El embarazo suele asociarse a una etapa de bienestar y estabilidad emocional. No obstante, para muchas mujeres este periodo también activa o intensifica los desafíos vinculados con la relación con la comida. Una revisión reciente analizó la prevalencia global de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en el embarazo y mostró que estos cuadros se manifiestan con mayor frecuencia de lo creído. Además, reveló cambios en los patrones clínicos durante la gestación y una serie de factores que aumentan la vulnerabilidad psicológica en dicho momento. En la siguiente nota, revisamos qué se sabe, cómo se investigó y un testimonio clave que evidencia la relevancia de esta temática.
Entre transformaciones corporales y síntomas

Comencemos definiendo estos cuadros. Los TCA son un grupo heterogéneo de trastornos que comparten un núcleo común: se caracterizan por patrones persistentes de alteración en la ingesta, la percepción corporal y el control del peso. Entre los más frecuentes se encuentran la anorexia nerviosa, marcada por restricción alimentaria y miedo intenso a ganar peso; la bulimia nerviosa, que combina episodios de atracones con conductas compensatorias; y el trastorno por atracones, en el cual aparecen ingestas compulsivas sin purgas.
Ahora bien, durante años, se asumió que la gestación ejercía un efecto protector frente a estos cuadros. No obstante, hallazgos recientes han evidenciado un panorama complejo: al parecer, algunos síntomas clave de los TCA podrían intensificarse con los cambios corporales y emocionales propios del embarazo.
La gestación como periodo sensible
En concreto, la evidencia respalda que el embarazo podría modificar la expresión de determinados síntomas vinculados a la alimentación y la imagen corporal, ya sea por las alteraciones fisiológicas, las exigencias nutricionales o la presión social. Por lo tanto, comprender cómo se comportan los TCA en estas condiciones resulta clave para diseñar intervenciones oportunas.
En suma a atender la salud materna, los cuadros de esta índole también repercuten directamente en el desarrollo fetal, convirtiéndolos en un problema clínico relevante. En ese escenario, surge un estudio que examina la frecuencia en la que se presentan tales trastornos y los factores asociados, con el objetivo de ofrecer una visión actualizada del fenómeno.
Un nuevo estudio con más de dos millones de participantes
La investigación incluyó 11 estudios y un total de 2.369.520 mujeres embarazadas. El equipo seleccionó artículos que evaluaban TCA o comportamientos vinculados al control del peso durante la gestación. En cuanto al análisis, el mismo empleó modelos de efectos aleatorios para estimar la prevalencia global y explorar diferencias entre grupos.
Incluso, los autores analizaron la calidad metodológica de cada trabajo para asegurar la consistencia de los resultados. La mayoría de las investigaciones alcanzaron estándares adecuados, aunque presentaron variaciones en los criterios diagnósticos utilizados, aportando un matiz importante al interpretar los datos.
TCA y embarazo: ¿Panorama alarmante?

Los resultados de esta investigación mostraron que la prevalencia de los TCA durante el periodo de gestación fue del 4,3 %, con rangos que oscilaron entre un 0,5 % y un 10,6 %. Si bien dicho porcentaje podría parecer bajo, representa una presencia significativa en una población de alta sensibilidad clínica. Aún más, las variaciones amplias muestran que la realidad difiere según el contexto cultural, los instrumentos de evaluación o las características sociodemográficas.
Asimismo, otro hallazgo clave es que la frecuencia de anorexia nerviosa y del trastorno por atracones aumenta durante la gestación. Tal incremento contrasta con la disminución observada en la bulimia nerviosa, sugiriendo alteraciones en la sintomatología a medida que avanza el embarazo.
Perfil de mayor vulnerabilidad
El análisis evidenció que la prevalencia de los TCA es mayor en mujeres menores de 30 años, con nivel educativo secundario, casadas y con índice de masa corporal dentro del rango normal. Los perfiles demográficos podrían reflejar presiones socioculturales específicas o diferencias en la percepción del cuerpo durante este momento de vida.
Paralelamente, la comorbilidad emocional fue notable: la mitad de las participantes que cumplían con los criterios diagnósticos presentaron síntomas de ansiedad y un tercio refirió indicadores de depresión. Lo anterior, refuerza la necesidad de evaluar el bienestar psicológico de forma integral a lo largo del proceso.
Señales de alerta: Comportamientos compensatorios en gestación
Aunque las conductas purgativas o restrictivas son menos frecuentes en el embarazo, el trabajo identificó su presencia en una proporción relevante de casos. Entre ellas, se observaron ayunos, actividad física excesiva, vómitos autoinducidos y uso de laxantes o diuréticos.
A pesar de que se trataban de cifras mínimas, igualmente son clínicamente significativas. Ya que, tal y como hemos adelantado, las necesidades energéticas y nutricionales aumentan y las conductas compensatorias podrían poner en riesgo la salud materno-fetal.
Lo que la evidencia aún no puede responder

