductas: CCR1, CCR2 y CCR3

Tradicionalmente, se distinguen tres tipos de conductas clínicamente relevantes (CCR). Las CCR1 corresponden a manifestaciones en sesión de comportamientos problemáticos; las CCR2, por su parte, representan mejoras en las conductas objetivo que aparecen durante el encuentro terapéutico; finalmente, las CCR3 incluyen las interpretaciones que el consultante realiza acerca de su propio modo de actuar y de las variables relacionadas con este.

Dicha clasificación no convierte a una determinada conducta en problemática o deseable por definición. Su significado depende de la función que cumple para una persona concreta. Una solicitud de ayuda, por ejemplo, podría constituir una CCR1 en alguien cuyo problema se relaciona con una dependencia excesiva de los demás. En una persona que evita pedir apoyo o presenta dificultades de asertividad, una actitud similar podría representar una CCR2. De esta manera, la función y el contexto tienen prioridad sobre la apariencia del comportamiento.

¿Son organizables las conductas en sesión?

Conductas clínicamente relevantes en FAP

Una dificultad histórica de la FAP ha sido precisamente su carácter marcadamente singularizado. Los objetivos terapéuticos se definen a partir de la particularidad funcional de cada caso, por lo que no existe una lista previa de conductas que necesariamente deban modificarse. Este enfoque permite adaptarse al consultante, aunque también dificulta establecer categorías comunes para la investigación y comparar los resultados entre intervenciones (Maitland et al., 2017).

Para explorar una posible solución, Maitland y colaboradores desarrollaron el modelo de Consciencia, Coraje y Amor (Awareness, Courage and Love, ACL, en inglés), destinado a organizar algunos objetivos interpersonales frecuentes sin abandonar el análisis contextual. El modelo considera dimensiones vinculadas con la autoconsciencia, la consciencia del otro, la vulnerabilidad interpersonal y la capacidad de responder de manera sensible a los demás.

¿Qué mostró la revisión de las CCR?

Para estudiar la aplicabilidad del modelo, se llevó a cabo una búsqueda de investigaciones sobre FAP. Inicialmente, se localizaron 201 artículos y capítulos. Tras aplicar sucesivos criterios de selección, 21 publicaciones describían las CCR con suficiente especificidad para ser incluidas. De ellas se extrajeron 98 conductas clínicamente relevantes, que posteriormente fueron clasificadas según las categorías propuestas por el modelo ACL.

De las 98 CCR analizadas, 82, equivalentes al 83,67 %, pudieron clasificarse dentro del modelo. La concordancia entre evaluadores también fue elevada, con valores kappa de 0,88 en una primera comprobación y de 0,90 al comparar posteriormente las codificaciones. Estos resultados ofrecen apoyo inicial a la posibilidad de organizar una proporción importante de los objetivos identificados previamente en investigaciones de FAP mediante categorías comunes (Maitland et al., 2017).

¿Qué tipos de comportamiento llaman la atención?

En esta línea, los resultados permiten observar que las conductas clínicamente relevantes en FAP abarcan un repertorio mucho más amplio que hablar o no hablar de un problema. En la categoría de consciencia aparecieron comportamientos relacionados con identificar experiencias emocionales, reconocer necesidades y valores propios, registrar el impacto de la propia conducta y atender a los sentimientos, necesidades o preferencias de otras personas.

Conductas clínicamente relevantes en FAP

También se identificaron patrones vinculados con expresar emociones, realizar autorrevelaciones, formular peticiones y responder a las necesidades de los demás. Así, el terapeuta podría observar desde cambios de tema ante contenidos emocionalmente difíciles hasta dificultades para expresar necesidades de forma directa, reaccionar constructivamente al feedback o reconocer cómo el propio comportamiento afecta al interlocutor.

Dentro del modelo ACL, una de las áreas relevantes es la capacidad de permanecer en contacto con experiencias emocionales y expresarlas de forma adecuada al contexto. Asimismo, la evitación de situaciones que evocan emociones, el cambio de tema o ciertas formas de escape interpersonal tienden a constituir CCR1 cuando cumplen una función problemática. A su vez, aproximarse a conversaciones difíciles, expresar malestar o compartir información emocionalmente significativa podrían funcionar como CCR2 en determinados casos (Ferro-García et al., 2023).

