Iniciar una terapia de pareja implica llevar al consultorio dos perspectivas, dos historias y, con frecuencia, objetivos que no coinciden por completo. Mientras una persona busca reparar el vínculo, la otra quizá duda sobre la continuidad de la relación o espera que el profesional confirme su versión del conflicto. En ese escenario, la alianza terapéutica en terapia de pareja adquiere una complejidad particular: el terapeuta necesita construir un lazo de confianza con ambos integrantes sin perder neutralidad ni descuidar el propósito compartido del tratamiento. A continuación, abordaremos un metaanálisis que examinó cómo la calidad y el equilibrio de ese acuerdo se asocian con los resultados del tratamiento.

Un compromiso que involucra a más de dos personas

Alianza terapéutica en terapia de pareja, vínculo terapéutico

En la psicoterapia individual, la alianza de trabajo suele incluir tres componentes: el acuerdo sobre los objetivos, la aceptación de las tareas propuestas y el vínculo terapéutico con el profesional. En el trabajo con parejas, dichos elementos continúan siendo relevantes, aunque adquieren una dimensión sistémica. Cada integrante desarrolla su propia relación con el terapeuta y, al mismo tiempo, observa cómo el profesional escucha, valida o cuestiona a la otra persona.

Por esa razón, la alianza terapéutica en terapia de pareja no consiste solamente en que ambos miembros confíen en quien conduce las sesiones. También requiere que la persona reconozca algún motivo común para participar, incluso cuando existan desacuerdos importantes sobre el origen del problema o sobre la solución esperada. El vínculo terapéutico incluye, por tanto, la relación de cada consultante con el profesional y el grado de colaboración que logran sostener entre sí.

Un propósito compartido, aun en conflicto

Compartir un propósito no significa pensar igual ni abandonar las diferencias. A veces, una pareja discrepa sobre numerosos aspectos y, aun así, coindice en una meta inicial: comprender por qué las discusiones escalan, proteger a sus hijos del conflicto, recuperar la comunicación o decidir con mayor claridad sobre el futuro del vínculo. Ese punto de encuentro brinda una base desde la cual organizar el trabajo clínico.

¿Qué ocurre cuando el acuerdo queda dividido?

Uno de los principales desafíos aparece cuando un integrante siente una conexión sólida con el terapeuta y el otro percibe distancia, juicio o falta de comprensión. Tal configuración recibe el nombre de alianza dividida o desequilibrada. El problema no radica únicamente en la diferencia entre ambas experiencias, sino en la manera en que esa desigualdad modifica la dinámica de las sesiones.

La persona menos conectada puede sentirse excluida, interpretar que el profesional tomó partido y reducir su participación. En paralelo, quien percibe mayor apoyo quizá utilice la intervención clínica para reforzar su posición. Bajo esas condiciones, el consultorio corre el riesgo de convertirse en otro escenario de confrontación. Cuidar el vínculo terapéutico exige detectar esas señales antes de que la polarización debilite el tratamiento.

Las rupturas no siempre son evidentes

Alianza terapéutica en terapia de pareja, vínculo terapéutico

Asimismo, el malestar con la terapia no siempre aparece mediante una crítica directa. El silencio prolongado, las respuestas breves, el sarcasmo, la falta de compromiso con las tareas o la negativa a abordar determinados temas también puede indicar una ruptura. Una actitud aparentemente colaborativa tampoco garantiza que ambos integrantes valoren la experiencia de igual manera. Por ello, conviene revisar periódicamente cómo vive cada persona el proceso.

¿Cómo se diseñó el estudio?

El metaanálisis reunió 48 estudios sobre terapia de pareja y familiar, con 40 muestras independientes. En total, incluyó 1.545 díadas, 2.568 familias. Los trabajos debían evaluar la alianza terapéutica y aportar datos sobre su relación con indicadores como la permanencia en tratamiento, los avances durante el proceso o los cambios observados al finalizar la intervención.

