Se tiende a explicar las compulsiones de forma casi telegráfica, “conductas repetitivas para reducir ansiedad”. Esa frase es cierta, pero es tan general que resulta casi inútil para entender qué le pasa de verdad a una persona con TOC. Bajo la superficie de un “lavado de manos” o de un “comprobar la puerta” hay, en realidad, una arquitectura compleja. Sistemas de decisión que fallan, circuitos de hábito que se hipertrofian, urgencias sensoriales que reclaman “haz algo ya”. Y un tipo muy particular de duda que no se resuelve con información, sino con acción ritualizada. Veamos más sobre las compulsiones en el TOC.

¿Qué sabemos de las compulsiones en el TOC?

La literatura reciente sobre compulsiones ha dejado de preguntarse solo por qué alguien se lava las manos tantas veces, y ha empezado a preguntarse cómo el sistema cerebro–mente llega a un punto en el que repetir un ritual es más “creíble” que cualquier evidencia externa.

¿Por qué las compulsiones no son simples “manías”?

La llamada hipótesis del predominio del hábito (habit hypothesis, en inglés) plantea justamente eso. Que las compulsiones emergen cuando el control de la acción se desplaza hacia sistemas de hábito en detrimento de mecanismos más flexibles y dirigidos a metas (Gillan, 2021).

Comprender las compulsiones exige, por tanto, salir del esquema estímulo-miedo-ritual. Entrar en un lenguaje que incluya arbitraje entre sistemas de decisiónsecuencias de acción automatizadassensaciones corporales de urgencia y perfiles neurocircuitales diferenciales.

Anotomía mínima de una compulsión: De la urgencia al cierre ritual

Fenomenológicamente, una compulsión suele organizarse en varias capas:

  1. Disparo interno o externo
    Puede ser un pensamiento (“¿y si he atropellado a alguien?”), una sensación física difusa (suciedad, incompletud corporal, tensión muscular) o un estímulo ambiental (ver el gas, la cerradura, un número “malo”).
  2. Aparición de urgencia para actuar
    No se trata solo de ansiedad; muchas personas describen una mezcla de malestar y empuje motor: “no puedo seguir hasta que lo haga”. Este matiz de “urgencia por la acción” es clave en el paso de la obsesión a la compulsión.
  3. Selección de una secuencia ritual
    No se elige cualquier conducta, sino una serie relativamente estereotipada. Por ejemplo, lavarse siguiendo un orden concreto, revisar el retrovisor mentalmente, repasar frases, contar o repetir oraciones internas. Esa secuencia tiene una gramática propia: inicio, iteración, criterio (más o menos) de cierre.
  4. Feedback subjetivo de alivio o de “cierre parcial”
    El ritual pretende producir un “clic” de completitud. Sin embargo, lo que muestran tanto la clínica como los datos experimentales es que ese clic suele ser incompleto o efímero. Lo que alimenta la repetición.

Lo que convierte a dichos actos en compulsivos no es solo la repetición, es el hecho de que la forma de la conducta termina siendo más influyente que su resultado real. En vez de cuestionar “¿ya he cerrado el grifo?”, la mente se engancha en “¿lo he hecho de la manera correcta?”. Esa deriva hacia la forma es muy coherente con los modelos de hábito, lo importante deja de ser el estado del mundo y pasa a ser la ejecución del patrón aprendido.

Compulsiones en el TOC como fallo de arbitraje

compulsiones en el TOC

Las compulsiones pueden entenderse como la expresión conductual de un sistema de decisión que ha perdido su equilibrio interno. En lugar de operar desde una evaluación flexible de metas y consecuencias, la acción queda capturada por circuitos automáticos que imponen la repetición como única vía de certeza subjetiva.

El hábito del TOC

La teoría clásica de los hábitos distingue entre:

  • acciones dirigidas a metas (goal-directed, en inglés): sensibles a las consecuencias, flexibles, basadas en un modelo interno del entorno,
  • hábitos: respuestas automáticas estímulo–respuesta, relativamente insensibles a cambios en el valor de la meta.

