La migraña es un trastorno primario de la cefalea y condición incapacitante común. Siendo de los trastornos de dolor de cabeza primario más gravosos en la población pediátrica. En este sector, no siempre aparece como dolor de cabeza. Ciertas variantes, como la migraña abdominal, el vómito cíclico, y las migrañas complicadas en menores (con ataxia, hemiparesia o alteración del nivel de conciencia) son manifestaciones frecuentes que desafían el paradigma clínico tradicional. Según la Clasificación Internacional de los Trastornos de la Cefalea (International Classification of Headache Disorders, 3rd edition, ICHD-3, en inglés), estas se reconocen como expresiones válidas del espectro migrañoso. Aunque suelen quedar fuera del radar clínico en los primeros años de vida. Si bien hay formas más conocidas como la migraña con aura, sin aura, hemipléjica o del tronco encefálico, centrémonos en las variantes de la migraña en los niños que suelen pasar desapercibidas o ser malinterpretadas.

Migraña sin cefalea

La migraña abdominal y el vómito cíclico suelen presentarse sin cefalea. Lo que lleva a derivaciones médicas hacia causas gastrointestinales. Cuando esas exploraciones resultan normales, los síntomas se etiquetan frecuentemente como conversión, un diagnóstico psiquiátrico que no siempre es apropiado. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición, Revisión de Texto (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision, DSM-5-TR, en inglés), por ejemplo, no contempla estas expresiones somáticas dentro de un marco propio. Lo que favorece diagnósticos ambiguos que pueden cronificar el malestar emocional.

migrañas en niños

Estos niños aprenden que el cuerpo puede enfermarse sin ser escuchado; en silencio, se construye la idea de que lo invisible también es legítimamente doloroso. Para el clínico, reconocer esta variante es clave, ya que la negación médica puede profundizar un trauma corporal temprano.

Desde la perspectiva del desarrollo emocional, estas vivencias pueden interferir en la construcción de una imagen corporal integrada, dificultar la regulación emocional y fomentar creencias implícitas. Como mi cuerpo falla o no puedo confiar en lo que siento. En edades tempranas, la interocepción (capacidad de percibir y comprender las señales corporales internas) es especialmente vulnerable a las narrativas de invalidación.

No olvidar

Asimismo, a pesar de que las características clásicas de la migraña en los niños son raras antes de los 6 años, se han descrito algunos síndromes relacionados. El tortícolis paroxístico benigno de la infancia, el vértigo paroxístico benigno de la infancia, el síndrome de vómitos cíclicos y la migraña abdominal se clasifican actualmente como síndromes episódicos de la infancia. Y, por lo tanto, precursores comunes de la migraña en menores. Su inclusión en la ICHD legitima estas expresiones clínicas como parte del continuo migrañoso infantil, aunque con frecuencia escapen a la mirada diagnóstica inicial (Gelfand, 2018).

Migraña complicada

Por otro lado, algunos menores desarrollan migrañas con síntomas neurológicos graves: ataxia, alteración del nivel de conciencia o hemiparesia. Estas crisis provocan miedo intenso en la familia y en el propio niño. Y suelen enmarcarse como episodios neurológicos traumáticos.

tipos de migrañas en niños

Ahora, más allá del evento, queda la vigilancia interna del miedo. Así, pueden presentar ansiedad anticipatoria, hipervigilancia al malestar corporal y evitación vinculada a la posibilidad de recurrencia, al igual que ocurre en el trauma. En psicoterapia, es crucial explorar el impacto vincular de estas experiencias (hospitalizaciones, sorpresas médicas, miedo paralizante) más allá del dolor físico.

A menudo, estos episodios marcan un antes y un después en la vida escolar y social del pequeño. Generando ausencias prolongadas, incomprensión de sus pares, y sospechas de fingimiento por parte del entorno educativo. La soledad del síntoma se vuelve, entonces, una barrera también para el lazo social.

Diagnóstico por exclusión

Muchas variantes de la migraña en los niños solo se diagnostican tras evaluación médica exhaustiva y descartes múltiples (Rothner, 2018).

Algo a considerar es que este tiempo de la duda médica ante un cuadro de migraña puede ser vivido por el niño como repudio corporal. Ansiedad, frustración o vergüenza pueden consolidarse cuando marchan sin alivio ni explicación. La espera se convierte en narrativa psíquica, algo anda mal conmigo, pero no lo puedo nombrar.

La importancia de la contención narrativa

Por otra parte, la validación ambigua que ofrecen los entornos adultos (ya se te pasará, eso no es nada grave, te lo estás imaginando, por ejemplo) refuerza la representación del cuerpo como un lugar fallido. La indefinición médica alimenta una forma precoz de soledad interoceptiva. Donde el pequeño aprende que lo que le pasa no es visible, no es creíble y no merece explicación.

Disparadores traumáticos

Algunas migrañas en menores son desencadenadas por traumatismos físicos, evidenciando la paradoja del cuerpo que daña a sí mismo como respuesta o rescate.

La migraña adquirida tras impacto o contusión podría en realidad ser una reacción somática traumática, no puramente somática orgánica. Para la psicoterapia, esto abre una investigación sobre la relación entre dolor, trauma corporal, y memoria sensorial. En algunos casos, la aparición posterior de síntomas físicos sin causa médica clara puede leerse como una reactivación corporal de aquella experiencia primitiva, el cuerpo recuerda lo que la mente no pudo todavía integrar.

