Actualmente, en el ámbito deportivo, la alimentación es casi tan relevante como el régimen de entrenamiento. En este escenario, donde las exigencias y la presión son enormes, se describe cada vez más a la ortorexia nerviosa. Se trata de una obsesión por comer de forma perfecta, basada en alimentos considerados puros, de alta calidad y estrictamente seleccionados. En deportistas y atletas, dicha preocupación podría pasar desapercibida bajo el discurso de la vida saludable. Sin embargo, cuando el patrón se vuelve rígido y restrictivo, tiene el potencial de generar déficits nutricionales, malestar psicológico y un impacto directo en el rendimiento corporal. En la siguiente nota, analizaremos la relación entre ortorexia y deporte, mediante un metaanálisis reciente que examinó la frecuencia de este fenómeno.

Entre la disciplina y la obsesión: Cómo detectar la ortorexia

La ortorexia nerviosa se define como un síndrome caracterizado por dietas muy restrictivas, rituales alimentarios y evitación extrema de productos considerados impuros. Por tanto, comparte ciertos rasgos con los trastornos de conducta alimentaria: la comida ocupa un lugar central en la autoestima y genera consecuencias corporales y sociales. Sin embargo, aquí el foco está en la calidad de lo ingerido y no tanto en la cantidad.

ortorexia y deporte

En este sentido, se plantea que incluso presenta similitudes con los trastornos obsesivo-compulsivos, debido a la rigidez cognitiva y las conductas repetitivas. Aun así, muchas prácticas se viven como normales, dificultando su identificación.

Hacia una mirada más clara

En el ámbito del movimiento y la preparación deportiva, varios trabajos describen que quienes entrenan con alta frecuencia, sobre todo en disciplinas centradas en la imagen o el rendimiento, suelen adoptar patrones extremos.

El problema es que las herramientas más usadas, como el Cuestionario ORTO-15, tienden a sobreestimar el problema y confunden hábitos saludables con patología. De esta manera, se vuelve difícil determinar cuánto se relaciona realmente la ortorexia con el deporte.

Ante estas discrepancias, la revisión sistemática realizada por Hafstad y colaboradores buscó ordenar la evidencia disponible. El objetivo concreto fue estimar cuán frecuente es este fenómeno en el ámbito deportivo y examinar qué variables explican las diferencias entre las investigaciones.

Así se construyó el análisis…

El equipo llevó a cabo una búsqueda sistemática en siete bases de datos y 24 estudios cumplieron los criterios. En total, sumaron 7.592 participantes, con un promedio cercano a 300 personas por grupo. La mayoría de las investigaciones se realizaron en países europeos. Aunque las condiciones variaban, todos los participantes compartían un elemento central: el ejercicio era una práctica regular en su vida cotidiana.

Las muestras procedían de gimnasios, universidades, centros de fitness, grupos de yoga y atletas de distintas disciplinas. Incluso, se incluyeron estudiantes físicamente activos. Para evaluar estas conductas, se usaron principalmente ORTO-15 y ORTO-11. Los autores aplicaron un modelo de efectos aleatorios para estimar la prevalencia global y la heterogeneidad entre trabajos. Ahora bien, ¿cuáles fueron los resultados?

Una obsesión más frecuente de lo esperado

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Las estimaciones de conductas ortoréxicas fluctuaron entre menos del 5 % y casi el 90 %. La amplitud de estas cifras anticipaba una gran dispersión entre análisis.

Al sintetizar los datos, la prevalencia global de perfiles ortoréxicos fue del 55,3 %. Es decir, más de la mitad de las personas evaluadas superaba el punto de corte. El mensaje general es claro: en quienes entrenan con frecuencia, estas tendencias son más comunes de lo que suele asumirse.

