En los últimos años, las relaciones parasociales se han convertido en un eje de estudio dentro de la psicología y la comunicación contemporánea. Este concepto, acuñado en los años 50, describe los lazos unilaterales que las personas establecen con las figuras públicas. Antes ocurría mayormente con las figuras televisivas, pero hoy se amplifica a las redes sociales, donde influencers, streamers y celebridades comparten aspectos íntimos de sus vidas. En este nuevo ecosistema virtual, la frontera entre lo auténtico y lo mediado se desdibuja, dando lugar a conexiones percibidas como genuinas. A lo largo de esta nota, exploraremos la evolución de tales vínculos, cómo influyen en el bienestar psicológico y las implicancias sobre la identidad digital.
De la televisión a la hiperconexión digital

El concepto de relación parasocial fue introducido por Horton y Wohl (1956) para describir la ilusión de intimidad que los espectadores desarrollaban con los personajes televisivos. Décadas después, el fenómeno se expandió a la radio, el cine y, finalmente, al entorno en línea.
En tales entornos interactivos, las audiencias ya no son meramente observadores, sino participantes activos en comunidades conectadas. De esta manera, la identidad digital y la construcción del yo en línea adquieren un papel central: los usuarios se integran simbólicamente en la narrativa del creador (Schramm et al., 2024).
Cuando la cercanía es solo aparente
Cabe destacar que existen diferencias clave entre una interacción y una relación parasocial. Mientras la primera se refiere a la sensación momentánea de cercanía que surge durante el consumo de contenido, la segunda describe un lazo más duradero y emocional con la figura admirada. Los likes, comentarios y mensajes en las redes sociales simulan reciprocidad, generando la ilusión de una conversación real. Así, estas conexiones se transforman en un componente estructural de la cultura de la conectividad.
Relaciones imaginadas y bienestar psicológico
Lejos de ser un mero efecto del entretenimiento, dichos lazos mediáticos cumplen funciones afectivas importantes. Tanto así que las interacciones podrían favorecer el equilibrio emocional al ofrecer compañía simbólica, reducir la soledad y fortalecer la autoestima. En contextos de aislamiento, los usuarios encuentran en sus referentes virtuales una forma de contención y pertenencia. Dichas experiencias satisfacen necesidades psicológicas básicas de conexión y reconocimiento, especialmente en los jóvenes (Hoffner y Bond, 2022).
No obstante, también tienen el potencial de generar efectos adversos. Cuando los vínculos se idealizan, surgen comparaciones sociales, frustración y ansiedad ante estilos de vida inalcanzables. La exposición constante a imágenes de éxito o perfección distorsiona la autoimagen y alimenta la dependencia de la validación externa. Es decir, los vínculos mediáticos funcionan como espejos: reflejan tanto la necesidad de conexión como las vulnerabilidades del yo contemporáneo.
El poder de la presencia: Interacción y consumo en línea

