Ante una situación amenazante, reducir el malestar inmediato suele parecer una respuesta razonable. Sin embargo, algunas estrategias utilizadas para sentirse a salvo terminan dificultando nuevos aprendizajes. Las conductas de seguridad forman parte de distintos problemas relacionados con la ansiedad y el miedo. Su función, sus consecuencias y su utilidad clínica dependen también del contexto. Entonces, ¿qué ocurre cuando aquello que ofrece alivio inmediato contribuye a mantener el problema a largo plazo?

Cuando sentirse seguro tiene un costo

conductas de seguridad

Se denomina conductas de seguridad a las acciones visibles o estrategias mentales destinadas a prevenir una amenaza, disminuir la ansiedad o evitar un resultado negativo. Incluyen respuestas muy diferentes, desde evitar una situación hasta controlar cuidadosamente el propio comportamiento. Dentro de los modelos cognitivo-conductuales, se consideran un posible factor de mantenimiento de problemas vinculados con ansiedad, obsesiones y experiencias traumáticas (Goodson et al., 2026).

En esta línea, es posible identificar ejemplos cotidianos de lo anterior en cuadros clínicos como la ansiedad social. En esta presentación clínica, se destaca evitar el contacto visual, hablar poco, ocultar síntomas físicos o ensayar conversaciones antes de participar. Sin embargo, la conducta por sí sola no define su función. Una misma acción adquiere carácter de seguridad cuando busca reducir ansiedad o impedir aquello que se teme (Shechter Strulov y Aderka, 2025).

Huir o controlar la impresión

Una distinción relevante separa las conductas de evitación de aquellas orientadas al manejo de la impresión. Las primeras limitan la participación o buscan esconder aspectos personales. Entre ellas aparecen hablar poco, evitar revelar información personal o reducir el contacto visual (Rassaby et al., 2023).

Por otro lado, las estrategias de manejo de la impresión persiguen controlar cómo la persona es percibida. Ensayar excesivamente una conversación, vigilar el propio comportamiento u ocultar ansiedad son algunos ejemplos. Esta diferenciación resulta importante porque ambos grupos de conductas no parecen tener siempre las mismas consecuencias.

¿Qué muestra la evidencia reciente?

Siguiendo este eje, una revisión sistemática con metaanálisis examinó específicamente qué ocurre al aumentar o reducir conductas de seguridad. Se incluyeron 26 estudios en la revisión sistemática y 19 aportaron datos a los metaanálisis. En conjunto, participaron 2.048 personas adultas (Goodson et al., 2026).

De este modo, los estudios abarcaron ansiedad social, preocupaciones sobre la apariencia, ansiedad por la salud, síntomas obsesivo-compulsivos, estrés postraumático y otras dificultades. También incluyeron ensayos de tratamiento y experimentos realizados fuera de contextos terapéuticos. Las intervenciones variaron desde recordatorios digitales hasta procedimientos de varias sesiones con profesionales.

Lo que se observó: Hallazgos clave

Reducir las conductas de seguridad produjo un efecto moderado sobre su frecuencia después de retirar un estudio atípico. Además, la disminución de estas estrategias se relacionó con una reducción pequeña a moderada de los síntomas clínicos frente a controles. Cuanto mayor fue el cambio en las conductas, mayor tendió a ser también la reducción sintomática.

Por otra parte, cinco estudios manipularon experimentalmente el aumento de estas respuestas. El incremento produjo cambios importantes en las propias conductas y un efecto moderado sobre los síntomas. Sin embargo, estos resultados requieren cautela por el reducido número de estudios disponibles.

¿Por qué el alivio podría mantener la ansiedad?

conductas de seguridad

Como se ha mencionado previamente, las conductas de seguridad buscan disminuir una amenaza percibida. Precisamente por ello, pueden impedir comprobar qué habría ocurrido sin esa estrategia. La persona queda con menos oportunidades para modificar expectativas amenazantes o desarrollar tolerancia frente al malestar (Goodson et al., 2026).

Dentro de esta lógica, una experiencia aparentemente exitosa tal vez se atribuya a la estrategia utilizada. Por ejemplo, alguien podría concluir que una conversación salió bien únicamente porque preparó previamente muchos temas. Si la interacción resulta incómoda, en cambio, el resultado suele interpretarse como evidencia negativa sobre sí mismo (Shechter Strulov y Aderka, 2025).

Dicho proceso ayuda a comprender una paradoja. La conducta reduce la sensación de exposición, pero limita la posibilidad de descubrir que el resultado temido era manejable. Así, el alivio inmediato no necesariamente implica aprendizaje correctivo a largo plazo.

La huida parece especialmente costosa

En otro orden de ideas, los distintos tipos de conductas de seguridad tampoco parecen equivalentes. Un estudio con 132 adultos comparó personas con ansiedad social, depresión mayor y controles sin diagnóstico. Todos realizaron una tarea de interacción interpersonal y otra de discurso frente a cámara (Rassaby et al., 2023).

Asimismo, las conductas de evitación fueron más frecuentes en el grupo con ansiedad social. También aparecieron en mayor medida en participantes con depresión que en controles. Además, dentro de las muestras clínicas, mayor evitación se relacionó con más afecto negativo y conductas ansiosas observables.

