Una confesión incómoda, un gesto fuera de lugar o un intento fallido de destacar son capaces de provocar una reacción inmediata: risa nerviosa, incomodidad o vergüenza ajena. La palabra cringe capta con precisión dicha sensación y se instala con fuerza en redes sociales. Lejos de ser un fenómeno superficial, involucra procesos de empatía, evaluación social y autoconciencia. Asimismo, la incomodidad que surge al observar ciertas conductas dice mucho sobre las normas implícitas que regulan la interacción. En esta nota, exploraremos qué hay detrás de dicha experiencia y por qué incomoda tanto.
¿Qué es cringe? Una emoción social compleja

Aunque el término cringe proviene del inglés y originalmente hacía referencia a un gesto físico de incomodidad, su uso actual señala una experiencia emocional particular: la vergüenza ajena. En tal sentido, suele aparecer al presenciar situaciones torpes, exageradas o socialmente desubicadas que no involucran directamente a quien observa, pero que generan un malestar inmediato. Esta reacción no solo refleja una sensación incómoda puntual, sino también una evaluación social sobre lo que resulta aceptable en un contexto determinado.
Desde una mirada psicológica, el cringe se comprende como una emoción vicaria, es decir, una respuesta que surge al observar a alguien en una situación de ridículo. A diferencia de otras reacciones emocionales, en el caso abordado se trata de una experiencia que se vive desde afuera, pero que afecta internamente.
En consecuencia, se activan procesos tales como la empatía, la anticipación del juicio externo y la reflexión sobre las propias normas sociales. Por lo tanto, el malestar generado permite identificar no solo el desajuste ajeno, también la necesidad de preservar la propia imagen dentro de un grupo (Bisso, 2018).
Lo que pasa en la cabeza cuando algo da cringe
Para entender por qué aparece tal experiencia emocional, es útil pensar en una habilidad que usamos todo el tiempo, aunque no siempre seamos conscientes: la capacidad de imaginar lo que otra persona siente o piensa. En otras palabras, la teoría de la mente. Gracias a ella podemos ponernos en el lugar del otro, anticipar emociones y reacciones. Así, cuando alguien comete un error en público o actúa de forma desubicada, nos permite sentir la vergüenza que podría estar experimentando. Entonces, aunque no se diga una sola palabra, el malestar se contagia y genera incomodidad en quien observa.
El temor al espejo: Cuando el juicio es interno
Junto con la teoría de la mente interviene otro componente central, la autoconciencia evaluativa. No se trata solo de ponerse en el lugar del otro, sino también de imaginar qué pasaría si una situación similar ocurriera de forma personal.

Así, el cringe refleja un tipo de vigilancia interna vinculada al temor al juicio social. El malestar que surge, en muchos casos, actúa como una advertencia emocional que señala los límites entre lo que se considera adecuado y lo que logra generar rechazo grupal.
Y la empatía incomoda
Aunque suele asociarse con la comprensión y el acompañamiento emocional, la empatía no siempre genera cercanía. En ocasiones, al imaginar cómo se siente otra persona en una situación vergonzosa, también se activa el temor a experimentar algo similar.
Tal proyección provoca rechazo en lugar de conexión, especialmente si la escena evoca inseguridades personales. El cringe, en dicho sentido, no surge por indiferencia, más bien por un exceso de identificación.
El uso cultural
En redes sociales, por ejemplo, la vergüenza ajena se convirtió en contenido. Los vídeos con actuaciones torpes, declaraciones o gestos fuera de lugar circulan con rapidez y despiertan reacciones virales. Situaciones que antes generaban incomodidad en privado hoy se transforman en espectáculo compartido. Dentro de este marco, el cringe no solo se siente: se produce, se etiqueta y se comenta como forma de entretenimiento colectivo.
Reírse de alguien que se muestra torpe o vulnerable no solo divierte, sino que también une. Quienes comparten la risa sienten que forman parte de un mismo grupo, como si entendieran mejor las reglas sociales que la persona expuesta.
Sin embargo, cuando la risa nace del juicio o la burla, resulta posible transformarse en algo dañino. En vez de empatizar con quien se equivoca, se refuerza la idea de que fallar merece castigo. De esta manera, el cringe ya no funciona como una emoción pasajera, funciona como una forma de excluir (Ramos et al., 2022).
Lo incómodo también nos acerca…

En contraste con la burla, comienza a surgir una mirada más empática frente a la incomodidad ajena. Bajo el concepto de cringe solidarity, algunos individuos eligen no señalar ni reírse del error ajeno, sino acompañarlo desde la comprensión.
La torpeza, en vez de provocar rechazo, se reconoce como parte inevitable de la experiencia humana. En vez de compartir un video para burlarse, se comenta con afecto o se rescata la valentía de quien se anima a mostrarse.
Este enfoque invita a aceptar que sentirse incómodo es algo universal. Nadie está libre de pasar por situaciones vergonzosas, especialmente en contextos tan expuestos como las redes sociales. Desde tal perspectiva, el cringe deja de ser una herramienta de juicio para convertirse en un punto de encuentro.
En fin, lo incómodo también conecta
A simple vista, el cringe logra parecer apenas una reacción incómoda frente a conductas ajenas. Sin embargo, al observar más de cerca, revela una red compleja de emociones, normas sociales y temores personales. Sentir vergüenza indirecta activa mecanismos psicológicos vinculados a la empatía, la autoconciencia y el miedo al juicio. Por ende, la vergüenza ajena no habla únicamente de quien se expone, sino también de la necesidad de aceptación que atraviesa a quien observa.
Frente a dicha reacción, se abren dos caminos. Uno lleva a la burla, a reforzar barreras y marcar distancias. El otro, más desafiante, pero también más humano, invita a reconocer que la torpeza forma parte de toda experiencia social. Elegir la empatía en lugar del juicio no elimina la incomodidad, pero transforma su sentido. Al final, tal vez el desafío sea comprender qué revela sobre los vínculos, el deseo de pertenecer y la forma en que se convive con lo imperfecto.
Referencias bibliográficas
- Bisso, E. B. (2018). Para una lógica constitutiva de la vergüenza ajena. Perspectivas En PsicologíA, 15(2), 90-94.
- Ramos, B., Santos Martins, F., Elias De Sousa, A., Soares Da Costa, I. y Andrade, F. (2022). Eso es tan vergüenza: Explorando el concepto de vergüenza indirecta y dolor social [Póster]. Congreso Europeo de Psiquiatría. https://doi.org/10.1192/j.eurpsy.2022.1722





