La revisión incluyó estudios muy heterogéneos, tanto en métodos de evaluación como en criterios diagnósticos. Dicha variabilidad dificulta comparar los resultados entre países y afecta la precisión de las estimaciones globales. A su vez, los cambios naturales del embarazo y los aspectos culturales asociados a la maternidad podrían influir en la forma en que se reportan los síntomas.
Otra limitación es que la mayoría de los estudios utilizó autoinformes, lo que podría subestimar o sobredimensionar ciertos comportamientos. Además, muchos diseños fueron transversales, dificultando el seguimiento de los TCA a lo largo del embarazo y el periodo posnatal (Çiçekoğlu Öztürk, 2024).
Voces que revelan la complejidad emocional
Recientemente, la cantante argentina Oriana Sabatini compartió en el podcast OLGA lo desafiante que resulta transitar la gestación con antecedentes de un TCA. Comunicó que ciertas transformaciones corporales reactivaron temores previos y que la pérdida de control sobre la ingesta —propia del embarazo— es especialmente difícil para quienes han regulado su vida alrededor del control alimentario.
También reflexionó sobre la presión estética que enfrentan muchas mujeres embarazadas, en especial por la distancia entre las imágenes ideales en redes y la experiencia cotidiana. Según relató, el espacio psicoterapéutico fue clave para sostener hábitos saludables. Su testimonio pone en palabras lo que la evidencia ya sugiere: los TCA en el embarazo combinan vulnerabilidad física y tensión emocional, y requieren un abordaje sensible y realista (Ciudad Magazine, 2025).
Una oportunidad para detectar, intervenir y acompañar
En síntesis, el embarazo no necesariamente protege de los TCA: más bien los transforma; la evidencia muestra que la prevalencia global es mayor de lo esperado y que algunos cuadros se intensifican en este periodo. Adicionalmente, la coexistencia de ansiedad y depresión subraya la necesidad de un abordaje integral que contemple salud mental y alimentación.
A partir de estos hallazgos surge una pregunta clave: ¿qué tipo de programas de detección temprana podrían aplicarse en la atención primaria para identificar TCA y su prevalencia en el embarazo antes de que escalen? Avanzar hacia protocolos sistemáticos podría mejorar el bienestar de las mujeres y favorecer un entorno más saludable para sus hijos.
Referencias bibliográficas
- Çiçekoğlu Öztürk, P. y Taştekin Ouyaba, A. (2024). Prevalence and related factors of eating disorders in pregnancy: a systematic review and meta-analysis. Archives of gynecology and obstetrics, 309(2), 397-411. DOI: 10.1007/s00404-023-07051-3
- Ciudad Magazine. (2025, noviembre 7). Oriana Sabatini habló sobre su embarazo y cómo enfrenta los TCA: “Es difícil aceptar los cambios del cuerpo”. https://www.ciudad.com.ar/espectaculos/2025/11/07/oriana-sabatini-hablo-sobre-su-embarazo-y-como-enfrenta-los-tca-es-dificil-aceptar-los-cambios-del-cuerpo/





















