Una sesión de terapia ocupa una parte limitada de la semana, mientras que las dificultades que motivan la consulta aparecen en contextos cotidianos. En la terapia cognitivo-conductual (TCC), las actividades realizadas entre encuentros buscan precisamente extender el aprendizaje terapéutico más allá del consultorio. Sin embargo, asignarlas no garantiza que se realicen ni que resulten útiles. De este modo, ¿qué hace que las tareas en TCC contribuyan realmente al tratamiento?

Más allá de la sesión terapéutica

tareas en TCC

Particularmente, el trabajo entre sesiones comprende actividades que permiten recopilar información y trasladar nuevos aprendizajes terapéuticos a las situaciones cotidianas donde aparecen las dificultades. Suele incluir lectura de materiales psicoeducativos, autorregistros de pensamientos, emociones o conductas y prácticas específicas, como ejercicios de exposición. A su vez, una de sus características centrales es que conecta lo trabajado durante la sesión con experiencias que ocurren fuera de ella (Bennion et al., 2025).

Dicha función adquiere especial importancia en tratamientos con menor contacto profesional. En intervenciones cognitivo-conductuales de baja intensidad, por ejemplo, las sesiones suelen ser breves y existe una mayor dependencia del trabajo independiente con materiales y técnicas terapéuticas. Allí, la participación activa entre encuentros adquiere un peso considerable dentro del proceso.

De este modo, las tareas en TCC permiten practicar habilidades en situaciones reales, ofrecen oportunidades para observar patrones, poner a prueba estrategias y consolidar aprendizajes. Es habitual que el alcance de las mismas se estudie atendiendo a la cantidad de trabajo realizado y también a su calidad, relacionada con la profundidad del compromiso y el aprendizaje obtenido durante los ejercicios (Hovmand et al., 2025).

¿Qué muestra la evidencia reciente?

Siguiendo esta idea, una revisión sistemática de métodos mixtos examinó qué factores predicen la participación en actividades entre sesiones dentro de intervenciones basadas en TCC. Se incluyeron 59 estudios, de los cuales 51 eran cuantitativos, cinco cualitativos y tres de métodos mixtos. La evidencia abarcó diferentes problemas de salud mental, poblaciones y modalidades terapéuticas (Bennion et al., 2025).

tareas en TCC

A pesar de esa diversidad, aparecieron algunos patrones relativamente consistentes. Por ejemplo, las creencias positivas del paciente sobre la utilidad del trabajo entre sesiones y sobre el tratamiento se relacionaron con mayor participación. También destacaron las competencias del profesional para planificar y revisar los ejercicios terapéuticos, explicar su propósito y abordar dificultades. Por el contrario, ciertas formas de resistencia observadas durante las sesiones se vincularon con un menor compromiso posterior.

¿Completar tareas mejora los síntomas?

Sumado a lo anterior, esta relación también fue explorada en un estudio con 164 pacientes con depresión mayor, fobia social, trastorno de pánico o agorafobia. Los participantes habían recibido 14 sesiones grupales de TCC específica para el diagnóstico o del Protocolo Unificado, un abordaje transdiagnóstico. En este marco, el análisis evaluó tanto la participación general en las tareas en TCC como su relación temporal con los síntomas de la semana siguiente (Hovmand et al., 2025).

En conjunto, una mayor participación se asoció con mejores resultados al finalizar el tratamiento. Además, el compromiso con las actividades predijo una reducción pequeña pero significativa en las puntuaciones de ansiedad y depresión de la semana posterior. Estos hallazgos respaldan la relevancia de los ejercicios entre sesiones, aunque también indican que su efecto aislado sobre los síntomas es modesto y convive con otros componentes del proceso terapéutico.

¿Qué favorece el compromiso con las actividades?

Asimismo, la utilidad percibida ocupa un lugar central. Si un ejercicio parece arbitrario, excesivamente difícil o desconectado del problema que se trabaja, aumenta la probabilidad de que resulte difícil sostenerlo. En cambio, comprender su finalidad y aceptar el fundamento del tratamiento se vincula con una participación mayor. La revisión sistemática también señala que el miedo al fracaso y la falta de confianza tienden a convertirse en obstáculos para completar las tareas en TCC (Bennion et al., 2025).

Cabe señalar que las expectativas requieren atención desde el comienzo. Partiendo de esa base, un estudio cualitativo entrevistó a 22 profesionales que aplicaban intervenciones cognitivo-conductuales de baja intensidad en servicios del NHS británico. Los participantes señalaron que algunas personas llegaban esperando un tratamiento predominantemente pasivo o una solución rápida. Explicar tempranamente que la TCC requiere una participación activa ayudaba a establecer expectativas más realistas respecto al trabajo entre sesiones.

Planificación concreta y personalizada

tareas en TCC

Resulta fundamental tener presente que una indicación general genera cierto riesgo: el de dejar abiertas demasiadas preguntas. Los profesionales entrevistados destacaron la importancia de acordar qué se hará, cómo, cuándo y con qué finalidad. También señalaron la utilidad de trabajar ejemplos durante la sesión, comprobar que la persona entendió la actividad, anticipar posibles barreras y disponer de alternativas frente a dificultades previsibles.

La personalización resulta igualmente importante. Una adaptación alineada a las capacidades, oportunidades, preferencias y motivación del paciente favorece una participación más viable. Esto incluye considerar el formato del material, el ritmo del tratamiento, la presencia de dolor o fatiga, las responsabilidades cotidianas y otros obstáculos prácticos. La evidencia disponible cuestiona, por tanto, una aplicación uniforme de las tareas en TCC para todas las personas (Bennion et al., 2025).

