Competir implica entusiasmo y desafío, pero también una presión difícil de manejar. En jóvenes deportistas, la preocupación por equivocarse, decepcionar a otras personas o no estar a la altura tiende a transformarse en malestar que afecta pensamientos, sensaciones físicas y conductas. A su vez, la ansiedad de rendimiento en deportistas se vuelve imposibilitante cuando interfiere con el desempeño, el bienestar o la participación deportiva. ¿Qué ocurre cuando el miedo a fallar empieza a ocupar más espacio que el propio juego?
Cuando los nervios se vuelven algo más

En primera instancia, la ansiedad de rendimiento se caracteriza por un malestar emocional intenso antes, durante o después de actuar frente a otras personas. En el marco del deporte juvenil, usualmente se expresa mediante síntomas somáticos, cognitivos y conductuales. Asimismo, es común la aparición de tensión muscular, aumento de la frecuencia cardíaca, temblores o náuseas; también preocupación, pensamientos negativos, falta de atención, imágenes de fracaso, evitación o retraimiento. Cabe mencionar que la diferencia respecto de la activación precompetitiva habitual está en el grado de malestar y deterioro funcional que genera (Beenen et al., 2025).
Otro aspecto clave radica en que la respuesta ansiosa no es idéntica en todos los atletas. La misma es capaz de aparecer como un estado, una reacción transitoria ante una situación amenazante, o vincularse con una tendencia más estable, propia de la ansiedad como rasgo. Además, el nivel de activación que favorece o perjudica el rendimiento del deportista depende de variables como autoeficacia, entorno del equipo y perfil motivacional. De ese modo, aunque una competencia resulte estimulante para un joven, podría generar preocupación en otro.
El miedo a fallar como núcleo
Uno de los factores más asociados con la ansiedad de rendimiento en el deporte es el miedo a fallar. El mismo no se limita a “querer ganar”, ya que también involucra la expectativa de cometer errores, ser evaluado negativamente o no cumplir con estándares propios o externos. De la misma forma, influyen las metas de logro, las expectativas personales, la confianza, las habilidades de afrontamiento, la madurez cognitiva y el valor asignado a ganar o perder.
A su vez, el contexto tiene la capacidad de amplificar o reducir esa presión. Concretamente, el estilo del entrenador, el nivel competitivo, el apoyo disponible y las expectativas de adultos significativos para el joven forman parte del escenario en el que se interpreta lo que está en juego. Cuando el error se vive como amenaza, la competencia termina asociándose cada vez más con preocupación y vigilancia del desempeño. En ciertos casos, incluso aparecen conductas de evitación o abandono de prácticas y competencias (Beenen et al., 2025).
¿Qué muestra la evidencia?
El análisis presentado en las siguientes líneas se compone de tres investigaciones clave. Se trata de una revisión clínica con búsquedas principalmente entre 2010 y 2024 y de dos estudios empíricos en tenis y fútbol juvenil. En conjunto, permiten observar cómo la ansiedad varía según edad y contexto, además de aportar datos sobre autoconfianza, manifestaciones somáticas y posibles consecuencias asociadas.
Tenis: Edad, género y autoconfianza

Un estudio transversal evaluó a 42 tenistas de categorías U12 (12 años o menos) a U18 (18 años o menos), con una edad media de 13,74 años y cuatro años de experiencia competitiva nacional. En este contexto, la ansiedad y la autoconfianza se midieron antes e inmediatamente después de un partido oficial. Para ello, se utilizó el Inventario de Ansiedad Competitiva Revisado (Revised Competitive State Anxiety Inventory-2, en inglés, CSAI-2R) y el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (State-Trait Anxiety Inventory, en inglés STAI-E). De este modo, se halló que los participantes de 14 años o menos mostraron menor ansiedad rasgo (AR), menor ansiedad estado (AE) precompetitiva y menor ansiedad somática (AS) antes del partido que los mayores de 14 años (Martínez-Gallego et al., 2022).
Además, antes del partido, las chicas presentaron valores más altos de AE y AS que los chicos. Aun así, no hubo diferencias significativas en ansiedad cognitiva (AC), AR, ni nivel de autoconfianza. En general, las medidas de ansiedad antes y después de competir se relacionaron positivamente entre sí y negativamente con la autoconfianza. Sin embargo, aunque fue algo mayor antes de los partidos, las diferencias pre y poscompetencia no resultaron significativas.
Fútbol juvenil: Preocupación y vulnerabilidad
Otra investigación analizó a 322 futbolistas varones de 10 a 15 años (10-15), distribuidos en categorías Alevín (10-12 años), Infantil (13-14 años) y Cadete (15 años). Bajo este contexto, la ansiedad competitiva se evaluó con la Escala de Ansiedad Deportiva-2 (Sport Anxiety Scale-2, en inglés, SAS-2) que distingue entre la AS, los niveles de preocupación y las alteraciones de la concentración. Como detalle, el registro de lesiones se realizó durante una temporada. A su vez, el diseño fue observacional y no experimental, con una medición transversal de ansiedad y seguimiento longitudinal de lesiones (Sánchez-Ruiz et al., 2025).
Con respecto a los hallazgos, los jugadores Infantil y Cadete presentaron mayor preocupación que los Alevín, mientras que estos últimos mostraron más alteraciones en la concentración. Además, no hubo diferencias significativas entre categorías en la puntuación total de ansiedad ni en la AS. En relación a las lesiones, se las pudo vincular con la presencia de alteraciones de la concentración en la categoría Cadete, pero estas correlaciones no aparecieron en Alevín ni Infantil. A modo de síntesis, los datos sugieren relaciones específicas, no una conexión totalmente uniforme entre ansiedad y lesión.
¿Por qué aumenta la presión?