Analizando las cifras…

Al revisar cada trabajo por separado, el panorama se vuelve más extremo. Algunos estudios informan prevalencias superiores al 80 %, mientras otros no superan el 5 %. Esta variabilidad sugiere que no existe una única forma de entender este fenómeno. Lo anterior se debe a que influyen aspectos como el contexto cultural, el tipo de ejercicio, la edad y el entorno (universitario, clubes, gimnasios).

En lo que respecta al análisis de sensibilidad que excluyó estudiantes, la proporción de tendencias ortoréxicas se mantuvo en torno al 51,3 %. Esto indica que no se trata de un fenómeno limitado a jóvenes universitarios. Desde una perspectiva clínica, los datos invitan a que profesionales y entrenadores consideren estas conductas cuando la preocupación por la alimentación interfiere con la vida social, el bienestar emocional o el rendimiento corporal.

Sexo, modalidad deportiva y otros factores: ¿Mayor ortorexia?

Las hipótesis clásicas sugieren mayor riesgo en mujeres, deportes individuales y contextos competitivos. Sin embargo, el metaanálisis no encontró relación entre estas variables y las diferencias de prevalencia. Ni el sexo, ni la modalidad, ni el tamaño de los grupos explicaron la variabilidad observada.

Siguiendo esta línea, los autores plantean varias razones: falta de datos demográficos detallados, mezcla de disciplinas dentro de una misma muestra y ausencia de información sobre otros factores relevantes, como edad, dietas específicas, comorbilidad psiquiátrica o intensidad de las rutinas. No obstante, destacan que tales variables podrían ser claves para identificar perfiles más expuestos.

El talón de Aquiles: Cómo se mide este fenómeno

Uno de los hallazgos centrales fue el impacto del instrumento utilizado para evaluar estas conductas. Los diseños que usaron ORTO-15 u ORTO-11 informaron prevalencias cercanas al 65 %. En cambio, escalas más recientes mostraron cifras alrededor del 6 %.

A modo de ejemplo, el ORTO-15 marca como patológicos comportamientos vinculados a un interés saludable por la comida, sin diferenciar cuándo se vuelven rígidos o deteriorantes. De esta manera, la relación entre ortorexia y deporte podría estar sobreestimada.

Luces amarillas: Límites de la evidencia disponible

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El análisis identificó varias limitaciones. Primero, cerca de una cuarta parte de los trabajos presentaba riesgo de sesgo moderado, ya sea por métodos de reclutamiento poco representativos o definiciones poco claras. Además, casi todos utilizaron muestreos no aleatorios, reduciendo la posibilidad de generalizar resultados.

Otro problema fue el diseño transversal. Ninguna investigación siguió a las personas a lo largo del tiempo. Por lo tanto, no sabemos si estas conductas son temporales, si cambian con las rutinas o si anticipan problemas más graves. Y, en último lugar, muchos artículos no detallaron la modalidad del entrenamiento ni características psicológicas o clínicas de quienes participaron, dificultando identificar perfiles de riesgo concretos.

El equilibrio que aún falta

A pesar de estas limitaciones, el metaanálisis plantea un mensaje claro. En personas con alta dedicación al movimiento corporal, la preocupación intensa por comer bien podría ser frecuente y, en algunos casos, clínicamente relevante. Para entrenadores, nutricionistas y psicólogos, implica evaluar no solo el plan alimentario o la preparación física, sino también el costo emocional y social de ciertos ideales de pureza alimentaria.

A futuro, será fundamental afinar la definición clínica de ortorexia, crear instrumentos diagnósticos más fiables y realizar seguimientos a largo plazo, especialmente en el deporte. Promover un vínculo flexible con la comida —que combine rendimiento, bienestar psicológico y disfrute— se presenta como una estrategia clave para equilibrar autocuidado y exigencia deportiva.

Referencia bibliográfica

  • Hafstad, S. M., Bauer, J., Harris, A. y Pallesen, S. (2023). The prevalence of orthorexia in exercising populations: a systematic review and meta-analysis. Journal of Eating Disorders11(1), 15. https://doi.org/10.1186/s40337-023-00739-6