¿Alguna vez te ha pasado —o conoces a alguien— que días antes del período experimenta cambios anímicos intensos? El ciclo menstrual conlleva variaciones físicas y cambios anímicos que, en algunos casos, afectan significativamente el bienestar. En cuadros como el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual, tales fluctuaciones adquieren mayor intensidad. Por este motivo, la investigación reciente ha comenzado a enfocarse en técnicas psicológicas que podrían ayudar. En la siguiente nota, analizaremos cómo la regulación emocional y el síndrome premenstrual se vinculan, y cuáles son sus implicancias clínicas.
El rol del estado anímico

El síndrome y el trastorno disfórico premenstrual se caracterizan por cambios cíclicos en el estado de ánimo, la conducta y la reactividad emocional, especialmente durante la fase lútea del ciclo menstrual. Tradicionalmente, tales síntomas se han explicado a partir de factores hormonales. No obstante, esta explicación resulta parcial para comprender por qué algunas personas experimentan un malestar más intenso que otras.
En ese contexto, los procesos psicológicos —y en particular la regulación emocional— han comenzado a ocupar un lugar relevante. La forma en que las personas identifican, interpretan y gestionan sus emociones pareciera influir directamente en la intensidad y persistencia de los síntomas.
Cómo se estudiaron las variables
Para profundizar en la temática, un grupo de investigadores realizó una revisión sistemática, cuyo objetivo fue sintetizar la evidencia acerca de la regulación emocional en personas con síndrome premenstrual y trastorno disfórico premenstrual. Paralelamente, intentaron analizar si estas características varían a lo largo del ciclo menstrual.
Para ello se incluyeron análisis que evaluaban estrategias de regulación mediante cuestionarios o tareas experimentales, comparando personas con y sin estos cuadros, así como diferentes fases del ciclo dentro de un mismo individuo. En total, se analizaron 22 trabajos con más de 1500 participantes para así obtener una visión amplia del fenómeno.
Dificultades en etapas clave de la regulación emocional

En primer lugar, los resultados sugieren que las personas con tales cuadros presentan dificultades en procesos concretos de la regulación emocional. Particularmente, se observaron problemas en la identificación de los sentimientos y en la selección de estrategias adecuadas para gestionarlos.
Dichos momentos se asociaron con una mayor reactividad emocional y con menor claridad para reconocer los propios estados afectivos. Lo anterior podría contribuir a que los cambios anímicos se vivan con mayor intensidad o resulten más difíciles de regular.
Mayor rumiación y estrategias menos adaptativas
Otro hallazgo importante fue la tendencia a utilizar estrategias menos adaptativas. Entre ellas, se destaca una mayor presencia de la rumiación, especialmente durante la fase lútea tardía.
Dicho patrón suele amplificar el malestar psicológico, generando un circuito en el que los pensamientos negativos se sostienen en el tiempo y dificultan la recuperación emocional. A su vez, esta dinámica aumenta la vulnerabilidad a fluctuaciones afectivas más intensas.
Variaciones a lo largo del ciclo menstrual
A su vez, la revisión también mostró que la regulación emocional presenta variaciones según la fase del ciclo menstrual. Específicamente, las dificultades tienden a intensificarse en la fase lútea tardía, coincidiendo con el período de mayor vulnerabilidad psicológica.

Esto refuerza la necesidad de comprender tales procesos en interacción con los cambios biológicos, en lugar de analizarlos de manera aislada. De esa forma, una intervención podría depender, en parte, del momento del ciclo, teniendo implicancias para su abordaje clínico.
Desafíos de la evidencia
A pesar de los hallazgos, los resultados deben interpretarse con cautela. En primer lugar, existe heterogeneidad en las metodologías utilizadas, obstaculizando la comparación directa entre estudios.
Aun más, la evidencia acerca de algunas etapas del proceso de regulación emocional —como la implementación de estrategias— sigue siendo limitada y poco consistente. También son escasos los estudios experimentales, lo que restringe la posibilidad de establecer relaciones causales claras.
Hacia intervenciones más específicas…
Los resultados abren nuevas perspectivas para el abordaje clínico del síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual. Si las dificultades para identificar y manejar las emociones ocupan un lugar central, trabajar sobre estos aspectos ayudaría a disminuir la intensidad del malestar. Además, ofrecerían recursos que trascienden el contexto clínico y podrían integrarse en la vida diaria.
Por lo tanto, desarrollar estrategias terapéuticas sensibles a las distintas fases del ciclo menstrual mejoraría la eficacia de las intervenciones. Comprender la relación entre regulación emocional y síndrome premenstrual no solo permite explicar mejor los síntomas, sino también orienta tratamientos más ajustados a las necesidades singulares.
Referencia bibliográfica
- Lambert, E., Hunter, M., Cocker, H., Gurvich, C. y Chalder, T. (2025). Emotion regulation in Premenstrual Dysphoric Disorder and Premenstrual Syndrome: a systematic review. BMC psychology, 13(1), 1289. Doi: 10.1186/s40359-025-03587-y.





















