Con gran habitualidad, utilizamos bien la creatividad como capacidad para solucionar algún problema cotidiano o bien la “creatividad” como palabra al construir una oración. En ciertas ocasiones, incluso, entramos en debates conceptuales sobre si una persona, sea una artista o una emprendedora, es realmente creativa. Evaluamos, en este sentido, si Van Gogh fue efectivamente creativo, si el uso de la subjetividad para impregnar su técnica, propia del postimpresionismo, podría ser adjetivado como creativo. Analizamos si Elon Musk, con todo su poderío tecnológico, puede caer dentro de esta categoría. Pero siempre caemos en un error, partimos desde asunciones o definiciones incompletas o personales. Algunas veces, consideramos que la creatividad es la originalidad extrema y, por ende, todo fruto de esa capacidad debe maravillar por ser una novísima creación; otras veces, censuramos trabajos artísticos por no tener una función utilitaria o, en todo caso, una utilidad inmediata o palpable. Veamos más.

La típica definición de creatividad

Por décadas, dos criterios bastaron para definir la creatividad. Desde la conceptualización de Stein (1953), la creatividad es aquella capacidad que permite la creación de trabajos novedosos y útiles.

Bajo esta óptica, un trabajo es realmente creativo, esto es, es producto de la creatividad, cuando presenta alguna modificación, adición o sustracción a las obras ya existentes (Cropley, 2011; Runco y Jaeger, 2012; Schubert, 2021).

Pero, además, debe solucionar algún problema de la sociedad, puesto que debe presentar algún tipo de utilidad. De no cumplirse ambos criterios, la producción no puede ser etiquetada como creativa (como resultado de aquellas redes cerebrales que sustentan la creatividad).

¿Andy Warhol fue creativo?

Para comprender mejor esta perspectiva, analicemos alguna obra de arte. Tomemos, por ejemplo, la obra “Campbell’s Soup Cans” de Andy Warhol, constituida por 32 pinturas de las latas de sopa de marca Campbell, una pintura por cada variedad de sabor existente en 1962, año de la exposición.

Martin, D. (2018). Obra Campbell’s soup cans (1962) de Andy Warhol (1928-1987) [Imagen digital]. Recuperado de www.sothebys.com

Si observamos esta obra con un par de binoculares conceptuales, en el que un lente permite ajustar el grado de originalidad y el otro lente el nivel de utilidad, puede que concluyamos que no se trató de un trabajo creativo desde la visión de Steiner (1953).

Aunque es de gran originalidad, pues Andy Warhol introdujo el mundo comercial al elevado ámbito del arte y lo hizo mediante técnicas semiautomáticas de reproducción en serie, su utilidad podría ponerse en tela de juicio.

¿Realmente soluciona algún problema de la sociedad? ¿Brinda algún tipo de alcance beneficioso para un grupo importante de personas? ¿Le fue de provecho al mundo del arte?

Estas interrogantes son las que suelen surgir cada vez que se intenta emplear la definición de Steiner para resolver si alguna producción es verdaderamente desenlace de la creatividad.

La definición de creatividad no considera la producción oriental

Si se intenta concluir si un gran número de obras orientales son creativas, volvemos a la misma encrucijada. En Oriente, al ser una sociedad colectivista, se valora la interdependencia de los miembros y el respeto por las tradiciones del grupo. Es por ello que se prefieren modificaciones mínimas a las técnicas y temáticas en pro de la protección de la costumbre (Kharkhurin, 2014).

En este sentido, puede que las obras orientales sean útiles, debido a que sostienen y preservan los pilares éticos de toda la sociedad al procurar que las obras conlleven una función didáctica.

Sin embargo, para lograr este cometido, se deben evitar grandes rupturas paradigmáticas, es decir, considerables transformaciones, lo que pone en duda su grado de originalidad.

Como vemos, la definición de Steiner (1953), aunque fundamenta los avances posteriores en materia de la creatividad, presenta serias limitaciones para abarcar todo el trabajo creativo de la humanidad.

Una definición más global

A Kharkhurin (2014) le es evidente este impasse en la investigación sobre creatividad y plantea cuatro criterios que posibilitan una evaluación plural de la creatividad.

Este autor toma tanto la novedad como la utilidad, pero les da una vuelta de tuerca.

Además, agrega dos criterios más en su búsqueda por integrar también la creatividad de concepción oriental.

