Durante décadas, la depresión posparto se pensó exclusivamente como un fenómeno femenino, asociado a los cambios hormonales y al vínculo temprano madre-hijo. Sin embargo, en los últimos años la investigación científica ha demostrado que los hombres también pueden desarrollar síntomas depresivos clínicamente significativos tras el nacimiento de un hijo. La llegada de un hijo no es un acontecimiento exclusivamente biológico, sino un proceso de reorganización psíquica y social que involucra a ambos progenitores. En los hombres, la presión por responder a nuevas demandas económicas, la alteración del sueño y la redefinición de su identidad masculina pueden convertirse en factores desencadenantes de la depresión posparto. Veamos más.
Testimonio de un padre
Dean Rogut intentaba mantenerlo todo en pie. Había sido padre por primera vez, pero nada salió como lo imaginaba. A las 12 semanas de embarazo su esposa quedó en reposo absoluto, y a las 24 semanas nació Max, su hijo, demasiado pronto.

Dean asumió lo que llama “el papel secundario muy masculino”: era el que informaba a familiares y médicos, el sostén que debía estar disponible en todo momento, el que nunca se permitía quebrarse. “Estaba en modo supervivencia, intentando mantener a todos fuera del agua”, recordaba. Pero por dentro sentía como si viviera en un tanque de privación sensorial: aislado de todo, desconectado de sí mismo.
El personal siempre preguntaba: “¿Cómo está la mamá hoy?”. Nadie se interesaba por él, salvo cuando su esposa lo mencionaba. Sus amigos llamaban, pero poco podían hacer. A mitad de los 121 días que Max pasó ingresado, a su mujer le diagnosticaron depresión posparto y pudo acceder a tratamiento. Dean, en cambio, no recibió nada.
Cuando por fin Max llegó a casa en julio, la familia encontró una rutina. Desde fuera, parecía que todo iba bien: Dean trabajaba, apoyaba a su esposa, se mostraba como un buen padre. Sin embargo, meses después, en noviembre, se dio cuenta de lo hundido que estaba. “Choqué contra un muro”, confesó. Había desarrollado una depresión clínica severa con ideación suicida y necesitó ingresar en un hospital (Davis, 2025).
¿Sesgo cultural en la depresión posparto?
Lo sorprendente es menos su existencia que su invisibilidad. Y es que, a pesar de afectar entre el 8 % y el 10 % de los padres recientes, la mayoría no recibe diagnóstico ni tratamiento (Cameron et al., 2016).
La prevalencia, además, no se distribuye de manera uniforme: entre los 3 y 6 meses después del parto puede alcanzar cerca del 25,6 %, lo que refleja un pico crítico en el que muchos hombres experimentan un sufrimiento emocional intenso sin el reconocimiento clínico ni social suficiente. Ojo, hay síntomas depresivos también durante el embarazo de la pareja, con prevalencias cercanas al 10 % en ese período. Con lo que efectivamente, el malestar paterno puede comenzar incluso antes del parto (Paulson y Bazemore, 2010).

Esta omisión ya no solo es un vacío clínico, el resultado es un doble sesgo. Clínico, porque los protocolos de detección rara vez lo incluyen, y simbólico, porque la sociedad continúa interpretando la vulnerabilidad masculina como ajena al periodo posnatal. Reconocer el sesgo cultural es el primer paso para diseñar estrategias de cribado inclusivas, campañas de sensibilización dirigidas también a los varones y protocolos que no reduzcan la paternidad a un rol secundario.
Síntomas atípicos en padres
A diferencia de muchas mujeres, los padres deprimidos en el posparto no suelen verbalizar tristeza ni desesperanza. En su lugar, la depresión emerge a través de síntomas atípicos: irritabilidad, desapego emocional hacia la pareja o el hijo, hipersexualidad, abuso de alcohol o conductas de riesgo (Philpott y Corcoran, 2018). Este desplazamiento sintomático dificulta el diagnóstico, pues se interpreta como estrés normal o agotamiento laboral, cuando en realidad encubre un cuadro depresivo que afecta tanto al individuo como a la dinámica familiar.
Asimismo, el silenciamiento de la depresión posparto masculina no solo deriva de los mandatos de género, también de vacíos en los protocolos de salud perinatal. Mientras que las madres cuentan con cribados sistemáticos en muchos sistemas sanitarios, los padres rara vez son evaluados con instrumentos específicos. Algo que refuerza la idea de que su sufrimiento no merece el mismo nivel de atención. Esta carencia metodológica convierte la depresión paterna en un fenómeno clínicamente subdetectado y socialmente infravalorado (Tirumalaraju et al., 2020).
El impacto en la familia

