La crisis de melancolía, explorada por la psiquiatría francesa y Henri Ey, aborda la complejidad de la mente humana desde una perspectiva distinta a la psiquiatría americana. La misma, desafía las concepciones restringidas sobre la salud y destaca la importancia de enfoques profundos y sumamente descriptivos en la atención psiquiátrica. Así, la variabilidad, lejos de ser un obstáculo, enriquece la comprensión y tratamiento de las condiciones mentales, abriendo puertas a intervenciones más precisas y personalizadas en el vasto y dinámico campo de la salud mental. ¿A qué se refiere Henri Ey con melancolía? ¿Cómo describe este cuadro?

Las crisis de melancolía: Una perspectiva diferente

El tratado de psiquiatría de Henri Ey categoriza a la melancolía como una crisis. La misma, en contraste directo con la manía, se describe como un estado marcado por una profunda depresión, acompañada de un sentimiento de angustia moral. Dicho estado se caracteriza por el enlentecimiento y la inhibición de las funciones psíquicas y psicomotoras.

Algunas características de la melancolía

Ey resalta que el comienzo de la condición puede manifestarse en cualquier etapa de la vida. No obstante, siendo más común durante el período de envejecimiento. Y, asimismo, destaca que las mujeres experimentan tal estado con mayor frecuencia que los hombres. Factores como la predisposición genética desempeñarían un papel importante, al igual que en la manía.

tratado de psiquiatría

Lo anterior, junto con la expresión de las clásicas crisis depresivas o maníacas, son distintivos de la melancolía. Además, los desencadenantes pueden incluir experiencias emocionales impactantes o situaciones conflictivas, mientras que factores debilitantes previos también pueden influir.

Un avance progresivo

La manifestación del estado melancólico suele desarrollarse lentamente durante semanas o incluso meses. Y sus síntomas principales incluyen astenia, cefaleas, dificultades laborales y falta de interés general. Con esto, la persona muestra preocupación, un estado de ánimo sombrío y una disminución progresiva en la velocidad de sus actividades profesionales o domésticas (Ey, 1974).

La presentación melancólica

Henri Ey describe la presentación típica del melancólico con el sujeto sentado, inmóvil, con el cuerpo encorvado y la cabeza inclinada hacia adelante. Su rostro refleja palidez y lleva consigo la “máscara de la tristeza”. De esta forma, se muestra con rasgos caídos, ojos ampliamente abiertos con una mirada fija, frente y entrecejo fruncidos (denominado “omega melancólico”). La persona, abatida, apenas habla, limitándose a gemir o llorar.

Otro de los signos clave es la inhibición y abulia. Así, el individuo con melancolía se sumerge en la incapacidad de actuar, alcanzando un grado de astenia tal que le dificulta moverse o incluso vestirse. Adicionalmente, presenta inhibición del aparato psíquico, en una suerte de parálisis psíquica.

Es decir, la ideación es lenta, las asociaciones son difíciles, al igual que la evocación, y tanto la síntesis mental como el esfuerzo mental sostenido resultan imposibles. Por su parte, la atención se concentra en temas melancólicos, mientras que la percepción del entorno, aunque prácticamente correcta, se ve oscurecida.

Otros síntomas y la tristeza característica

En la melancolía, el sujeto a menudo siente que vive en una atmósfera fría e irreal. Además, posee un lenguaje bloqueado, utilizando frases escasas y monosilábicas. En ocasiones, la persona con crisis melancólica experimenta un semimutismo o incluso un mutismo completo.

El llamado dolor moral

Por otro lado, los sentimientos depresivos ocupan un lugar central en el cuadro clínico. Así, se experimenta una profunda tristeza que permea la conciencia de la persona. A lo que se le suman dificultades para expresar su dolor moral, que se compone de sentimientos intensos y vagos de aburrimiento, disgusto, descorazonamiento, desesperación y lamentos.

Al analizar el dolor moral, se revela una comprensión más profunda de la conciencia, donde los sentimientos depresivos constituyen la fuente de tristeza. La tristeza es vital, monótona y resistente a las influencias externas, creando una interacción diferente con la persona con melancolía en comparación con una persona deprimida.

La autoevaluación, por su parte, se ve afectada por una sensación de desesperanza y anestesia afectiva, con el sujeto reprochándose la incapacidad para amar y la sensación de atascamiento en los sentimientos (Sass y Pienkos, 2013).