A su vez, quienes utilizaron más evitación mostraron menor afecto positivo y menos conductas de aproximación. Este patrón apareció tanto en interacciones sociales como en situaciones de desempeño. Por ello, la evitación mostró asociaciones negativas relativamente consistentes entre contextos.

No todas funcionan de la misma manera

conductas de seguridad

Adicionalmente, las conductas orientadas al manejo de la impresión presentan un panorama más complejo. En la tarea interpersonal, se asociaron con mayor afecto negativo, aunque no con ansiedad estado ni conductas observables de aproximación. En cambio, durante el discurso, algunas se relacionaron con mayor afecto positivo y más aproximación observable (Rassaby et al., 2023).

No obstante, estos resultados no permiten realizar una lectura uniforme. Ensayar brevemente una intervención, por ejemplo, podría comportarse de manera distinta durante un discurso que dentro de una conversación recíproca. La evidencia disponible todavía no determina cuándo estas estrategias son útiles, neutras o perjudiciales a largo plazo.

Por ello, identificar una conducta de seguridad requiere observar su función, frecuencia y contexto. Etiquetar cualquier preparación, autocontrol o búsqueda de comodidad como problemática perdería estas diferencias relevantes.

Cuando aparecen en la vida cotidiana

En otra línea, la evidencia naturalista permite observar estas estrategias fuera del laboratorio. Un estudio siguió durante 21 días a 108 adultos, 54 con ansiedad social y 54 sin ella. Cada noche informaron sobre interacciones románticas, otras situaciones sociales, emociones y conductas de seguridad utilizadas durante el día (Shechter Strulov y Aderka, 2025).

Ambos grupos utilizaron más conductas de seguridad durante citas que en otras interacciones sociales. Sin embargo, esta diferencia fue mayor entre quienes tenían ansiedad social. Además, dentro de las citas, un mayor uso se asoció con emociones negativas más intensas en ambos grupos.

No se encontró una asociación significativa con emociones positivas. Por tanto, disminuir estas estrategias no implica necesariamente sentirse mejor de inmediato. Este punto resulta importante porque el cambio conductual podría producir beneficios diferentes del alivio emocional instantáneo.

Implicaciones para la intervención

conductas de seguridad

Consecuentemente, la revisión disponible respalda trabajar directamente sobre las conductas de seguridad como posible objetivo terapéutico. La reducción de estas respuestas se asoció con mejorías sintomáticas, incluso cuando constituía el foco principal de la intervención. Sin embargo, sus efectos fueron menores que los observados habitualmente en tratamientos multicomponente (Goodson et al., 2026).

Aun así, no parece adecuado eliminar todas las estrategias de forma indiscriminada. El tipo de conducta y la situación donde aparece deberían considerarse antes de intervenir. Algunas estrategias de manejo de la impresión podrían facilitar inicialmente la participación en situaciones exigentes, aunque todavía faltan datos sobre sus efectos prolongados (Rassaby et al., 2023).

En ansiedad social, además, evaluar situaciones concretas resulta especialmente relevante. Una cita, un discurso o una conversación cotidiana pueden activar temores diferentes. Por ello, identificar qué conducta aparece y qué función cumple permite comprender mejor su relación con el mantenimiento del malestar.

¿Qué falta por conocer?

Pese a su importante valor, la evidencia presenta varias limitaciones. El metaanálisis incluyó relativamente pocos estudios para algunas comparaciones y detectó posibles efectos de publicación. Además, muchas muestras estuvieron compuestas principalmente por mujeres jóvenes. También existió heterogeneidad en los tipos de conductas y síntomas analizados (Goodson et al., 2026).

Asimismo, los estudios específicos también presentan restricciones. Parte de los datos proviene de autoinformes y análisis correlacionales, lo que limita inferencias causales. Asimismo, algunas muestras fueron pequeñas, jóvenes o poco diversas. Por ello, todavía se necesita investigación sobre efectos a largo plazo, contextos diferentes y grupos clínicos más variados (Rassaby et al., 2023; Shechter Strulov y Aderka, 2025).

Conclusión

En definitiva, las conductas de seguridad buscan reducir ansiedad o prevenir resultados temidos, pero ese alivio suele tener costos. La evidencia indica que disminuirlas se asocia con mejorías clínicas, mientras aumentarlas intensifica síntomas. No obstante, sus efectos dependen del tipo de estrategia, la función que cumple y el contexto donde aparece.

Especialmente consistentes parecen los resultados negativos vinculados con la evitación. En cambio, algunas estrategias de manejo de la impresión muestran efectos más variables. Comprender esas diferencias evita simplificaciones y favorece una evaluación funcional más precisa. Tal vez la pregunta central no sea únicamente qué hace una persona para sentirse segura, sino qué aprende cuando necesita hacerlo.

Referencias bibliográficas

  • Goodson, J. T., Patel, T. A., Zech, J. M., Sala, M. C., y Cougle, J. R. (2026). The standalone effect of safety behavior manipulations: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 124, 102703. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2026.102703
  • Rassaby, M., Smith, T., y Taylor, C. T. (2023). Examining safety behavior subtypes across distinct social contexts in social anxiety disorder and major depression. Behavior Therapy, 54(3), 572–583. https://doi.org/10.1016/j.beth.2022.12.009
  • Shechter Strulov, T., y Aderka, I. M. (2025). Safety behaviors during dates among individuals with social anxiety disorder. International Journal of Clinical and Health Psychology, 25, 100614. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2025.100614