Pedir, responder y recibir feedback

Sumado a lo anterior, las peticiones también son objeto de observación. Identificar lo que se necesita y solicitarlo claramente suele constituir una CCR2, mientras que algunas demandas indirectas, encubiertas o desajustadas al contexto posiblemente formen parte del problema clínico. Además, la FAP contempla la respuesta del interlocutor, incluyendo su capacidad para ofrecer apoyo, validación o una consecuencia ajustada a lo solicitado.

El feedback aporta otro ejemplo. Entre las CCR descritas aparecen comportamientos como expresar dudas o sentimientos negativos con autenticidad, reaccionar constructivamente ante una crítica o interesarse espontáneamente por las opiniones de los demás. Son ejemplos que muestran por qué las conductas clínicamente relevantes en FAP adquieren sentido dentro de una secuencia interpersonal y no como respuestas aisladas (Ferro-García et al., 2023).

¿Conductas aisladas o redes de procesos?

Cabe destacar que los desarrollos contemporáneos proponen ampliar todavía más esta mirada. Desde la terapia basada en procesos, una conducta clínicamente relevante se entiende como parte de una red dinámica que incluye componentes afectivos, cognitivos, atencionales, motivacionales, conductuales y relacionados con el sentido del yo. La propuesta mantiene el carácter idiográfico de la FAP, aunque busca ofrecer una estructura más amplia para conceptualizar los procesos vinculados entre sí (Maitland, 2024).

Esta ampliación no elimina uno de los principios centrales de la FAP. El terapeuta sigue necesitando preguntarse qué función cumple un comportamiento para esa persona y bajo esas circunstancias. Los objetivos clínicos se construyen de manera colaborativa después de analizar cuáles de estos mantienen las dificultades y cómo esas clases funcionales aparecen en la relación terapéutica. Por esa razón, categorías como consciencia, coraje o amor resultan útiles como mapas orientativos, pero no sustituyen el análisis individual.

¿Qué límites tiene la evidencia?

Pese a estos valiosos hallazgos, la evidencia sobre FAP presenta limitaciones importantes. Su naturaleza individual dificulta estudiarla mediante diseños grupales tradicionales, y gran parte de su investigación histórica se ha basado en estudios de caso único. Además, la evidencia específica sobre el modelo ACL continúa siendo limitada, por lo que sus categorías deben interpretarse como una propuesta de organización clínica y de investigación, no como un sistema definitivamente validado (Maitland, 2024).

También existen cuestionamientos conceptuales. Algunas categorías del modelo ACL pueden superponerse, y una misma CCR podría encajar en más de una clase funcional. Asimismo, se ha advertido que recurrir a términos de nivel medio podría reducir la precisión del análisis si estos sustituyen conceptos conductuales más específicos. Su utilidad clínica, por tanto, depende de que permanezcan vinculados a la función y al contexto de cada comportamiento (Ferro-García et al., 2023).

Conclusión

Observar conductas clínicamente relevantes en FAP implica atender a lo que el consultante hace durante la sesión y comprender qué función tiene esa respuesta dentro de su historia y del contexto interpersonal actual. Las CCR1-3 permiten diferenciar problemas que aparecen en el momento, avances terapéuticos e interpretaciones del propio comportamiento. A su vez, modelos como ACL ofrecen categorías para ordenar algunos repertorios frecuentes relacionados con consciencia, expresión emocional, autorrevelación, peticiones y responsividad interpersonal.

Los desarrollos más recientes amplían esta perspectiva hacia redes de procesos dinámicos, y añaden que una conducta solo resulta clínicamente relevante en relación con el contexto y los objetivos particulares del caso. ¿Cuántas señales relevantes llegan a pasar inadvertidas cuando la atención está puesta únicamente en aquello que el consultante cuenta sobre lo ocurrido fuera de sesión?

Referencias bibliográficas

  • Ferro-García, R., Calvillo-Mazarro, M., y López-Bermúdez, M. Á. (2023). Análisis crítico del modelo de la conexión social propuesto desde la psicoterapia analítica funcional. Análisis y Modificación de Conducta, 49(180), 101–115. https://doi.org/10.33776/amc.v49i180.7683
  • Maitland, D. W. M. (2024). The extended evolutionary meta-model and process-based therapy: Contemporary lenses for understanding functional analytic psychotherapy. Journal of Contextual Behavioral Science, 32, 100750. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2024.100750
  • Maitland, D. W. M., Kanter, J. W., Manbeck, K. E., y Kuczynski, A. M. (2017). Relationship science informed clinically relevant behaviors in functional analytic psychotherapy: The Awareness, Courage, and Love Model. Journal of Contextual Behavioral Science, 6(4), 347–359. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2017.07.002