La monogamia es una forma de relación que conforma un estándar adoptado por la mayoría de los que tienen relaciones románticas comprometidas en las sociedades occidentales. Sin embargo, no es una característica biológica innata en los seres humanos. Mismamente, el atlas etnográfico de Murdock, que analiza más de 800 sociedades, muestra que el 80% de ellas no son monógamas. Además, esto no solo se adjudica al ser humano, sino que también puede observarse en muchas especies. De hecho, son las similitudes observadas en la naturaleza funcional y estructural de los circuitos cerebrales en algunos mamíferos monógamos lo que ha llevado a indagar sobre el origen evolutivo de la monogamia social. Y es que, por si no lo sabías, hay regiones cerebrales involucradas en la modulación del comportamiento monógamo. Centrémonos, esta vez, en el concepto y el estigma que rodea a aquello que no sigue este tipo de relación.

¿Qué es la monogamia?

Según Pérez Porto y Merino (2019), la monogamia se define como una relación sentimental exclusiva en la que los miembros de la pareja no tienen relaciones íntimas con otras personas. En general, se puede entender como un modelo de relaciones afectivas y sexuales basado en la exclusividad, en el que el individuo monógamo mantiene una conexión única con su pareja.

Un concepto cambiante

Es importante tener en cuenta que la interpretación de este concepto puede cambiar y ha evolucionado en el tiempo. Aspecto que refleja cómo las personas varían en su comportamiento sexual, reproductivo, parental, familiar y social de acuerdo con los desafíos físicos y sociales que se les imponen a lo largo del desarrollo.

¿Cómo se origina?

En épocas primitivas, la promiscuidad humana garantizaba la libertad, pero también impedía establecer con certeza la paternidad de los hijos. En este contexto, existía el derecho materno y la familia sindiásmica se convirtió en el primer intento de solucionar las dudas filiatorias.

Después, los griegos promovieron la monogamia como una forma de asegurar la fidelidad de ambas personas con los futuros herederos. De esta manera, se abandonó la familia sindiásmica y se adoptó la familia monogámica monogamia. Pues esto ofrecía las ventajas de la crianza compartida, la protección de los recursos y el apoyo social (Veiga, 2016).

En la antigua Grecia, el amor y las relaciones sexuales estaban vinculados, pero no necesariamente con el matrimonio monogámico, ya que los hombres buscaban el placer sexual fuera del matrimonio.

La religión influyó en ello

Además de los factores culturales y sociales, la religión ha desempeñado un papel significativo en la difusión y consolidación de la monogamia normativa. A lo largo de la historia, muchas religiones han promovido y defendido la idea del matrimonio monógamo como una parte integral de sus enseñanzas y valores fundamentales.

Así pues, la religión ha servido como un poderoso vehículo para la transmisión de normas y valores morales dentro de la sociedad. Las escrituras sagradas, los textos religiosos y las enseñanzas de líderes espirituales han transmitido y legitimado la idea de que la monogamia es la forma preferida y moralmente correcta de relación conyugal. Enseñanzas que han influido en las actitudes y comportamientos de las personas en relación con el matrimonio y la fidelidad marital.

Sin olvidar que, además, la institución religiosa ha tenido un papel activo en la regulación y el control de la conducta sexual y conyugal. Las leyes y normativas religiosas han establecido y promovido el matrimonio monógamo como la norma socialmente aceptable, mientras que han condenado la poligamia y otras formas de relaciones maritales múltiples.

Un estigma latente ante lo “no monógamo”

Las relaciones monógamas se ven considerablemente de forma más favorable que las relaciones no monógamas y se perciben como más seguras, más morales, comprometidas, significativas, apasionadas y de confianza (Lee y O’Sullivan, 2019).

Se ha señalado que la concepción de la monogamia como sinónimo de moralidad puede tener un impacto significativo en la propia percepción. Esto último, potencia la presencia de estigmas y estereotipos negativos generalizados hacia lo que se aleja de la práctica cultural predominante (es decir, la mononormatividad, que supone que las asociaciones monógamas son las más naturales y aceptables).