La propuesta de Claire Gillan y colegas ha sido articular la compulsión como un desequilibrio estructural entre estos dos sistemas, donde el control habitual gana peso frente al control dirigido a metas.

En esta línea, el trabajo de Yu et al. (2024) aporta un matiz crucial: no se trata solo de que el sistema de hábito esté “hiperactivo”, sino de que el sistema presenta dificultades específicas para actualizar las asociaciones a partir de los errores de predicción. En un paradigma de slips of action, comparando 49 pacientes con TOC frente a controles sin TOC, encuentran que las personas con TOC muestran tasas de aprendizaje más bajas, mayor sensibilidad al refuerzo y una perseveración reducida durante la fase de aprendizaje.

Así, hay déficits al ajustar la fuerza de las asociaciones cuando la contingencia cambia, son más proclives a dudar incluso de asociaciones ya correctamente aprendidas, y presentan patrones alterados de perseveración y sensibilidad al refuerzo. En otras palabras, la compulsión no surge solo porque el hábito sea fuerte, sino porque el sistema que debería decir “ya basta, esta respuesta ya no es útil” tiene dificultades para consolidar y confiar en una nueva regla.

No es solo “hacer por costumbre”

¿Por qué las compulsiones no son simples “manías”?

Banca et al. (2024) profundizan en tal desequilibrio desde una perspectiva de aprendizaje de secuencias de acción. En un entrenamiento intensivo mediante app, pacientes con TOC y controles practican secuencias motoras diariamente durante un mes, alcanzando niveles similares de automatización objetiva (criterios de velocidad y consistencia). Sin embargo, los pacientes con TOC informan una percepción subjetiva de mayor tendencia habitual y patrones distintos cuando deben elegir entre acciones ya automatizadas y alternativas más novedosas guiadas por metas.

Este dato es especialmente sugerente porque:

  • La medida objetiva indica que el hábito no es necesariamente “más fuerte” en el TOC.
  • La experiencia subjetiva sí está sesgada hacia la vivencia de actuar de forma más automática, más “en piloto automático”.

La compulsión en el TOC podría entenderse así como un desacople entre lo que la persona cree acerca de su propio control y la realidad de su repertorio de acción. No es únicamente una salida mecánica, es un lugar donde la metacognición sobre el propio control de la conducta está erosionada: “aunque sepa que esto no tiene sentido, siento que es la única forma de estar relativamente segura”.

Urgencia, cuerpo y compulsiones sensoriomotoras

Buena parte de los modelos cognitivos del TOC han priorizado el miedo al daño y la sobreestimación de la responsabilidad. Pero una proporción nada desdeñable de pacientes describe algo distinto: “no aguanto la sensación hasta que no parpadeo de cierta forma” “es que el cuerpo me pide alinear las cosas; no es miedo, es incomodidad brutal”.

Más allá del miedo: Los fenómenos sensoriales

El trabajo de Eng et al. (2024) pone el foco precisamente en este tipo de urgencias sensoriomotoras. Usando un paradigma de supresión del parpadeo, examinan 82 pacientes con TOC y 38 controles, aplicando análisis de perfiles latentes para identificar subgrupos en función de los fallos al suprimir el parpadeo.

Los resultados muestran que existen subgrupos de pacientes con mayor tasa de fallos de supresión. Esos subgrupos presentan activación aumentada en regiones somatosensoriales e interoceptivas en las fases tempranas de la supresión, y una activación reducida en áreas frontales (por ejemplo, giro frontal medio) según avanza el periodo de “aguantar” la urgencia. Lo que respalda la idea de que algunas compulsiones son, ante todo, una respuesta desesperada a la intolerancia frente a una urgencia corporal. El problema no es solo el contenido de la obsesión, es la dificultad para sostener en el tiempo un impulso sensorial aversivo sin traducirlo en acción ritualizada.

