A lo largo del tiempo, entender qué ocurre en el cerebro materno ha sido una de las grandes preguntas que nos hemos planteado muchos de los especialistas en neurociencias y salud mental. ¿Qué sucede realmente en el cerebro durante el proceso del embarazo? ¿Es cierto que las hormonas crean un vínculo entre la madre y su hijo? ¿Qué áreas cerebrales interactúan durante el desarrollo del embarazo? Estas y otras incógnitas son las que intentaremos resolver en este misterio que se esconde tras los efectos de los cambios cerebrales en el embarazo.

Cambios cerebrales en el embarazo y sus efectos

A diferencia del cerebro de cualquier individuo, en el cerebro de las mujeres próximas a ser madres sucede un evento único, existen cambios tanto neuronales como estructurales. Durante el embarazo existe una disminución del contorno cerebral, así como de otras estructuras que abarcaremos más adelante.

De hecho, uno de los principales cambios que se observan son neuropsicológicos. Incluyen un aumento en la atención selectiva, atención dirigida y en la memoria a corto y largo plazo. Esto ocurre gracias a un aumento de las conexiones nerviosas que se desarrolla a partir de la semana 28 aproximadamente.

¿La razón?

El desarrollo del bebé produce un aumento hormonal que activa mecanismos neurales. Por lo tanto, el cerebro materno es, sin duda, una de las estructuras más misteriosas, dado que combina el desarrollo del bebé y su madre.

Ahora, muchas de estas modificaciones también se deben a la ingesta de comida de la madre. Como es sabido, su alimentación proporcionará nutrientes, azúcares, lípidos y proteínas al bebé. No obstante, también puede ser un factor de riesgo para la madre, dado que puede desarrollar diferentes tipos de alteraciones metabólicas y hormonales que podrían generar cambios conductuales y emocionales (Weiss et al., 2004).

El cerebro de la madre se ve afectado por estos cambios neurológicos y psicológicos generados por la plasticidad y moldeamiento del propio cerebro. De esta manera, dichas configuraciones dan muestra de la evolución del sistema nervioso, pues conlleva la adquisición de nuevas habilidades que refuerzan vínculos entre madre e hijo. Y, además, un desarrollo social y cognitivo (Mariño, 2021). 

Principales cambios cerebrales y estructurales en el embarazo

Oatridge y colaboradores (2002) demostraron que algunas estructuras cerebrales presentan cambios significativos a lo largo del tiempo:

Diferentes áreas del cerebro materno se muestran muy activas (antes y después del embarazo) marcando un cambio y activación cerebral. Imagen obtenida de Hoekzema et al. 2017
  1. Incremento de la glándula pituitaria: Aumenta de tamaño durante el embarazo y recupera su tamaño habitual después del parto, en un lapso aproximado de 6 semanas. Su función es conectar emocionalmente a la madre con el bebé.
  2. Cambio de tamaño ventricular: Incrementa el tamaño de los ventrículos. Sin embargo, el tamaño de los ventrículos cerebrales disminuye considerablemente después del embarazo. Esto puede generar ciertos rasgos de desconfianza con las personas y su entorno. Así como alteraciones en la percepción corporal.  
  3. Agrandamiento de la amígdala: Produce cambios emocionales, situación que se conecta con el punto anterior (respecto a la imagen corporal), pudiendo ocasionar estados depresivos y/o ansiosos.
  4. Giro cingulado, corteza prefrontal y orbitofrontal: Estas estructuras (involucradas en el proceso de enamoramiento) se muestran altamente activas en el embarazo, generando vínculos entre el bebé y la futura madre.
  5. Aumento de actividad en el precúneo: Se vincula con los ventrículos cerebrales que ayudan a la madre a tomar conciencia corporal, permitiendo que pueda enfocarse en el desarrollo del bebé dentro de su propio cuerpo. Este es un componente importante dentro de los parámetros perceptuales y somáticos al generar el vínculo madre-hijo.

Cambios neurobiológicos en el embarazo

A lo largo del desarrollo materno existen cambios en el sistema nervioso. Las células encargadas de estos cambios son las neuronas. Algunos de las variaciones en la comunicación neuronal son:

  1. Cortisol: Debido a que el desarrollo embrionario requiere una mayor producción de energía, se genera un desgaste en el cuerpo materno. Como resultado, aumentan las probabilidades de que aparezca ansiedad y depresión, causadas por una descompensación fisiológica del cuerpo. Es decir, la secreción de este neurotransmisor puede propiciar episodios ansiosos o depresivos.
  2. Serotonina: La placenta tiene contribuciones significativas que incluyen la producción de serotonina. En otras palabras, como la madre no produce dicho neurotransmisor, la placenta compensa su producción. Se ha visto que cuando la madre da a luz, puede haber un importante descenso en los niveles de serotonina, por lo que las madres tienden a atravesar cuadros depresivos. Por consiguiente, la placenta se convierte en un reforzador de dicho neurotransmisor (Bonnin et al., 2011).
  3. Dopamina: Generalmente, suele elevarse de forma natural debido a los diversos cambios hormonales. Sin embargo, el aumento de dicho neurotransmisor puede modificar la conducta de las mujeres embarazadas, teniendo cambios en el control de impulsos, mayor apetito y aumento de horas de sueño.