Intervenciones recomendadas ante la migraña en niños

Las recomendaciones de tratamiento agudo para niños incluyen el uso de analgésicos de venta libre y medicamentos de triptano aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (Food and Drug Administration, FDA, en inglés). Las estrategias de tratamiento preventivo implican modificaciones del estilo de vida, enfoques conductuales y consideración de medicamentos preventivos con los perfiles de efectos secundarios más bajos (Al Khalili et al., 2023).

Eso sí, debería haber un enfoque integrador, que incluya intervenciones psicosociales junto con las médicas. Las alianzas con el entorno familiar, educativo y sanitario son imprescindibles para que el niño con migraña no quede fragmentado entre etiquetas diagnósticas inconexas (Oskoui et al., 2019).

No olvidar el trabajo con…

Las familias, que no solo en la educación sobre el fenómeno migrañoso, sino también en la tolerancia a lo inespecífico, a lo que aún no se nombra, a lo que no mejora linealmente. Muchas veces, los cuidadores sienten angustia frente a lo que no pueden explicar ni resolver. Esta angustia se traduce en hipercontrol, evitación o demandas médicas excesivas. Acompañarles a habitar esa impotencia sin volcarla en el niño es un acto clínico profundo.

El sistema escolar también debe ser convocado a esta lectura compleja del síntoma. No es infrecuente que los menores con migrañas atípicas sean tratados con escepticismo. E incluso castigados por sus ausencias, sus malestares recurrentes o su dificultad para mantener la atención. La psicoeducación a docentes no debería limitarse a explicar qué es una migraña, sino a reflexionar sobre cómo la escuela puede actuar como un espacio de legitimación o de exclusión del dolor invisible.

Por último, el trabajo conjunto con pediatras, neurólogos y profesionales de salud mental debe orientarse no solo a la coordinación operativa, sino a la construcción de una epistemología compartida del síntoma. Esto es, no hay jerarquía entre lo orgánico y lo emocional. Hay un entramado dinámico donde cada expresión corporal puede ser simultáneamente somática y simbólica.

Recomendaciones clínicas ante la migraña en niños

  • Durante crisis somáticas atípicas, explorar las emociones y la narrativa del niño sin apresurar el diagnóstico.
  • No descartar antes el componente emocional: preguntas como: ¿Qué pensaste cuando todo el mundo decía que no había nada mal en ti? permiten abrir ese canal.
  • Acompañar a la familia a separar el cuerpo de la identidad de los menores con migraña: ellos no son el síntoma que les sucede.
  • Incluir el historial de síntomas atípicos como parte de la anamnesis emocional, incluso si fueron diagnosticados como benignos o transitorios.
  • Evitar medicalizar el sufrimiento emocional, pero también evitar psicologizar de forma prematura lo que aún puede estar en fase somática de expresión.
  • Fomentar espacios de mentalización corporal en el niño: permitir que pueda ponerle nombre a lo que siente físicamente (vértigo, opresión, náusea) sin invalidación ni juicio.
  • Educar a las familias sobre el continuo entre cuerpo y emoción, de modo que no entiendan los diagnósticos neurológicos y los psicológicos como mutuamente excluyentes, sino como potencialmente complementarios.
  • En casos de tortícolis paroxística o vómito cíclico, trabajar con el niño rutinas de anticipación emocional. Enseñándole a identificar señales precoces de malestar, incluso si aún no son verbales.
  • Si existe comorbilidad con ansiedad o evitación escolar, evaluar el impacto funcional psicosocial de los episodios, más allá de la frecuencia médica.
  • Generar alianzas con pediatras y neurólogos para formar equipos transdisciplinarios que no releguen a los menores con migraña a un diagnóstico fragmentado, sino que respeten la complejidad somato-psíquica de sus experiencias.

Conclusión

Las variantes migranosas en menores, lejos de ser una rareza neurológica, invitan a una lectura más ambiciosa, la del cuerpo como primer archivo de la experiencia emocional. No son síntomas menores ni errores diagnósticos, son expresiones somáticas de una subjetividad que aún no ha construido relato. El niño con migraña que vomita sin causa médica, que cae en vértigo sin enfermedad vestibular, que se curva en una tortícolis sin lesión estructural, podría estar narrando algo que en su entorno aún no se sabe leer.

Eso sí, aceptar esto no implica psicologizar lo inexplicable ni negar la dimensión biológica, sino asumir que en la infancia el cuerpo no solo sufre, significa. Y en ese proceso, la validación clínica se convierte en un acto ético, escuchar el síntoma no como fallo, sino como forma.

Referencias bibliográficas

  • Al Khalili, Y., Asuncion, R. M. D. y Chopra, P. (2023). Migraine Headache in Childhood. In StatPearls. StatPearls Publishing.
  • Gelfand, A. A. (2018). Episodic syndromes of childhood associated with migraine. Current opinion in neurology31(3), 281-285. https://doi.org/10.1097/WCO.0000000000000558
  • Oskoui, M., Pringsheim, T., Holler-Managan, Y., Potrebic, S., Billinghurst, L., Gloss, D., Hershey, A. D., Licking, N., Sowell, M., Victorio, M. C., Gersz, E. M., Leininger, E., Zanitsch, H., Yonker, M. y Mack, K. (2019). Practice guideline update summary: Acute treatment of migraine in children and adolescents: Report of the Guideline Development, Dissemination, and Implementation Subcommittee of the American Academy of Neurology and the American Headache Society. Neurology93(11), 487-499. https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000008095
  • Rothner, A. D. (2018). Migraine Variants in Children. Pediatric annals47(2), e50-e54. https://doi.org/10.3928/19382359-20180126-02