El pesimismo

El pesimismo se convierte en una orientación general de la persona, quien se inclina hacia la desdicha y la culpa. Así, proyecta un futuro sin horizontes positivos. Además, se puede observar un fenómeno de autoacusación. El mismo, aparece en gran medida en declaraciones de faltas aparentemente insignificantes. Por otra parte, también surgen sentimientos relacionados a la hipocondría, caracterizados por sentirse contagiado, putrefacto y con mal olor.

Los impulsos de muerte en la melancolía

Henri Ey escribe que la melancolía se caracteriza por el constante deseo y la búsqueda de la muerte. Desde una simple falta de apetito hasta una resistencia a cualquier tipo de alimentación, la condición se manifiesta de manera intensa y persistente.

Un factor de riesgo

No obstante, no se limita a buscar solo el abandono a la muerte, sino que también incluye una tendencia obsesiva hacia el suicidio, concebido, deseado y buscado de manera continua. Se percibe como una obligación, un castigo necesario y, de alguna manera, una solución.

Como no puede ser de otro modo, la presencia del pensamiento suicida coloca a cada persona con melancolía en una situación de riesgo de muerte. Por lo que es esencial tener presente esta posibilidad para prevenirla, mediante una vigilancia constante durante el inicio melancólico.

melancolía

Y es que, aunque no todos las personas con melancolía intentan suicidarse, la mayoría de ellos constantemente piensa en la muerte. Las tentativas de suicidio pueden surgir en cualquier momento del acceso e incluso durante la convalecencia.

A veces, se planifican con habilidad y se ocultan con gran cuidado. Específicamente, las primeras horas de la madrugada deben ser motivo de especial preocupación.

Los actos impulsivos

El raptus suicida, una impulsión repentina y violenta, puede llevar a la persona con melancolía a realizar actos impulsivos, como lanzarse por la ventana, al agua o coger unas tijeras, incluso en momentos en que parece estar en calma. El suicidio colectivo, observado principalmente en mujeres, implica el trágico acto de matar a sus hijos para llevarlos consigo en la muerte. Dichos aspectos sombríos de la melancolía subrayan la importancia de abordar y prevenir estos riesgos en el cuidado de la salud mental.

La evolución de las crisis de melancolía

Según Henri Ey, las crisis de melancolía suelen tener una duración de varios meses (generalmente, 6 o 7). Es esencial tener presente la duración para evaluar adecuadamente los efectos y evitar pronósticos desfavorables cuando los trastornos melancólicos persisten más allá de 2 o 3 meses. La resolución de la crisis suele ser tan gradual como su inicio, observándose, durante la convalecencia, fluctuaciones peligrosas en el humor y recaídas inesperadas.

En estos momentos, la atención a las tendencias suicidas debe ser particularmente cuidadosa. La intervención terapéutica, en ocasiones, resulta notable, y no es infrecuente presenciar la sorprendente incredulidad de la persona con melancolía al salir de su estado, cuestionando cómo pudo llegar a creer que estaba condenado y deseando morir. En dichos casos, la recuperación del insomnio y el volver a tener apetito son indicadores cruciales del retorno al equilibrio del humor (Ey, 1974).

Conclusión

Los estudios psiquiátricos de Henri Ey son parte de la cultura histórica de la psicopatología. Precisamente, su tratado de psiquiatría resulta sumamente enriquecedor al conocimiento de salud mental al resultar tan descriptivo y claro. Si bien con el paso de los años ha dado lugar a nuevas descripciones internacionales, el tratado de Ey continúa resultando atractivo para quienes buscan descripciones más profundas en la clínica. En último lugar, si te interesa aprender sobre el abordaje de la depresión, te invitamos a nuestro curso en terapia de activación conductual.

Referencias bibliográficas

  • Ey, H. (1974)Manuel de psychiatrie: par Henri Ey. Toray-Masson.
  • Garrabé, J. y Cousin, F. (2002). Phenomenology in Henri Ey’s work and French psychiatry. Springer eBooks.
  • Sass, L. A. y Pienkos, E. (2013). Beyond words: linguistic experience in melancholia, mania, and schizophrenia. Phenomenology and the Cognitive Sciences14(3), 475-495. https://doi.org/10.1007/s11097-013-9340-0