En el contexto del live streaming, las relaciones parasociales adquieren una dimensión comercial. Para ilustrar, la interacción y sensación de la presencia social influyen directamente en la compra impulsiva dentro del comercio en vivo. Dicho formato fusiona entretenimiento, confianza y deseo de pertenencia, generando una experiencia emocional que trasciende el producto. Los espectadores no solo observan una transmisión: sienten que participan de una conversación personal con el creador (Huang y Mohamad, 2025).
Adicionalmente, se evidenció la incidencia de factores como la ansiedad social y el miedo a quedarse afuera (fear of missing out, FOMO, en inglés), que incrementan la susceptibilidad del usuario. Cuanto mayor es la identificación con el influencer, más probable resulta seguir sus recomendaciones de consumo. En consecuencia, el marketing digital capitaliza estos lazos afectivos, convirtiendo la cercanía percibida en un potente motor de persuasión (Sokolova, 2020).
Del bienestar al consumo emocional…
Los hallazgos permiten comprender las relaciones parasociales como un fenómeno multifacético que combina aspectos afectivos, cognitivos y comerciales. A su vez, tales experiencias podrían fortalecer el bienestar o, por el contrario, derivar en malestar cuando reemplazan los vínculos interpersonales genuinos (Hoffner y Bond, 2022).
En tal contexto, Boyd et al. (2024) resaltan la necesidad de perfeccionar las herramientas de medición para captar las emociones implicadas en estas interacciones virtuales. Así, los autores coinciden en que el auge de la identidad digital redefine los límites entre la conexión afectiva y la estrategia de mercado, abriendo un campo fértil para la reflexión ética y psicológica.
Medir lo invisible: Desafíos actuales
Pese a su relevancia, evaluar estas conexiones mediáticas sigue siendo un desafío metodológico. A modo de ejemplo, los instrumentos clásicos —pensados para medios unidireccionales como la televisión— no reflejan adecuadamente la dinámica participativa de las redes. En espacios como Twitch o Instagram, el contacto constante borra los límites entre lo real y lo imaginado. Con ello en mente, un grupo de investigadores desarrolló la escala Relaciones Parasociales en las Redes Sociales (Parasocial Relationships in Social Media, PRISM en inglés), diseñada para capturar la complejidad de los vínculos en plataformas interactivas (Boyd, Rocconi y Morrow, 2024).

Dicha ambigüedad plantea interrogantes teóricos fundamentales: ¿puede considerarse parasocial un vínculo cuando hay respuesta, aunque mínima, del creador? ¿Dónde termina la ilusión y comienza la reciprocidad? Las investigaciones más recientes buscan integrar métodos de la psicología y la comunicación para comprender mejor esta forma de interacción mediada, donde la identidad digital del usuario se entrelaza con la del referente que sigue.
Conclusión
En resumen, las relaciones parasociales se han convertido en una pieza clave de la vida conectada. Nacidas en la televisión, hoy se expanden en plataformas donde la intimidad y la imagen se entrelazan con el deseo de pertenecer. Tales conexiones podrían ofrecer acompañamiento y estabilidad emocional, pero también amplificar la dependencia afectiva y la exposición a ideales irreales. Por lo tanto, comprenderlas implica reconocer que la vida virtual es, además de un espacio de interacción, un escenario donde se negocia identidad, validación y afecto.
En última instancia, estos lazos mediáticos invitan a una reflexión más amplia: ¿cuánto de la conexión que sentimos con quienes seguimos es real y cuánto responde a una construcción emocional mediada? En una cultura donde la visibilidad equivale a valor social, distinguir entre afecto genuino y vínculo proyectivo resulta esencial. Dichas relaciones revelan no solo cómo nos vinculamos con los demás, sino también cómo configuramos —y defendemos— nuestra identidad digital en un mundo donde la pantalla se ha vuelto el espejo del yo.
Referencias bibliográficas
- Boyd, A. T., Rocconi, L. M. y Morrow, J. A. (2024). Construct validation and measurement invariance of the Parasocial Relationships in Social Media survey. Plos One, 19(3), e0300356. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0300356
- Hoffner, C. A. y Bond, B. J. (2022). Parasocial relationships, social media, & well-being. Current Opinion in Psychology, 45, 101306. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2022.101306
- Huang, Y. y Mohamad, S. H. (2025). Examining the impact of parasocial interaction and social presence on impulsive purchase in live streaming commerce context. Frontiers in Communication, 10, 1554681. https://doi.org/10.3389/fcomm.2025.1554681
- Schramm, H., Liebers, N., Biniak, L. y Dettmar, F. (2024). Research trends on parasocial interactions and relationships with media characters: A review of 281 English and German-language studies from 2016 to 2020. Frontiers in Psychology, 15, 1418564. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1418564
- Sokolova, K. y Kefi, H. (2020). Instagram and YouTube bloggers promote it, why should I buy? How credibility and parasocial interaction influence purchase intentions. Journal of retailing and consumer services, 53, 101742. https://doi.org/10.1016/j.jretconser.2019.01.011





