¿Y si la tarea no se completa?

Complementariamente, la no realización aporta información clínicamente relevante. Vinculado a ello, los profesionales del estudio cualitativo destacaron que ignorar sistemáticamente una actividad no realizada puede debilitar la percepción de que el trabajo entre sesiones forma parte importante del tratamiento. Una alternativa consiste en analizar los obstáculos, revisar qué ocurrió y buscar soluciones de manera colaborativa antes de plantear el siguiente paso.

Así, la revisión de los ejercicios también permite reconocer aprendizajes parciales. Incluso cuando la ejecución no fue completa, conversar sobre qué funcionó, qué resultó difícil y qué consecuencias tuvo la experiencia ofrece información para ajustar futuras propuestas. Además, planificar y revisar las actividades de manera competente fue uno de los factores más consistentes asociados con una mayor participación en la revisión sistemática.

El contexto también entra en terapia

No todas las dificultades para realizar una tarea reflejan falta de motivación. Cuestiones como demandas laborales y familiares, problemas económicos, desempleo, inestabilidad habitacional, condiciones físicas de larga duración o falta de tiempo, suelen limitar las posibilidades reales de participación. Los profesionales entrevistados también señalaron la importancia de atender factores culturales, disponibilidad de materiales adaptados y comprensión del tratamiento psicológico (Bennion et al., 2025).

Esto introduce un aspecto relevante: una tarea clínicamente pertinente tal vez resulte poco viable en determinadas circunstancias. La relación entre contexto sociocultural y participación aún requiere más investigación cuantitativa, por lo que estos hallazgos deben interpretarse principalmente como orientaciones surgidas de evidencia cualitativa.

¿Más tareas equivalen a mejores resultados?

Tareas en TCC

Adicionalmente, la cantidad de actividades realizadas constituye solo una parte del problema. De hecho, los autores del estudio empírico cualitativo advierten que el aprendizaje logrado o la profundidad de la implicación podrían resultar tan relevantes, o incluso más, que la mera cantidad de ejercicios intentados (Hovmand et al., 2025).

Además, proponer sin suficiente adaptación entraña riesgos. Algunas tareas son capaces de producir malestar o resultar percibidas como demasiado difíciles. Por ello, resulta importante evaluar continuamente la experiencia del paciente y los obstáculos que aparecen durante su realización.

¿Qué límites tiene la evidencia?

Pese al valor de los hallazgos mencionados, los estudios presentan varias limitaciones. Primeramente, la revisión sistemática encontró una considerable heterogeneidad en la definición y medición del compromiso con las dinámicas, lo que impidió comparar directamente las tasas de participación o realizar un metaanálisis. Asimismo, muchos trabajos utilizaron instrumentos no validados y existieron problemas de sesgo de selección, abandono y medición.

Por otra parte, el estudio cuantitativo utilizó una medida autoinformada de un solo ítem y evaluó cantidad, pero no calidad. El trabajo cualitativo se centró en profesionales británicos de intervenciones de baja intensidad, con una muestra mayoritariamente de mujeres blancas británicas y susceptible a autoselección. En consecuencia, varias recomendaciones clínicas son prometedoras, aunque todavía requieren confirmación en otros contextos y poblaciones (Bennion et al., 2025; Hovmand et al., 2025).

Conclusión

En definitiva, las tareas en TCC permiten extender el proceso terapéutico hacia los espacios donde ocurren las dificultades cotidianas. La evidencia disponible relaciona una mayor implicación con mejores resultados, aunque el efecto específico sobre los síntomas parece pequeño y depende de múltiples variables. Comprender el propósito de los ejercicios, participar en su diseño y contar con una planificación clara aparecen entre los factores más consistentes para favorecer el compromiso.

Por ello, la utilidad de las actividades no reside únicamente en asignarlas o contabilizar cuántas se completaron. Revisar su calidad, adaptarlas al contexto, explorar dificultades y mantener expectativas realistas parecen componentes centrales del proceso. Más allá de saber si una persona realizó su tarea o no, tal vez sea más valioso conocer qué ocurrió cuando intentó llevar la terapia a su vida cotidiana.

Referencias bibliográficas

  • Bennion, M., Blakemore, A., Lovell, K. y Bee, P. (2025). Barriers and facilitators to engagement with between-session work for low-intensity Cognitive Behavioural Therapy (CBT)-based interventions: A qualitative exploration of practitioner perceptions. BMC Psychiatry, 25, 79. https://doi.org/10.1186/s12888-025-06501-3
  • Bennion, M., Lovell, K., Blakemore, A., Vicary, E. y Bee, P. (2025). Predictors of engagement with between-session work in Cognitive Behavioural Therapy (CBT)-based interventions: A mixed-methods systematic review and “best fit” framework synthesis. Cognitive Behaviour Therapy, 54(1), 41–77. https://doi.org/10.1080/16506073.2024.2369939
  • Hovmand, O. R., Falkenström, F., Reinholt, N., Bryde, A., Eskildsen, A., Arendt, M., Poulsen, S., Hvenegaard, M., Arnfred, S. M. y Bach, B. S. (2025). What is the effect of homework engagement in group cognitive behavioral therapy for anxiety disorders and depression? BMC Psychology, 13, 1002. https://doi.org/10.1186/s40359-025-03167-0