Debido a que muchos estudios incluían varias mediciones, informantes y resultados, los investigadores analizaron 491 tamaños de efecto mediante un modelo estadístico de tres niveles. Además, realizaron un análisis específico con siete trabajos para examinar qué ocurría cuando la relación con el terapeuta era más sólida para un integrante que para el otro, es decir, cuando existían alianzas divididas o desequilibradas.

¿Cuáles fueron los resultados?

Los análisis mostraron que un acuerdo de mayor calidad guardaba asociación con una evolución más favorable del tratamiento. La asociación fue significativa y de magnitud moderada, lo que indica que la confianza en el profesional, el acuerdo sobre los objetivos y la colaboración durante las sesiones no constituyen elementos secundarios. En particular, la alianza terapéutica en la terapia de pareja mostró una conexión estrecha con mejoras en el funcionamiento de la relación, por encima de otros indicadores como la reducción de síntomas individuales o la permanencia en el proceso.

¿Y qué ocurre cuando hay división?

Alianza terapéutica en terapia de pareja, vínculo terapéutico

Por otro lado, el análisis específico de siete estudios encontró que las alianzas divididas o desequilibradas también tenían un peso relevante. Cuanto mayor era la diferencia entre la conexión de cada integrante con el terapeuta, peores tendían a ser los resultados. Este hallazgo refuerza la importancia de atender no solo al vínculo individual con cada consultante, sino también al equilibrio entre ambas experiencias dentro de la sesión.

Un efecto presente en distintos enfoques

La relación entre alianza y desenlace apareció tanto en terapia de pareja como en la familiar y atravesó diferentes orientaciones clínicas. Además, las mediciones realizadas a lo largo de varias sesiones resultaron más informativas que aquellas tomadas en un único momento. En consecuencia, el vínculo terapéutico necesita revisarse durante todo el proceso, especialmente cuando surgen tensiones, silencios, resistencia o señales de distanciamiento.

¿Qué limitaciones deben considerarse?

Los hallazgos no permiten afirmar que una conexión sólida cause por sí sola mejores resultados. Los estudios evaluaron la relación terapéutica en momentos distintos del proceso y una proporción de los análisis utilizó mediciones realizadas hacia el final del tratamiento. En esos casos, una evolución favorable también pudo haber fortalecido la percepción de acuerdo, por lo que la dirección del vínculo entre ambas variables no siempre resulta clara.

Además, el análisis sobre alianzas divididas incluyó solo siete estudios y todavía no existe un criterio único para definir o medir ese desequilibrio. También faltan más investigaciones que analicen a la persona como una unidad y que incorporen muestras diversas, incluidas parejas del mismo género, familias de bajos ingresos y grupos raciales o étnicos históricamente poco representados.

Más que caer bien a ambos

Una buena alianza no equivale a evitar incomodidades ni a lograr que cada sesión termine en armonía. El tratamiento incluye desacuerdos, emociones intensas y conversaciones difíciles. Lo decisivo es que ambos integrantes perciban un contexto suficientemente seguro para expresar sus posiciones, revisar patrones y aceptar intervenciones que desafíen sus formas habituales de relacionarse.

En definitiva, cuidar el vínculo terapéutico forma parte del tratamiento y no constituye un paso previo que luego queda atrás. Los hallazgos muestran que una alianza sólida, equilibrada y revisada a lo largo del proceso guarda relación con mejores resultados. Cuando cada persona encuentra un lugar legítimo en la terapia y la pareja logra sostener algún propósito común, aumentan las condiciones para que el cambio sea posible.

Referencia bibliográfica

  • Friedlander, M. L., Escudero, V., Welmers-van de Poll, M. J., y Heatherington, L. (2018). Meta-analysis of the alliance–outcome relation in couple and family therapy. Psychotherapy, 55(4), 356–371. https://doi.org/10.1037/pst0000161