El deporte infantil reúne competencia, aprendizaje, vínculos y diversión. Así, la motivación deportiva en la infancia surge de factores personales y del entorno construido por entrenadores, familias y compañeros. Por eso, la clave está en comprender qué impulsa a un niño a participar y qué sostiene sus ganas de continuar. En esa experiencia, pasar un momento agradable también cumple un rol central. A continuación, se explorará qué lugar ocupan entonces la victoria, el disfrute y los adultos en esa experiencia.

Motivación deportiva en la infancia: ¿Qué la sostiene?

Detrás de cada entrenamiento hay razones distintas para empezar, esforzarse y querer volver. En concreto, la motivación comprende los factores internos y externos que impulsan a iniciar una actividad, sostenerla y dedicarle esfuerzo. En pequeños deportistas, lo anterior suele incluir interés, deseo de mejorar, expectativas de éxito o reconocimiento. Por eso, no existe una única razón para practicar, ni todos los niños interpretan el éxito de la misma manera (Gao et al., 2024).

Motivación deportiva durante la infancia

Siguiendo esta línea, la teoría de la autodeterminación destaca la autonomía, la competencia y las relaciones como necesidades relevantes para una motivación más autónoma. Sumado a eso, la teoría de expectativa-valor añade que persistir también depende de cuánto éxito espera alcanzar una persona y del valor que atribuye a la actividad.

Aprender… ¿o compararse?

En otro orden de ideas, la teoría de metas de logro distingue entre un clima orientado a la tarea y otro orientado al ego. El primero centra el éxito en aprender, esforzarse y mejorar respecto del propio desempeño, mientras que el segundo enfatiza la comparación con los demás, demostrar habilidad y superar a otros (Morales-Belando et al., 2021).

Dicha diferencia ayuda a entender por qué competir no es necesariamente incompatible con divertirse. Entonces, el problema aparece cuando el resultado se convierte en el único criterio de valoración. Asimismo, el goce de una actividad y la competencia percibida son elementos relacionados con la motivación intrínseca y con la disposición a continuar practicando deporte.

¿Qué muestra la evidencia?

Recientemente, un estudio longitudinal siguió durante seis meses a 96 jugadores de baloncesto de entre 9 y 11 años pertenecientes a ocho clubes españoles. Los participantes respondieron cuestionarios después de 14 partidos. Además, se analizaron aspectos como el resultado, el clima motivacional, el disfrute, la competencia percibida y la intención de mantenerse físicamente activos.

Sobre los resultados, finalmente ganar o perder no se relacionó directamente con esas variables motivacionales. Sin embargo, el clima sí actuó como mediador. En jornadas ganadas se percibía más orientación al ego, asociada con menor disfrute y mayor competencia percibida, mientras que en las derrotas aparecía más orientación a la tarea, vinculada con mayor disfrute, competencia percibida e intención de seguir activos (Morales-Belando et al., 2021).

Qué aporta el entorno adulto

Motivación deportiva durante la infancia

A su vez, una revisión sistemática en jóvenes deportistas mostró un detalle clave. En concreto, la influencia parental depende tanto de la forma como del grado de participación (Gao et al., 2024).

Entre los patrones más favorables aparecieron metas y valores positivos, apoyo a la autonomía, implicación moderada, relaciones positivas entre padres e hijos y un clima orientado a la tarea. En contraste, distintas formas de presión o control se relacionaron con respuestas motivacionales menos adaptativas.

Disfrutar también es mejorar

Otro estudio examinó a futbolistas noruegos durante la transición del deporte infantil al juvenil. Participaron 214 jugadores de 12 y 13 años en la fase cuantitativa y 10 en entrevistas posteriores. Las expectativas de éxito y las metas orientadas al dominio personal se relacionaron positivamente con pasar un buen momento (Jørgensen et al., 2024).

Sumado a esto, las entrevistas mostraron que aprender habilidades, corregir errores y experimentar una mejora personal eran fuentes de goce personal. Quienes reportaban mayor disfrute hablaban más de aprender y dominar nuevas capacidades, mientras que los niveles más bajos aparecían junto con un mayor énfasis en logros externos, como acceder a equipos superiores o alcanzar el profesionalismo.

Amigos y pertenencia

En línea con lo dicho, la diversión tampoco se limita al rendimiento. El gusto por el fútbol y el interés por la propia actividad aparecieron entre las razones centrales de los jóvenes noruegos para continuar practicándola. Además, todos los entrevistados destacaron la importancia de estar con amigos, y quienes informaban mayor goce vinculaban con más frecuencia su experiencia positiva con las relaciones del equipo.