Cambios cerebrales en el embarazo

Debemos tener en cuenta que, dentro del desarrollo materno, el cuerpo de la mujer se muestra con múltiples cambios a nivel hormonal, los cuales generan modificaciones tanto físicas como cognitivas. Es por ello, que debemos considerar que muchos de los cambios dentro del cerebro materno interactúan con un gran número de neuronas especializadas que regulan el estado de ánimo. Por ende, la función hormonal representa cambios significativos en la cognición de la madre:

  1. Oxitocina: Es importante señalar que la función de esta hormona en áreas cerebrales es importante para el vínculo entre el bebé y la madre. Esta estimula zonas concretas, como la amígdala e hipotálamo, que hacen que la madre se preocupe por el cuidado y desarrollo del bebé (Feldman et al., 2007).
  2. Progesterona: Durante el primer trimestre del embarazo, los niveles de progesterona son bajos, por lo que aumentan las posibilidades de desarrollar ansiedad y depresión. Sin embargo, esto puede variar a lo largo del embarazo, pues el  cuerpo de la madre comienza a prepararse para la lactancia, aumentando el tamaño de los pechos y la producción de leche, regulando sus efectos (Gutiérrez et al., 2000). 
  3. Estrógenos: Interactúan de una manera muy curiosa en el embarazo. La madre crea un sistema que comunica estructuras como el hipotálamo e hipocampo, las cuales modulan hasta cierto punto las conductas, emociones y cognición. Es importante señalar que dentro de las redes neuronales se mejorará el aprendizaje, a corto y largo plazo, gracias a la interacción de esta hormona con grupos neuronales del hipocampo e hipotálamo.

Conclusión

A lo largo de la nota, se ha mostrado el diverso y extenso cambio celular y estructural del cerebro materno. De igual manera, todos estos cambios pueden llegar a presentarse después del parto. Es así, como podríamos explicar por qué muchas madres crean un vínculo psicológico fuerte con el recién nacido, lo cual tiene una base neurobiológica y fisiológica.

Además, podríamos identificar por qué algunas son más propensas a desarrollar depresión posparto, e incluso, ser un  factor desencadenante de otras psicopatologías. Es decir, si bien está claro que el cerebro humano está envuelto en diversos cambios, y el embarazo es uno de ellos, comprender su funcionamiento facilita y previene posibles situaciones negativas futuras. El embarazo es, como hemos evidenciado, un evento único y maravilloso.

Referencias bibliográficas

  • Feldman, R., Weller, A., Zagoory-Sharon, O. y Levine, A. (2007). Evidence for a neuroendocrinological foundation of human affiliation: plasma oxytocin levels across pregnancy and the postpartum period predict mother-infant bonding. Psychological science, 18(11), 965-970. Doi: 10.1111/j.1467-9280.2007.02010.x
  • Gutiérrez-García, A. G., Contreras, C. M. y Díaz-Meza, J. L. (2000). Cómo actúa la progesterona sobre el sistema nervioso central. Salud mental, 23(2), 42-48. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=22660
  • Hoekzema, E., Barba-Müller, E., Pozzobon, C., Picado, M., Lucco, F., García-García, D., Soliva, J. C., Tobeña, A., Desco, M., Crone, E. A., Ballesteros, A., Carmona, S. y Vilarroya, O. (2017). Pregnancy leads to long-lasting changes in human brain structure. Nature Neuroscience, 20(2), 287-296. https://doi.org/10.1038/nn.4458
  • Mariño, X. (2021). Maravillas del cerebro. Grupo Editorial Televisa.
  • Oatridge, A., Holdcroft, A., Saeed, N., Hajnal, J. V., Puri, B. K., Fusi, L. y Bydder, G. M.(2002). “Change in brain size during and after pregnancy: study in healthy women andwomen with preeclampsia”. American Journal of Neuroradiology, 23(1), 19-26. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11827871/
  • Roos, A., Lochner, C., Kidd, M., van Honk, J., Vythilingum, B. y Stein, D. J. (2012). “Selective attention to fearful faces during pregnancy”. Progress in NeuroPsychopharmacology y Biological Psychiatry, 37(1), 76-80. https://doi.org/10.1016/j.pnpbp.2011.11.012
  • Weiss, J. L., Malone, F. D., Emig, D., Ball, R. H., Nyberg, D. A., Comstock, C. H., Saade, G., Eddleman, K., Carter, S. M., Craigo, S. D., Carr, S. R., D’Alton, M. E. y FASTER Research Consortium (2004). Obesity, obstetric complications and cesarean delivery rate a population based screening study. American Journal of Obstetrics and Gynecology, 190(4), 1091-1097. https://doi.org/10.1016/j.ajog.2003.