A lo largo de la historia, numerosas mujeres han sido ignoradas, minimizadas o invisibilizadas en los relatos oficiales del progreso científico. Dicha tendencia no responde únicamente a casos aislados, sino que forma parte de un patrón sistemático de exclusión teorizado bajo el nombre de Efecto Matilda. A pesar de los avances hacia la equidad de género, tal fenómeno persiste, incluso en la actualidad. En esta nota, exploraremos en qué consiste el mencionado Efecto Matilda, cómo opera y qué implicancias tiene para la visibilización del trabajo de las mujeres científicas.

¿Qué es el Efecto Matilda?

Efecto Matilda, mujeres científicas

Su nombre se debe a Matilda Joslyn Gage, destacada activista de los derechos de las mujeres en el siglo XIX. Gage, en su obra Woman as Inventor (1883), denuncia cómo las mujeres inventoras fueron sistemáticamente ignoradas o sus logros son atribuidos a hombres. En este sentido, dada la inspiración en su legado, se acuñó el término para describir la tendencia a subestimar las contribuciones científicas de las mujeres.

Asimismo, dicho fenómeno se encuentra estrechamente ligado al Efecto Mateo, que privilegia a quienes ya gozan de prestigio en detrimento de quienes no son visibles. Consecuentemente, la antedicha dinámica también refuerza un círculo vicioso en el que la falta de reconocimiento perpetúa la desigualdad (Rossiter, 1993).

Invisibilización sistemática en la ciencia

El mencionado efecto se manifiesta en la negación o transferencia del crédito de descubrimientos realizados por mujeres a colegas varones. Un ejemplo paradigmático es el caso de Rosalind Franklin, cuya investigación fue fundamental para el descubrimiento de la estructura del ADN. Pese a ello, su trabajo se subestimó en favor de James Watson y Francis Crick. Invisibilización que no solo afectó el reconocimiento individual, sino que también perpetuó la idea de que las mujeres eran menos capaces en el ámbito científico (Saborit-Rodríguez et al., 2022).

Ejemplos históricos y actuales

A su vez, existen numerosos casos de científicas cuya labor fue eclipsada por figuras masculinas. Por ejemplo, Marie Curie, quien, aunque ganó dos premios Nobel, enfrentó discriminación y subestimación en su carrera.

Más recientemente, en 2018, Joy Buolamwini, investigadora del MIT Media Lab, junto a Timnit Gebru, publicó el estudio Gender Shades, donde analizaron sistemas de reconocimiento facial desarrollados por empresas líderes. Descubrieron que los algoritmos presentados tenían un margen de error de menos del 1 % al identificar rostros de hombres blancos, mientras que el error se disparaba a más del 30 % en el caso de mujeres negras.

A pesar del impacto de ese hallazgo en la discusión sobre sesgos en inteligencia artificial, durante un tiempo el trabajo recibió menor atención mediática e institucional que investigaciones posteriores lideradas por varones en el mismo campo. En definitiva, cada ejemplo nombrado demuestra que el Efecto Matilda no es un fenómeno del pasado, sino que persiste en la actualidad.

Evidencias empíricas de la desigualdad

Siguiendo esta línea, un estudio realizado en el año 2012 analizó la distribución de premios en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (Science, Technology, Engineering, and Mathematics, STEM, por sus siglas en inglés) en los Estados Unidos. Los resultados revelaron que, aunque la proporción de mujeres premiadas ha aumentado en las últimas décadas, los hombres continúan recibiendo mayor proporción de premios de investigación de lo esperado. Dicho resultado lo atribuyeron, en parte, a la composición de los comités de premios, que suelen verse conformados únicamente por hombres (Lincoln, et al., 2012).

Impacto y consecuencias

Efecto Matilda, mujeres científicas

El Efecto Matilda tiene consecuencias devastadoras para las profesionales. Al obtener menos reconocimiento, se enfrentan mayores dificultades para obtener financiación, colaboraciones y oportunidades de liderazgo. Eso se traduce en una menor representación de mujeres en posiciones de alto nivel, perpetuando así la brecha de género en la ciencia.

En tal sentido, una estrategia para visibilizar el trabajo de las científicas ha sido la creación de premios exclusivos para mujeres. Sin embargo, dicha práctica recibe críticas por contribuir a la ghettoización de los logros femeninos. Es decir, pueden reforzar la idea de que las contribuciones femeninas son de una categoría menos relevante o no comparable con la producción masculina, perpetuando así la desigualdad en lugar de corregirla (Lincoln, et al., 2012).

Hacia una ciencia más equitativa

Para combatir el Efecto Matilda, resulta fundamental implementar políticas que promuevan la equidad de género en la ciencia. Entre las recomendaciones se incluyen la diversificación de los comités de premios, la revisión ciega de nominaciones y la promoción activa de candidaturas femeninas. Además, es esencial educar a la comunidad científica sobre los sesgos implícitos y su impacto en la evaluación de las contribuciones en el área.

Asimismo, establecer mecanismos de supervisión en los procesos de adjudicación y fomentar la transparencia en la selección también puede contribuir a reducir las brechas. Dichas medidas, lejos de otorgar privilegios, buscan garantizar que las evaluaciones se centren en la calidad del trabajo, y no en prejuicios.

Nuevas generaciones

Efecto Matilda, mujeres científicas

Ahora bien, el mencionado sesgo histórico evidencia la necesidad urgente de revisar los relatos tradicionales de la historia de la ciencia. Reescribir esa historia, implica recuperar las trayectorias que se omiten deliberadamente por prejuicios de época. Además, fomentar la participación activa de jóvenes en la ciencia requiere algo más que políticas de acceso: exige transformar el imaginario colectivo sobre quién puede formar parte de ello.

Lo anterior, implica revisar materiales educativos, incluir referentes diversos en el aula, y fomentar vocaciones de dicho campo desde edades tempranas. Solo a través de una cultura científica inclusiva, que promueva la equidad, será posible reducir las brechas de género que sigan persistiendo y construir una comunidad académica más justa y representativa (Saborit-Rodríguez et al., 2022).

Un compromiso pendiente

El análisis del Efecto Matilda revela que la ciencia no ha sido históricamente un terreno neutral, sino un espacio atravesado por sesgos de género que han condicionado a quiénes acceden al reconocimiento y cómo se construye el conocimiento. En este sentido, no estamos frente a una problemática del pasado. Tales dinámicas persisten en la actualidad.

Apostar por una ciencia más justa implica revisar nuestras narrativas, ampliar los referentes que ofrecemos a las nuevas generaciones e implementar cambios concretos en los mecanismos de legitimación académica. ¿Cuántas mujeres científicas se han quedado fuera del relato oficial de la historia? ¿Estamos dispuestos a revisar nuestras propias prácticas para construir una comunidad verdaderamente equitativa?

Referencias bibliográficas

  • Gage, M. J. (1883)Woman as an InventorThe North American Review, 136(318), 478-489. https://www.jstor.org/stable/25118273
  • Lincoln, A. E., Pincus, S., Koster, J. B. y Leboy, P. S. (2012). The Matilda Effect in science: Awards and gender bias in the 21st century. Social Studies of Science, 42(2), 307-320. https://doi.org/10.1177/0306312711435830
  • Rossiter, M. W. (1993). The Matthew Matilda Effect in science. Social Studies of Science, 23(2), 325-341. https://doi.org/10.1177/030631293023002004
  • Saborit-Rodríguez, A., Morales-Pérez, M., Macola-Ross, D. de la C. y Vera-Aguilera, L. (2022). El sexismo en la historia de las ciencias: efecto Matilda. Revista Médica Electrónica, 44(4), 758-768.