Esto último muestra que la motivación deportiva en la infancia es capaz de integrar objetivos diferentes al mismo tiempo. Mismamente, querer ganar no excluye divertirse aprendiendo y compartiendo con pares. Reducir la experiencia al resultado deja fuera razones que también sostienen la participación.

Motivación deportiva durante la infancia

Padres, presión y éxito

Diversos autores sugieren que los padres influyen en la manera en que los pequeños interpretan su competencia y sus logros. Como fundamento de esto, la revisión sistemática encontró que el apoyo a la autonomía de las infancias y una participación moderada se asociaban con mayor motivación en el deporte, mientras que la presión y estilos más controladores podían relacionarse con desmotivación, aburrimiento o menor goce (Gao et al., 2024).

La clave, entonces, no parece estar en involucrarse mucho o poco de forma aislada. De hecho, se encuentra en cómo se acompaña. Apoyar, mostrar comprensión y reconocer el esfuerzo configura una experiencia distinta de aquella en la que cada partido funciona como examen del valor o la capacidad del niño.

Cuando competir se vuelve más serio

Durante la transición al fútbol juvenil, los participantes noruegos describieron mayor presión, división por habilidad, exigencias físicas y un énfasis creciente en rendimiento y victoria. Las clasificaciones resultaban entretenidas para algunos jugadores, pero también podían generar estrés y preocupación por rendir bien (Jørgensen et al., 2024).

Se trata de una etapa de cambios, donde algunas novedades podían aumentar el interés, mientras que otras amenazaban aspectos valorados, como jugar con amigos o centrarse en la mejora personal. Asociado a lo anterior, los autores proponen equilibrar rendimiento y éxito con aprendizaje, dominio y vínculos sociales.

Competir sin perder la alegría

En conjunto, las tres fuentes no sostienen que competir sea perjudicial ni que ganar carezca de importancia. La evidencia apunta a que el significado del resultado depende del clima motivacional y de los mensajes que rodean la práctica (Gao et al., 2024; Jørgensen et al., 2024; Morales-Belando et al., 2021).

Entonces, favorecer una experiencia positiva supone preservar distintas fuentes de motivación: mejorar, sentirse competente, disponer de autonomía, mantener relaciones satisfactorias y disfrutar de la actividad. La competencia se contempla en ese escenario, pero será útil en tanto no desplace todo lo demás.

¿Qué falta por conocer?

Corresponde señalar algunas particularidades de las investigaciones presentadas. En principio, el estudio de baloncesto incluyó casi exclusivamente varones, solo ocho equipos y jugadores con alto nivel de habilidad, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo noruego evaluó el disfrute cuantitativamente en un único momento y contó con 10 entrevistados, con poca representación de jugadores con bajo goce.

Además, la revisión sistemática reunió principalmente estudios transversales y encontró diferencias entre edades, deportes y niveles competitivos. Se necesitan más diseños longitudinales, experimentales y mixtos, además de muestras cultural y socioeconómicamente diversas, para comprender cómo cambia la influencia de padres, entrenadores y pares durante el desarrollo (Gao et al., 2024).

Conclusión

A modo de síntesis, la motivación deportiva en la infancia no parece exigir elegir entre ganar o disfrutar. Los niños consiguen valorar la victoria y, al mismo tiempo, encontrar satisfacción en aprender, progresar, sentirse capaces y compartir con otros. El resultado importa, pero no explica por sí solo la calidad de la experiencia deportiva.

Familias y entrenadores ayudan a definir qué significa tener éxito. Cuando el marcador se integra en un clima que reconoce esfuerzo, aprendizaje, autonomía y vínculos, competir puede conservar su atractivo sin desplazar otras razones para seguir practicando. Quizás corresponde cambiar la pregunta de ¿cuánto quiere ganar un niño?, por ¿qué aprende a valorar mientras juega?

Referencias bibliográficas

  • Gao, Z., Chee, C. S., Norjali Wazir, M. R. W., Wang, J., Zheng, X. y Wang, T. (2024). The role of parents in the motivation of young athletes: A systematic review. Frontiers in Psychology, 14, 1291711. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1291711
  • Jørgensen, T. M., Gjesdal, S. y Abrahamsen, F. E. (2024). Understanding enjoyment within the context of the children-to-youth sport transition in Norwegian soccer: A mixed methods study. Psychology of Sport and Exercise, 75, 102723. https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2024.102723
  • Morales-Belando, M. T., Côté, J. y Arias-Estero, J. L. (2021). A longitudinal examination of the influence of winning or losing with motivational climate as a mediator on enjoyment, perceived competence, and intention to be physically active in youth basketball. Physical Education and Sport Pedagogy. Advance online publication. https://doi.org/10.1080/17408989.2021.2006620