Así, dado que existe una especie de estigma moral hacia estas estructuras de relación, aquellos que se adhieren al mito de la monogamia pueden sentirse culpables cuando no cumplen con esta norma socialmente aceptada, por ejemplo. Lo que puede llevar a una autoimagen negativa cuando las personas no cumplen con dicha norma.

La monogamia: Un tipo más de relación

De hecho, ¿sabías que quienes se encuentran en relaciones no monógamas se les asocia alta impulsividad, agresión y menor educación? Sin embargo, se desconoce si tales percepciones son precisas (Mogilski et al., 2020). 

El ámbito de la salud no se salva…

Muchas personas, incluidos los proveedores de servicios sociales y salud, continúan recurriendo a la desinformación y estereotipos erróneos, lo que puede suponer una barrera considerable para el cuidado.

En algunos casos, se condena el carácter moral de los pacientes, hasta el punto de atribuir a condiciones no relacionadas, como la depresión, a la no monogamia. O, en un extremo, intentando que la persona adopte estilos de vida monógamos (Levine et al., 2018).

La comunicación como factor clave en cualquier relación

Independientemente del tipo de relación, la comunicación como elemento de acuerdo y establecimiento de límites, es un factor fundamental para llevar a cabo cualquier tipo de vínculo y prevenir el deterioro de este. Así, los distintos estilos de comunicación influirán en el impacto del problema, ya sea equilibrando la relación o aumentando el intercambio de reforzadores aversivos. En esto, un estilo de colaboración y comunicación constructiva implica expresar los propios intereses, sentimientos y deseos sin recurrir a la amenaza o castigo para alcanzar acuerdos forzosamente.

Conclusión

La monogamia se puede entender como un modelo de relaciones afectivas y sexuales basado en la exclusividad, en el que el individuo monógamo mantiene una conexión única con su pareja. Una forma de relación que se ha adoptado como estándar en las sociedades occidentales, pero que no es una característica biológica innata en los seres humanos.

La interpretación de este concepto ha evolucionado en el tiempo y, en la actualidad, existen diversas formas de relaciones afectivas y sexuales que cada individuo puede elegir libremente. Por esto último, es importante recordar que cada persona tiene la libertad de vivir las relaciones como desee, sin estigmas ni prejuicios.

Referencias bibliográficas

  • Barash, D. P. y Lipton, J. E. (2003). El mito de la monogamia. Siglo
    XXI.
  • Lee, B. H. y O’Sullivan, L. F. (2019). Walk the Line: How Successful Are Efforts to Maintain Monogamy in Intimate Relationships?. Archives of sexual behavior48(6), 1735-1748. https://doi.org/10.1007/s10508-018-1376-3
  • Levine, E. C., Herbenick, D., Martinez, O., Fu, T. C. y Dodge, B. (2018). Open Relationships, Nonconsensual Nonmonogamy, and Monogamy Among U.S. Adults: Findings from the 2012 National Survey of Sexual Health and Behavior. Archives of sexual behavior47(5), 1439-1450. https://doi.org/10.1007/s10508-018-1178-7
  • Mogilski, J. K., Mitchell, V. E., Reeve, S. D., Donaldson, S. H., Nicolas, S. C. A. y Welling, L. L. M. (2020). Life History and Multi-Partner Mating: A Novel Explanation for Moral Stigma Against Consensual Non-monogamy. Frontiers in psychology10, 3033. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.03033
  • Murdorck, G. P. (1981). Atlas of World Cultures. University of Pittsburgh Press.
  • Pérez Porto, J. y Merino, M. (21 de febrero de 2019). Definición de monogamia – Qué es, Significado y Concepto. Recuperado el 24 de febrero de 2023 de https://definicion.de/monogamia/
  • Sánchez-Moreno Briega, S. (2021). Influencia de los acuerdos de pareja en comunicación, celos y satisfacción sexual y afectiva [Tesis de Máster, Universidad de Alcalá]. http://hdl.handle.net/10017/47840 
  • Veiga, M. (2016). Matrimonio monogámico en la cultura occidental. Tesis Psicológica, 11(2), 158-167. https://revistas.libertadores.edu.co/index.php/TesisPsicologica/article/view/753