El suicidio en la infancia y la adolescencia continúa siendo una de las principales causas de muerte, lo que lo convierte en un problema urgente de salud pública. Por eso, la detección temprana representa uno de los mayores desafíos clínicos. En este contexto, comienza a ganar fuerza un nuevo enfoque: ¿y si el cuerpo tuviera la capacidad de alertar antes incluso de que el sufrimiento psicológico se exprese en palabras o en conductas visibles? A continuación, nos basamos en un metaanálisis reciente que analizó posibles correlatos biológicos periféricos del suicidio en niños y adolescentes.

¿Qué se sabe hasta el momento?

Correlatos biológicos del suicidio

Durante años, la evaluación del riesgo suicida se realizó a través de entrevistas clínicas, escalas psicométricas y antecedentes personales. Empero, muchos casos continúan pasando desapercibidos, especialmente en jóvenes que no logran comunicar su malestar o que lo enmascaran.

Tal dificultad ha motivado la búsqueda de biomarcadores periféricos y correlatos biológicos obtenidos fuera del sistema nervioso central. Lo anterior, con el objetivo de poder complementar la evaluación tradicional con datos fisiológicos capaces de anticipar conductas de riesgo de suicidio, especialmente en adolescentes.

Existe un vacío en la literatura

En la población adulta existe ya un cuerpo creciente de investigaciones en esta línea. No obstante, las indagaciones centradas exclusivamente en niños y adolescentes han sido más escasas. Lo anterior supone una limitación importante, ya que los cambios biológicos y neuroendocrinos que ocurren en estas dichas no son comparables a los del adulto.

Se abre una nueva línea de investigación…

En tal contexto, emerge un nuevo estudio destinado a sintetizar la evidencia respecto de los biomarcadores periféricos que pudieran vincularse con ideación o conducta suicida en población joven. Para ello, los investigadores seleccionaron más de 100 exploraciones que abarcaron participantes de entre 6 y 18 años, organizados en tres categorías según el riesgo de suicidio evaluado: ideación, intento o ambos. Además, examinaron múltiples variables biológicas, incluyendo marcadores inmunológicos, hormonales, genéticos, infecciosos y metabólicos.

¿Existen biomarcadores para el suicidio?

Entre los hallazgos más relevantes, se identificó una asociación significativa entre niveles elevados de cortisol y suicidabilidad. Dicho resultado es coherente con la literatura que vincula el estrés crónico y la disfunción del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal con alteraciones emocionales y conductas autodestructivas.

Sistema inmunológico y parámetros inflamatorios

Otro de los descubrimientos más prometedores provino del sistema inmunitario. Tanto el recuento absoluto de neutrófilos, glóbulos blancos que defienden al cuerpo de infecciones, como la relación neutrófilo-linfocito, obtenida a partir de un hemograma común, se asociaron de forma significativa con ideación o intento suicida.

Tales medidas reflejan procesos inflamatorios. Que podrían estar vinculados a una activación inmunológica crónica, incluso en ausencia de enfermedad física.

Toxoplasmosis y asociaciones inesperadas

A su vez, un hallazgo inesperado fue la relación entre seropositividad a Toxoplasma gondii y el riesgo de suicidio. La toxoplasmosis, una infección parasitaria comúnmente asintomática, ya había sido vinculada con alteraciones del comportamiento en investigaciones previas. Estos datos en población joven abren nuevas líneas de investigación sobre cómo ciertos agentes infecciosos podrían modular el riesgo emocional.

Algunas limitaciones a considerar…

Sin embargo, los resultados mostraron una alta variabilidad según el momento del día y el método utilizado para recolectar las muestras, lo cual dificulta la estandarización de estos biomarcadores en contextos clínicos. A modo de ejemplo, los marcadores analizados en sangre periférica mostraron asociaciones más robustas que los recolectados en saliva.

El metaanálisis también encontró variaciones relevantes según el tipo de suicidabilidad evaluada. De hecho, algunos correlatos biológicos resultaron más sensibles a la ideación del suicidio que al intento, sugiriendo que los biomarcadores podrían diferenciarse según la etapa del riesgo.

Paralelamente, los efectos fueron más consistentes cuando se comparaban con controles sanos, en lugar de otros grupos clínicos, indicando que algunos de estos marcadores podrían no ser específicos del suicidio, sino comunes a varios trastornos mentales. Por último, otro punto crítico fue la falta de información sobre el tiempo transcurrido entre la conducta suicida y la toma de muestras biológicas. Dato que, sin lugar a dudas, podría modificar drásticamente la interpretación de los resultados.

Una mirada al futuro: lo que el cuerpo podría revelar

A pesar de sus limitaciones metodológicas, el estudio representa un avance crucial en la comprensión del suicidio en niños y adolescentes desde una mirada biológica. Identificar correlatos biológicos periféricos confiables podría permitir una detección más temprana del riesgo del suicidio y así, orientar intervenciones preventivas con mayor precisión. Si bien aún no se ha definido un biomarcador único capaz de predecirlo, los hallazgos consistentes en torno a variables inmunológicas e inflamatorias ofrecen un punto de partida prometedor para nuevas investigaciones.

De hecho, la combinación de enfoques biológicos y psicosociales podría ser determinante para el diseño de herramientas clínicas más integrales, que permitan una prevención más eficaz y sensible del suicidio en niños y adolescentes. Si quieres profundizar en estrategias para la prevención, evaluación, intervención y posvención, te invitamos a nuestro curso Prevención del suicidio: Herramientas clínicas de intervención.

Referencia bibliográfica

  • Pak, T. K., Ayvaci, E. R., Carmody, T., Jamma, L., Feng, Z., Nekovei, A., Emslie G. y Trivedi, M. H. (2025). Peripheral biological correlates of suicidality in children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. iScience. Doi: 10.1016/j.isci.2025.112290