1. La creatividad no requiere de absoluta originalidad

De la misma forma que Steiner, para Kharkhurin (2014) la novedad es la gestación de obras o ideas que no hayan visto la luz previamente (ver Goff y Torrance, 2002). Pero su visión supone una salvedad: La novedad es un espectro, más que un criterio determinante.

Basta que una obra tenga una modificación, por más leve que esta sea, para que pueda considerarse como creativa. En tal sentido, una creación puede ir de menos a más original y, aun así, considerarse como creativa. Este cambio conceptual permite que las obras orientales puedan ser admiradas en lugar de desechadas por la mirada occidental.

2. Una obra puede ser creativa si es útil para el creador

Asimismo, al ser colocada en una galería y recibir críticas positivas de curadores de arte, se comprende que es estimada como creativa por los espectadores de ese contexto (perspectiva sociocultural).

Es una obra que, desde su construcción, integra los modismos comerciales de una época en donde impera la producción en masa, por lo que expresa un zeitgeist (perspectiva temporal).

No obstante, no necesariamente posee la función didáctica de diseminar los principios éticos del periodo (perspectiva moral).

3. La creatividad produce admiración por la belleza

Tras ampliar ambos criterios, ingresa dos más, inspirado en la creación oriental: la estética y autenticidad.

Para Kharkhurin (2014), el criterio estético hace referencia a la capacidad de una obra o una idea para generar una admiración de la belleza en el veedor.

Esta admiración es, como se entiende, bastante subjetiva, porque depende de la evaluación sensorial, emocional e intelectual del espectador.

Es por ello que tanto la serie “Los girasoles” de Van Gogh pueden despertar una sensación de belleza, como “Fettecke” de Joseph Beuys, una obra constituida por cinco kilos de manteca colocados en una esquina del museo Düsseldorf.

4. Las obras creadas por inteligencia artificial no son parte de esto

Finalmente, la autenticidad, que es el criterio más oriental de todos, consiste en la expresión del bagaje interior de cada persona (Kharkhurin, 2014).

Así, por ejemplo, las obras o ideas producidas por inteligencia artificial no podrían ser catalogadas como auténticas y, por tanto, como creativas al no representar la visión interna de una persona. Puede que cumplan con los otros tres criterios (novedad, utilidad y estética), pero no del mismo modo con este último.

En ese marco, se abre más la definición de creatividad para poder incorporar no solo las creaciones occidentales, sino, también, las orientales y aquellas obras artísticas o ideas que parecieran no corresponderse con una utilidad inmediata.

Conclusión

La creatividad es una capacidad cerebral que, por décadas, ha presentado problemas para ser definida operacionalmente.

Aunque en la actualidad persiste esta problemática, algunos autores han venido planteando posibles soluciones. Uno de ellos es Anatoliy V. Kharkhurin, quien amplió la definición de Steiner, de dos a cuatro criterios o rasgos, con base en la integración de la creatividad occidental y oriental.

Desde su propuesta, la creatividad podría ser descrita como aquella capacidad que nos faculta para crear obras novedosas, útiles, estéticas y auténticas. Lo que falta, sin embargo, es validar esta definición y construir instrumentos de evaluación que la incorporen.

Referencias bibliográficas

  • Cropley, A. (2011). Definitions of Creativity. En M. A. Runco & S. R. Pritzker (Eds.), Encyclopedia of creativity (2a ed., pp. 511-524). Academic Press. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-375038-9.00066-2
  • Goff, K. y Torrance, E. P. (2002). Abbreviated Torrance Test for Adults. Scholastic Testing Service.
  • Kaufmann, G. (2003). What to measure? A new look at the concept of creativity. Scandinavian Journal of Educational Research, 47(3), 235-251. Recuperado de https://doi.org/10.1080/00313830308604
  • Kharkhurin, A. V. (2014). Creativity.4in1: Four-Criterion Construct of Creativity. Creativity Research Journal, 26(3), 338-352. doi:10.1080/10400419.2014.929424
  • Runco, M. A. y Jaeger, G. J. (2012). The Standard Definition of Creativity. Creativity Research Journal, 24(1), 92-96. https://doi.org/10.1080/10400419.2012.650092
  • Schubert, E. (2021). Creativity Is Optimal Novelty and Maximal Positive Affect: A New Definition Based on the Spreading Activation Model. Frontiers in Neuroscience, 15. https://doi.org/10.3389/fnins.2021.612379
  • Stein, M. I. (1953). Creativity and culture. Journal of Psychology: Interdisciplinary and Applied, 36(2), 311-322. Recuperado de https://doi.org/10.1080/00223980.1953.9712897