La depresión posparto en hombres no es un fenómeno aislado ni privado. Numerosos estudios han mostrado que los hijos de padres con síntomas depresivos tienen un riesgo mayor de desarrollar problemas emocionales y conductuales. Así como dificultades en el establecimiento de vínculos seguros. El padre deprimido, al retraerse emocionalmente o responder con irritabilidad, no solo sufre en silencio, transmite a la siguiente generación un clima de inseguridad afectiva que puede prolongarse en el tiempo (Paulson y Bazemore, 2010).
Una herida transgeneracional en la depresión posparto
La invisibilidad clínica, entonces, no es una omisión menor. Es una fractura que se hereda, un duelo silente que se imprime en la historia de los hijos y que pone en cuestión la manera en que concebimos la salud perinatal. En ese vacío, el malestar paterno no tratado se transforma en un guion que moldea los vínculos futuros.
Hijos que crecen aprendiendo que la vulnerabilidad es inaceptable, que la rabia sustituye al dolor y que la distancia es una forma de amor. Así, la depresión posparto masculina afecta al presente de una familia sedimenta un modelo afectivo que puede replicarse en generaciones posteriores, perpetuando la idea de que el sufrimiento masculino debe callarse incluso cuando se transmite en silencio.
Cuando el mandato cultural agrava el cuadro
El peso de los mandatos masculinos intensifica el riesgo. Frases como “aguántate como un hombre” o “los padres deben ser fuertes” hacen que muchos varones interpreten la tristeza como un signo de debilidad incompatible con el rol paterno. Esto genera una doble carga, el sufrimiento no solo es real, es vergonzante.
De ahí que los padres recurran con frecuencia a la externalización. Esto es, consumo de sustancias, hiperactividad laboral, discusiones de pareja. En tal sentido, la depresión posparto masculina no se oculta únicamente por sesgo clínico, sino porque se disfraza de comportamientos culturalmente aceptables, aunque destructivos.
Repensar la clínica en los hombres con depresión posparto

Superar la invisibilidad de la depresión posparto en hombres implica transformar la forma en que entendemos el cuidado perinatal. Algo que no significa restar importancia a la depresión materna, es ampliar la mirada hacia la pareja y la familia como sistema emocional. Evaluar el estado psicológico de los padres, preguntar directamente por su experiencia y ofrecer espacios de escucha en el posparto son intervenciones urgentes para evitar que el malestar se cronifique y repercuta en el vínculo temprano.
Más allá del diagnóstico, se trata de legitimar el derecho de los padres a ser vulnerables y reconocer que la paternidad, igual que la maternidad, implica un proceso psíquico de enorme complejidad. Con esto, nombrar la depresión posparto en padres no significa patologizar la experiencia de la paternidad. Es abrir un campo de comprensión donde la vulnerabilidad masculina no se lea como fallo, sino como parte del proceso de reconfiguración identitaria que supone cuidar de un hijo recién nacido.
Conclusión
Saber que los hombres también pueden sufrir depresión posparto no es un gesto académico, es un imperativo ético. Significa cuestionar un modelo de paternidad que expulsa el sufrimiento del padre, dejando a hombres y familias atrapados en un duelo sin nombre.
Hacer visible esta realidad es permitir que los hombres también tengan derecho a la fragilidad, a ser sostenidos en un momento de transformación radical. Porque el cuidado perinatal no puede ser solo un asunto de madres, es una responsabilidad compartida donde la salud mental de los padres importa tanto como la de las madres y la de los hijos que recién comienzan a habitar el mundo.
Referencias bibliográficas
- Cameron, E. E., Sedov, I. D. y Tomfohr-Madsen, L. M. (2016). Prevalence of paternal depression in pregnancy and the postpartum: An updated meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 206, 189-203. https://doi.org/10.1016/j.jad.2016.07.044
- Davis, N. (2025, June 1). ‘Men are not expected to be interested in babies’: How society lets new fathers – and their families – down. The Guardian. https://www.theguardian.com/society/2025/jun/01/new-fathers-mental-health-perinatal-anxiety-depression
- Paulson, J. F. y Bazemore, S. D. (2010). Prenatal and postpartum depression in fathers and its association with maternal depression: a meta-analysis. JAMA, 303(19), 1961-1969. https://doi.org/10.1001/jama.2010.605
- Philpott, L. F. y Corcoran, P. (2018). Paternal postnatal depression in Ireland: Prevalence and associated factors. Midwifery, 56, 121-127. https://doi.org/10.1016/j.midw.2017.10.009
- Tirumalaraju, V., Suchting, R., Evans, J., Goetzl, L., Refuerzo, J., Neumann, A., Anand, D., Ravikumar, R., Green, C. E., Cowen, P. J. y Selvaraj, S. (2020). Risk of Depression in the Adolescent and Adult Offspring of Mothers With Perinatal Depression: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA network open, 3(6), e208783. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.8783





