Con respecto a los resultados de tenis y fútbol, los mismos coinciden en que tener mayor experiencia competitiva no necesariamente elimina la ansiedad. Particularmente, en los tenistas mayores de 14 años se observó mayoritariamente a nivel precompetitivo, mientras que en fútbol la preocupación fue más alta en Infantil y Cadete. Lo anterior es compatible con la idea de que avanzar en edad y categoría acarrea mayores demandas, expectativas y sensibilidad a la evaluación. Pese a ello, las fuentes no permiten afirmar que la edad cause por sí sola más ansiedad (Martínez-Gallego et al., 2022; Sánchez-Ruiz et al., 2025).
También conviene diferenciar los distintos componentes. En concreto, preocuparse por el resultado de un partido, experimentar tensión corporal y perder concentración no son fenómenos idénticos. En el fútbol, los jugadores más jóvenes presentaron más dificultades de concentración, pero menos preocupación que los mayores. Así, hablar de “ansiedad” como una experiencia general puede ocultar matices relevantes, por lo que una evaluación multidimensional podría ayudar a identificar qué componente predomina.
Del temido error al afrontamiento
Cuando un atleta interpreta un error como señal de incapacidad o anticipa consecuencias negativas desproporcionadas, la preocupación suele favorecer la evitación de ciertos eventos. En relación a esto, la revisión clínica destaca a la terapia cognitivo-conductual como vía de intervención para la ansiedad de rendimiento en deportistas. El motivo de esto es que la misma trabaja con estrategias prácticas como relajación, exposición y resolución de problemas. Sumado a ello, también se recomiendan intervenciones basadas en mindfulness y aceptación (Beenen et al., 2025).
Adicionalmente, la participación de familias y entrenadores es especialmente relevante, ya que favorecen un clima centrado en el aprendizaje o reforzar la presión por el resultado. No obstante, la revisión advierte que la evidencia específica en población pediátrica todavía es limitada y que varios estudios presentan problemas de calidad metodológica.
Lo que todavía no se sabe

A pesar de todo, la evidencia debe interpretarse con cautela. El estudio de tenis incluyó solo 42 participantes y utilizó cuestionarios de autoinforme; además, no incorporó los resultados de los partidos. Por otro lado, la investigación centrada en fútbol se realizó únicamente con varones de un mismo entorno deportivo y evaluó la ansiedad competitiva en un solo momento, lo que limita la generalización a otras disciplinas, niveles competitivos y poblaciones (Martínez-Gallego et al., 2022; Sánchez-Ruiz et al., 2025).
Además, tampoco es posible afirmar que el miedo a fallar o la ansiedad causen por sí mismos peor rendimiento deportivo, lesiones o abandono. Esto, debido a que las relaciones observadas dependen de factores individuales y contextuales. La revisión clínica subraya, además, la necesidad de más estudios específicos sobre tratamientos psicológicos en atletas jóvenes y de ensayos con muestras mayores que comparen intervenciones con controles activos (Beenen et al., 2025).
Conclusión
En suma, la ansiedad de rendimiento puede manifestarse como preocupación, activación física, dificultades atencionales y evitación en jóvenes deportistas. El miedo a fallar adquiere especial relevancia cuando el error se interpreta como una amenaza a la propia capacidad o abre paso a la evaluación de otros. Junto con ello, la evidencia indica que edad, autoconfianza, contexto competitivo y entorno se relacionan con la forma en que esa ansiedad aparece, pero no todos sus componentes evolucionan del mismo modo ni afectan por igual a todos los atletas.
Detectar qué hay detrás de la presión permite evitar respuestas genéricas. La clave, entonces, no está en que el joven deportista compita sin sentir nervios. Está en impedir que la ansiedad limite la participación, el bienestar o el rendimiento. ¿Qué cambiaría en el deporte juvenil si el error se tratara menos como una amenaza y más como información para aprender?
Referencias bibliográficas
- Beenen, K. T., Vosters, J. A., y Patel, D. R. (2025). Sport-related performance anxiety in young athletes: A clinical practice review. Translational Pediatrics, 14(1), 127–138. https://doi.org/10.21037/tp-24-258
- Martínez-Gallego, R., Villafaina, S., Crespo, M., y Fuentes-García, J. P. (2022). Gender and age influence in pre-competitive and post-competitive anxiety in young tennis players. Sustainability, 14, 4966. https://doi.org/10.3390/su14094966
- Sánchez-Ruiz, R., Gil-Caselles, L., García-Naveira, A., Arbinaga, F., Ruiz-Barquín, R., y Olmedilla-Zafra, A. (2025). Competitive anxiety, sports injury, and playing category in youth soccer players. Children, 12, 1094. https://doi.org/10.3390/children12081094





















