Las dificultades de acceso, los horarios laborales o la distancia geográfica pueden retrasar la búsqueda de ayuda cuando una relación atraviesa un período de malestar. Frente a esas barreras, la terapia de pareja virtual amplía las posibilidades de recibir acompañamiento profesional sin compartir el mismo espacio físico con el terapeuta. Sin embargo, la comodidad del formato no garantiza por sí sola su efectividad. ¿La pantalla permite trabajar los conflictos, mejorar el bienestar y construir una alianza terapéutica comparable a la atención presencial? Una investigación evaluó precisamente esos interrogantes mediante un programa conductual aplicado por videollamada.
Cuando acceder a terapia resulta difícil

Las intervenciones dirigidas a personas que comparten un vínculo íntimo buscan reducir el malestar relacional, fortalecer la comunicación y favorecer respuestas más funcionales ante las diferencias. Pese a sus posibles beneficios, no todas las personas encuentran servicios disponibles cerca de su residencia. La escasez de profesionales especializados afecta especialmente a quienes viven en zonas rurales o alejadas de los centros urbanos.
La terapia de pareja virtual ofrece una vía para sortear parte de esas dificultades. A diferencia de otros formatos, la videollamada conserva la voz, los gestos, la postura y otras señales relevantes para el trabajo clínico. Asimismo, permite desarrollar la sesión en tiempo real y mantener una interacción cercana entre el profesional y ambos integrantes.
Adaptar el encuentro terapéutico
La incorporación de tecnología a la atención psicológica suele despertar dudas. Algunas preocupaciones apuntan a una posible pérdida de espontaneidad, dificultades para percibir la comunicación no verbal o problemas para construir confianza. En el trabajo con díadas, el desafío parece aún mayor, ya que el terapeuta necesita observar la interacción entre dos personas y distribuir su atención de manera equilibrada.
Por esa razón, la eficacia de la terapia de pareja virtual no depende exclusivamente de que las sesiones sean accesibles. También importa conocer si la modalidad permite mejorar la relación, disminuir el malestar emocional y desarrollar una alianza terapéutica sólida. Esta última incluye el vínculo con el profesional, el acuerdo sobre los objetivos y la colaboración en las tareas propuestas.
¿Cómo se diseñó el estudio?

La investigación que comentamos al inicio utilizó un ensayo controlado aleatorizado. Inicialmente participaron 33 díadas, aunque tres abandonaron el proceso. La muestra final quedó conformada por 30 parejas, es decir, 60 personas de entre 21 y 69 años. La duración de las relaciones variaba ampliamente: algunas llevaban un año juntas y otras alcanzaban los 49 años.
Quince pares recibieron la intervención de manera presencial y las otras quince participaron mediante videollamada. En la condición virtual, ambos integrantes permanecían juntos en una habitación, mientras el terapeuta trabajaba desde otro espacio. El formato buscaba representar la situación de quienes necesitan conectarse con un profesional ubicado en otra localidad. Tras finalizar las sesiones, 28 parejas completaron el seguimiento realizado tres meses después.
¿Quiénes podían participar?
La propuesta estaba dirigida a personas adultas que mantuvieran una relación matrimonial o de convivencia y presentaran malestar relacional leve o moderado. Quedaron excluidos los casos con riesgo suicida, psicosis, esquizofrenia, dependencia grave de sustancias, tratamiento psicológico simultáneo o niveles clínicamente elevados de conflicto. Por lo tanto, los hallazgos que describiremos a continuación no representan a todas las personas que solicitan atención.
¿Cuáles fueron los resultados?
Al finalizar el programa, ambas modalidades mostraron mejoras en el ajuste y la satisfacción con la relación. No aparecieron diferencias significativas entre los grupos, lo que indica que el formato online no obtuvo resultados inferiores dentro de las variables estudiadas. Parte de los cambios permaneció durante el seguimiento de tres meses.
También disminuyó la cantidad de modificaciones que cada persona deseaba en su compañero o compañera. A su vez, los participantes percibieron menos demandas de cambio dirigidas hacia ellos mismos. Tales resultados sugieren que el programa favoreció una mirada menos centrada en corregir al otro y más orientada a revisar las propias respuestas dentro del vínculo.
Efectos sobre ansiedad, estrés y depresión

Asimismo, la intervención produjo reducciones en síntomas de depresión, ansiedad y estrés en ambos grupos. La terapia de pareja virtual y la modalidad presencial alcanzaron cambios similares, sin diferencias estadísticamente significativas asociadas al medio utilizado.
Las mejoras en ansiedad y estrés permanecieron durante los tres meses posteriores. La disminución de síntomas depresivos, en cambio, resultó significativa al terminar el programa, pero no durante el seguimiento. La diferencia recuerda que un bienestar inicial no siempre implica que todos los efectos continúen a mediano plazo.
¿Y qué hay del acuerdo en el tratamiento?
Uno de los hallazgos más relevantes estuvo relacionado con la alianza terapéutica. Las parejas atendidas por videollamada valoraron el vínculo con el profesional de manera semejante a quienes compartían la misma habitación con él. Además, las puntuaciones aumentaron entre la tercera y la sexta sesión en las dos modalidades.
El componente emocional de la alianza también mejoró con el tiempo. La terapia de pareja virtual, por tanto, no impidió que los participantes desarrollaran confianza, acordaran objetivos o colaboraran con las actividades. La satisfacción general con el servicio fue prácticamente idéntica en ambos grupos.
Alcances y limitaciones del estudio
A pesar de lo mencionado, los hallazgos deben interpretarse con cautela. La muestra estuvo integrada por solo 30 díadas y no contó con potencia estadística suficiente para detectar diferencias pequeñas entre la modalidad presencial y online. Además, todas las sesiones fueron conducidas por un único terapeuta, por lo que no es posible saber si los resultados se mantendrían con profesionales de distinta experiencia, orientación clínica o estilo de intervención.
A su vez, la modalidad en videollamada tuvo lugar dentro de una clínica y con ambos integrantes en la misma habitación, un contexto diferente al de muchas consultas realizadas desde el hogar o desde ubicaciones separadas. Por último, el seguimiento se extendió solo durante tres meses, de modo que todavía no puede afirmarse que las mejoras persistan a largo plazo.
Una alternativa efectiva, pero no universal
Los resultados respaldan a la terapia de pareja virtual como una alternativa viable para quienes enfrentan barreras geográficas, laborales o de disponibilidad profesional. La videollamada permitió aplicar un programa estructurado, obtener mejoras relacionales y sostener una alianza semejante a la atención presencial. La tecnología, en ese contexto, funcionó como medio de acceso y no como obstáculo clínico.
Aunque la evidencia todavía necesita ampliarse, los hallazgos respaldan a la terapia de pareja virtual como una alternativa relevante para quienes viven lejos de servicios especializados o encuentran dificultades para asistir a consulta. Más que reemplazar de forma automática el encuentro presencial, esta modalidad amplía las opciones disponibles y permite adaptar la atención a las necesidades de cada vínculo.
Referencia bibliográfica
- Kysely, A., Bishop, B., Kane, R. T., McDevitt, M., De Palma, M., y Rooney, R. (2022). Couples therapy delivered through videoconferencing: Effects on relationship outcomes, mental health and the therapeutic alliance. Frontiers in Psychology, 12, 773030. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.773030





















