Los trastornos alimentarios (TCA) constituyen cuadros psicológicos graves, con alta morbilidad y mortalidad. Su prevalencia continúa en aumento a nivel mundial. Sin embargo, su detección enfrenta un problema estructural persistente: la dificultad para captar presentaciones heterogéneas. En este escenario, la evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios surge como una respuesta necesaria para mejorar la detección, la formulación de caso y la toma de decisiones. A continuación, analizaremos una revisión que propone criterios claros para seleccionar instrumentos según su impacto, utilidad clínica y adecuación a distintos contextos.

Trastornos distintos, ¿mecanismos comunes?

Evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios

La evidencia acumulada indica que los cuadros alimentarios presentan un alto solapamiento de síntomas y conductas. Esto ocurre entre diagnósticos como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón y presentaciones no especificadas. Para ilustrar, conductas como la restricción, los atracones o la preocupación excesiva por el peso y la figura aparecen de forma transversal, limitando la utilidad de cuestionarios basados exclusivamente en categorías diagnósticas rígidas.

Desde tal perspectiva, la evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios prioriza la medición de dimensiones nucleares compartidas, incluyendo aspectos cognitivos y conductuales centrales del cuadro, y captando mejor la severidad y la variabilidad clínica. Incluso facilita la identificación de los mecanismos que sostienen el trastorno. Todo ello ocurre más allá de la etiqueta diagnóstica formal, favoreciendo una comprensión más funcional del caso.

Una aproximación metodológica al problema

A partir de este marco general, surge un análisis que se centra en cómo se aborda el fenómeno en la investigación empírica y en la práctica evaluativa. En particular, el estudio examina los modos en que se operacionaliza el constructo y los criterios utilizados para su medición.

Su objetivo es identificar los principales instrumentos disponibles, describir sus características y analizar las condiciones en las que resultan más adecuados según el contexto de aplicación y la población evaluada. Así, la investigación busca aportar mayor claridad metodológica a un campo marcado por la heterogeneidad de enfoques y herramientas.

¿Qué instrumentos se incluyeron y por qué?

Con el objetivo de responder a la pregunta, el estudio revisó las principales herramientas evaluativas utilizadas en el campo de los trastornos alimentarios, adoptando una mirada transdiagnóstica. Es decir, se priorizaron instrumentos que no se limitaran a un diagnóstico específico, sino que examinaran dimensiones psicológicas nucleares compartidas entre distintos cuadros.

Precisamente, los autores eligieron los instrumentos a partir de tres criterios principales: que contaran con un respaldo psicométrico sólido, que hubieran sido aplicados en distintos trastornos y que tuvieran un impacto relevante en la literatura científica. Además, se incluyeron instrumentos más recientes que, aunque todavía no están ampliamente difundidos, muestran un potencial prometedor para su uso terapéutico.

Evaluar con criterio: ¿Cuándo usar cada herramienta?

Evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios

Las entrevistas clínicas estructuradas y semiestructuradas continúan siendo un recurso central para un abordaje integral de los trastornos alimentarios. Lo anterior se debe a que ayudan a relevar con precisión cogniciones y conductas relevantes. Desde una mirada transdiagnóstica, su principal valor radica en el análisis de patrones compartidos de funcionamiento, más allá de la asignación categorial estricta.

Cuando la entrevista no resulta viable, los cuestionarios de autoinforme adquieren un valor estratégico. En particular, una selección adecuada permite estimar la severidad de los síntomas y monitorear su evolución de manera eficiente.

No obstante, su pertinencia se encuentra directamente condicionada por el objetivo terapéutico que se persiga: no es lo mismo emplearlos con fines de detección o seguimiento clínico. En este sentido, su elección no debería responder a la “tradición disciplinar”, sino a criterios funcionales y clínicamente fundamentados.

Comorbilidad y seguimiento del tratamiento

Otro hallazgo consistente es la necesidad de integrar de manera sistemática el abordaje de comorbilidades. Los TCA se asocian con alta frecuencia a depresión, ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, trauma y consumo de sustancias. Por tanto, excluir tales dimensiones limita la formulación de caso. Incluso, podría conducir a intervenciones incompletas o poco ajustadas.

Asimismo, en el abordaje de los trastornos alimentarios, la evaluación transdiagnóstica se concibe como un proceso continuo que acompaña de forma sistemática el curso del tratamiento. De esa manera, la utilización regular de medidas breves y sensibles al cambio permite detectar de manera temprana estancamientos o deterioros clínicos, así como mejorías iniciales que podrían pasar inadvertidas. En conjunto, tal enfoque optimiza la toma de decisiones a lo largo del proceso terapéutico.

Nuevas tecnologías y desafíos emergentes

Por último, el trabajo analiza herramientas emergentes como la evaluación ecológica momentánea, las aplicaciones de autorregistro y los sensores pasivos. Dichas tecnologías permiten registrar cogniciones, emociones y conductas en tiempo casi real y en contextos naturales, reduciendo los sesgos asociados al recuerdo retrospectivo.

Tal enfoque resulta especialmente importante en los trastornos alimentarios, donde los síntomas presentan una alta variabilidad intraindividual. Al captar fluctuaciones diarias y patrones dinámicos, permiten una comprensión más precisa de los mecanismos que sostienen el cuadro, complementando el abordaje tradicional.

Aspectos metodológicos a considerar

Evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios

Si bien el trabajo reúne distintos enfoques teóricos y analiza el uso clínico de los instrumentos, no permite compararlos entre sí ni estimar qué tan efectivos son en términos cuantitativos. Además, al priorizar estrategias con mayor presencia en la literatura científica, la selección tiende a destacar instrumentos ya consolidados, mientras que otros más recientes, aunque prometedores desde el punto de vista clínico, aparecen menos representados.

En última instancia, cabe destacar que la evidencia que respalda los instrumentos revisados no es homogénea. Sus propiedades varían según la población evaluada y el objetivo de la evaluación. De esa manera, exige extrema cautela al extrapolar los resultados.

Evaluar mejor para intervenir con mayor precisión

Para sintetizar, la evaluación transdiagnóstica en trastornos alimentarios propone un cambio de foco claro. Implica menos énfasis en acumular herramientas y mayor atención al valor clínico de la información obtenida. Al priorizar dimensiones compartidas, comorbilidades pertinentes y seguimiento sistemático, fortalece la formulación de caso.

En un campo marcado por el subdiagnóstico, la migración entre categorías y la alta carga clínica, este enfoque no busca reemplazar el diagnóstico. Su objetivo final es complementarlo con una mirada más flexible y basada en evidencia.

Referencia bibliográfica

  • Levinson, C. A., Osborn, K., Hooper, M., Vanzhula, I. y Ralph-Nearman, C. (2024). Evidence-based assessments for transdiagnostic eating disorder symptoms: guidelines for current use and future directions. Assessment31(1), 145-167. https://doi.org/10.1177/10731911231201150