La seguridad del paciente en el ámbito de la salud suele asociarse a protocolos, checklists y reducción de errores clínicos. No obstante, en los últimos años ganó fuerza otra idea: la calidad asistencial también depende de cómo se sienten los equipos al trabajar. Si los profesionales pueden hablar, señalar riesgos o reconocer fallas sin temor a represalias, la atención debería ser más segura. ¿Pero ocurre realmente así? En esta nota analizaremos por qué la cultura organizacional en salud podría ser tan importante como los protocolos formales.

Mucho más que hablar “sin miedo”

seguridad psicológica y del paciente

La seguridad psicológica describe un clima laboral donde las personas sienten que pueden expresar dudas, admitir errores o plantear desacuerdos sin ser castigadas ni ridiculizadas. En equipos sanitarios, resulta especialmente relevante porque muchas decisiones se toman bajo presión y en contextos complejos.

Teóricamente, cuando existe un buen clima, aumenta la comunicación abierta, mejora el aprendizaje colectivo y se detectan antes los problemas asistenciales. Por eso, durante años se asumió que más seguridad psicológica implicaba automáticamente mayores niveles también en el paciente.

Del supuesto teórico a la evidencia

Aun así, trasladar esta idea al funcionamiento real de hospitales y centros de salud no es tan sencillo. Si bien un buen clima de equipo favorece la comunicación, no garantiza por sí solo mejores indicadores asistenciales. Por tal motivo, resulta necesario observar qué muestra la evidencia empírica disponible sobre los factores que inciden en la seguridad del paciente.

Cuando la teoría llega a la práctica

Para poner a prueba esa hipótesis, un grupo de investigadores realizó una revisión sistemática y narrativa sobre estudios cuantitativos centrados en la temática. El objetivo fue examinar si la seguridad psicológica se relaciona con resultados objetivos vinculados a la atención sanitaria.

La búsqueda incluyó ocho bases de datos y seleccionó nueve análisis publicados hasta febrero de 2024. En conjunto, reunieron información de más de 17.900 participantes y evaluaron variables como errores médicos denunciados, cumplimiento de protocolos, incidentes clínicos, uso de medidas restrictivas y eventos adversos.

¿Hallazgos menos lineales de lo esperado?

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Uno de los hallazgos centrales fue que solo cinco de los nueve trabajos encontraron una relación significativa entre ambas variables. Incluso dentro de esos trabajos, los resultados no siempre apuntaban en la misma dirección.

Por ejemplo, algunos equipos con mayor seguridad psicológica exhibían más errores o incidentes. Lejos de significar peor desempeño, podría reflejar una mayor disposición a reconocer problemas y aprender de ellos. En cambio, tasas bajas de reporte no necesariamente indican entornos más seguros: también podrían expresar silencio, temor o subregistro.

Reportar más no siempre significa hacerlo peor

La relación con los reportes cambia la interpretación habitual de los indicadores. Si una organización fomenta que su personal informe fallas, es posible que los números iniciales de incidentes aumenten. Es decir, se visibilizan situaciones que antes quedaban ocultas.

Desde esta perspectiva, medir la variable basándose únicamente en la ausencia de eventos adversos suele ser insuficiente. En efecto, la calidad asistencial depende de cómo una institución aprende, corrige y previene a partir de lo detectado.

El peso del contexto organizacional

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Los autores señalan que el efecto de la seguridad psicológica cambia según el tipo de tarea, el servicio, la jerarquía profesional y la historia institucional. No es lo mismo un quirófano, una sala de internación o un servicio de salud mental.

Del mismo modo, la relación entre clima laboral y seguridad asistencial varía según cómo cada organización gestiona los errores, brinda retroalimentación y transforma los reportes en mejoras concretas. En entornos donde las fallas se usan para aprender, la seguridad psicológica podría potenciar mejores resultados. Pero si predomina la sanción o la indiferencia, ese efecto tiende a debilitarse.

Qué aspectos requieren cautela

Primeramente, el número de estudios disponibles fue reducido. A su vez, existió una alta heterogeneidad en las variables medidas: algunos trabajos evaluaron errores reportados y otros cumplimiento de protocolos. Incluso, la mayoría de las investigaciones provinieron de Estados Unidos y se centraron principalmente en enfermería, limitando la posibilidad de generalizar las conclusiones a otros contextos.

Por último, varios diseños fueron transversales, por lo que no permiten establecer con claridad qué ocurre primero: si mejora el clima del equipo y luego los indicadores, o si mejores resultados fortalecen la percepción de seguridad psicológica. Lo anterior dificulta la posibilidad de inferir relaciones causales sólidas entre ambas variables.

Repensar la seguridad en los hospitales

Los hallazgos invitan a superar una visión simplista. La seguridad asistencial y del paciente no depende solo de normas técnicas ni exclusivamente del clima interpersonal, sino de la interacción entre ambos factores.

Fortalecer dicho fenómeno en salud podría ser una pieza estratégica, siempre que vaya acompañada de liderazgo consistente, sistemas de aprendizaje y estructuras que transformen los reportes en mejoras reales. En definitiva, la seguridad de una organización no es una que nunca reporte errores; es una que sabe qué hacer cuando aparecen.

Referencia bibliográfica

  • Montgomery, A., Chalili, V., Lainidi, O., Mouratidis, C., Maliousis, I., Paitaridou, K. y Leary, A. (2025). Psychological safety and patient safety: A systematic and narrative review. PLoS One20(4), e0322215. DOI: 10.1371/journal.pone.0322215