Aunque durante años se ha reconocido el impacto de la violencia de género en la vida de las mujeres, cada vez más investigaciones alertan sobre sus efectos colaterales en quienes también la presencian: sus hijos e hijas. En la adolescencia, una etapa de cambios intensos y vulnerabilidad emocional, crecer en un entorno donde las agresiones hacia la madre son frecuentes, pueden dejar marcas profundas. ¿Qué tipo de consecuencias existen en estos jóvenes? A continuación, exploramos un metaanálisis reciente que aporta evidencia sólida sobre el vínculo entre la exposición reiterada a violencia de género y el ajuste psicológico de los adolescentes.

Violencia de género: Más que un episodio aislado

Muchas veces, la violencia de género en el hogar es vista como un evento aislado. Sin embargo, suele tratarse de una experiencia sostenida en el tiempo. Así, hijos e hijas presencian agresiones de forma reiterada, a menudo en un clima de silencio, negación o justificación.

Pese a dicha continuidad, la mayoría de los estudios han abordado el fenómeno de forma binaria (expuestos vs. no expuestos). En consecuencia, se pierde de vista un aspecto crucial: la frecuencia con la que ocurren los episodios, y cómo esa reiteración agrava las consecuencias psicológicas a largo plazo.

¿Qué pasa cuando la violencia se repite?

violencia de género y adolescentes

La omisión mencionada ha dificultado comprender si existe un efecto acumulativo. Es decir, si a mayor exposición corresponde un mayor nivel de malestar o problemas de conducta. Además, no es menor destacar que la mayoría de las investigaciones disponibles tienen su foco en la infancia temprana. De tal manera, queda un “vacío” importante en la literatura sobre el impacto de dicha realidad en la adolescencia.

No hay que olvidarnos de que la adolescencia representa una etapa crítica para el desarrollo emocional, social y conductual. Frente a ello, resulta fundamental indagar de forma específica qué sucede ella, y si la repetición de la agresividad genera un efecto “dosis-respuesta”.

Un metaanálisis para entender el impacto acumulativo

Un equipo de investigadoras de la Universidad Autónoma de Madrid se propuso aportar claridad a una pregunta aún poco explorada: “¿cómo afecta la frecuencia con la que los adolescentes presencian violencia de género?”. Para ello, llevaron a cabo un metaanálisis de 35 estudios publicados entre 2000 y 2020. La muestra abarcó datos de más de 16.000 adolescentes de entre 10 y 21 años.

Así, el análisis examinó la relación entre la frecuencia de exposición a agresividad hacia la madre y la aparición de síntomas psicológicos o conductas problemáticas. Adicionalmente, también consideró variables como la edad, el sexo, el tipo de muestra o la forma de medir la violencia.

A mayor exposición, peores consecuencias

El hallazgo principal de la investigación fue claro: existe una relación “dosis-respuesta” entre la exposición a violencia de género en el hogar y el ajuste psicológico de los adolescentes. Es decir, cuanto más frecuentes son las acciones dañinas presenciadas, mayor es la probabilidad de desarrollar problemas emocionales y conductuales. Dicho patrón se mantuvo incluso al controlar por factores como el diseño de los estudios, la edad de los participantes o el tipo de informante.

violencia y adolescentes

En otro orden de ideas, entre los distintos tipos de consecuencias analizadas, destacaron tres en particular: las conductas externalizantes, los problemas en las relaciones de pareja y los síntomas internalizantes. A continuación, se detallará cada una con mayor detenimiento.

Conductas antisociales y agresivas

La relación más fuerte, fue encontrada en los problemas de conducta externalizante, como el comportamiento agresivo o antisocial. En esos casos, los adolescentes que presenciaban continuamente conductas hostiles hacia sus madres, mostraban más irritabilidad, transgresión de normas, impulsividad e incluso conductas predelictivas.

A su vez, el efecto fue más consistente que en cualquier otro tipo de síntoma evaluado. Y se mantuvo estable incluso al excluir estudios con sesgos o datos atípicos.

Noviazgos conflictivos y actitudes que legitiman la violencia

Otro de los resultados destacados, fue la asociación entre la frecuencia de exposición a violencia en el hogar y la presencia de comportamientos violentos en los vínculos de pareja durante la adolescencia. Lo antedicho incluye tanto la presencia de maltrato psicológico o físico, como la validación de creencias que justifican la agresión como forma de resolver conflictos. En ese sentido, la investigación advierte que los jóvenes podrían estar replicando patrones de interacción aprendidos en casa, normalizando relaciones basadas en el control o el daño.

Malestar interno: Una relación menos lineal pero significativa

Aunque con menor “fuerza” que en los casos anteriores, también se encontró una relación significativa entre la frecuencia de exposición y los síntomas internalizantes. Lo anterior incluye depresión, ansiedad o estrés postraumático. Curiosamente, el vínculo no fue tan claro al analizar síntomas específicos. Pero sí resultó más evidente al agruparlos como un conjunto general de malestar emocional.

Además, se denotó que el efecto aumentaba entre los adolescentes de mayor edad. Esto podría deberse a una mayor capacidad de introspección o a una acumulación de vivencias traumáticas.

exposición a violencia

¿Qué limitaciones existieron?

Si bien el metaanálisis aporta evidencia robusta, también presenta algunas limitaciones. Más de la mitad de las revisiones incluidas fueron de corte transversal, lo que impide establecer relaciones causales firmes entre exposición y síntomas. Además, gran parte de la muestra proviene de países anglosajones, lo que limita la generalización de los hallazgos a otros contextos culturales.

Por último, la mayoría de los estudios se centraron en tres tipos de consecuencias: conductas externalizantes, síntomas internalizantes y violencia en el noviazgo. Entonces, podrían haber quedado en segundo plano otras posibles secuelas como la disociación, la ideación suicida o las dificultades escolares.

¿Y ahora qué hacemos con esta información?

Los resultados reafirman una idea que el campo clínico ya venía sospechando: no solo importa la exposición a violencia, sino cuántas veces, por cuánto tiempo y en el momento del desarrollo en el cual se padece. Así, los efectos en la adolescencia se acumulan y, si no se interviene, tienden a cronificarse.

Reconocer a los y las adolescentes como víctimas directas de la violencia de género en el hogar (aunque no hayan recibido golpes) es una deuda pendiente. Por ende, se vuelve urgente atender sus síntomas y ofrecer intervenciones adaptadas a su edad y contexto. Para profundizar en los fundamentos conceptuales y clínicos de la violencia basada en género y entrenar estrategias de acompañamiento, te invitamos a nuestro curso Violencia basada en género: Herramientas clínicas de intervención sensible al trauma.

Referencia bibliográfica

  • Ronzón-Tirado, R., Redondo, N. y Muñoz-Rivas, M. J. (2023). The relationship between the frequency of gender-based violence exposure and adolescents’ psychosocial adjustment: A multilevel meta-analysis. Aggression and Violent Behavior, 73, 101872. https://doi.org/10.1016/j.avb.2023.101872