Compulsiones en el TOC como regulación sensorial fallida

La lectura sensoriomotora complejiza la narrativa clásica “obsesión → miedo → ritual”: En un polo, la compulsión es un intento de cerrar una amenaza conceptual (“si no reviso, puedo dañar a alguien”). En el otro, es un intento de regular un estado corporal insoportable (“esta tensión en los ojos/manos/pecho es inaguantable si no hago algo exacto”).

Ambos caminos convergen en la acción repetitiva, pero su motor fenomenológico y neurobiológico puede ser distinto. El estudio de Eng y colaboradores sugiere que, para algunos consultantes, la diana terapéutica no es tanto el contenido cognitivo de la obsesión como la capacidad para habitar la urgencia sensorial sin actuarla.

Y como guiones de acción

Si se observa un ritual compulsivo emerge la idea de que no es una conducta aislada. Hay series de actos articulados, con posiciones “correctas” e “incorrectas”, con micro-criterios de inicio y de cierre. Tras entrenamiento, tanto pacientes como controles adquieren patrones estables y chunked de acción. La diferencia emerge cuando esos patrones deben competir con alternativas más flexibles (Banca et al., 2024).

En el TOC, la secuencia ritual tiende a volverse dominante en el repertorio, resiste señales externas de que ya no es necesaria, y se torna un “atajo cognitivo” para gestionar situaciones ambiguas. Paradójicamente, esta automatización tiene una doble cara:

  • reduce la carga de decidir en cada paso (lo que en principio es adaptativo),
  • pero encierra al sujeto en una lógica binaria: o se hace exactamente así o la situación queda “abierta” e incompleta.

La compulsión en el TOC es un hábito al que se le ha concedido el poder de definir cuándo el mundo está “cerrado” o “en orden”.

Conclusión

Estudiar las compulsiones en el TOC es, en el fondo, estudiar los límites del control humano sobre su propia conducta. Los trabajos sobre hábito, arbitraje, urgencias sensoriales y neurocircuitos muestran que lo compulsivo es una exageración de mecanismos que todos utilizamos. En el TOC, esos mecanismos dejan de ser modulables y se convierten en reglas férreas, el hábito no cede, la duda no aprende, la urgencia no se deja habitar sin acto.

Una clínica que quiera tomarse en serio las compulsiones tiene que hablar, inevitablemente, el lenguaje de la acción, del tiempo, de los circuitos de decisión y de las sensaciones corporales; y dialogar con la evidencia contemporánea, que invita a abandonar una visión simplista de “rituales para aliviar ansiedad” y a pensar la compulsión como un punto de quiebre entre lo que el sujeto sabe, lo que siente y lo que su sistema de acción le permite hacer.

Referencias bibliográficas

  • Banca, P., Herrojo Ruiz, M., Gonzalez-Zalba, M. F., Biria, M., Marzuki, A. A., Piercy, T., Sule, A., Fineberg, N. A. y Robbins, T. W. (2024). Action sequence learning, habits, and automaticity in obsessive-compulsive disorder. eLife12, RP87346. https://doi.org/10.7554/eLife.87346
  • Eng, G. K., De Nadai, A. S., Collins, K. A., Recchia, N., Tobe, R. H., Bragdon, L. B. y Stern, E. R. (2024). Identifying subgroups of urge suppression in Obsessive-Compulsive Disorder using machine learning. Journal of psychiatric research177, 129-139. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2024.06.052
  • Gillan, C.M. (2021). Recent Developments in the Habit Hypothesis of OCD and Compulsive Disorders. Current topics in behavioral neurosciences49, 147-167. https://doi.org/10.1007/7854_2020_199
  • Yu, Q., Gao, F., Li, C., Xia, J., Cao, Y., Wang, X., Xiao, C., Lu, J., Liu, Q., Fan, J. y Zhu, X. (2024). Compulsion is associated with impaired goal-directed and habitual learning and responding in obsessive-compulsive disorder. International journal of clinical and health psychology : IJCHP24(4), 100531. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2024.100531