El trastorno del desarrollo del lenguaje es una de las condiciones atípicas más frecuentes en la infancia, aunque sigue siendo menos reconocido que otras dificultades del proceso evolutivo. Tradicionalmente, se lo ha definido mediante criterios categoriales como los del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision, DSM-5-TR, en inglés). Sin embargo, su presentación clínica suele ser más heterogénea de lo que esas categorías permiten capturar. Una revisión reciente propone repensar su naturaleza y comprenderlo como un espectro multidimensional. ¿Y si el problema no fuera el diagnóstico en sí, sino el marco conceptual que utilizamos para entenderlo?

¿Qué se sabía hasta ahora?

Trastorno del lenguaje, desarrollo del lenguaje

La literatura describe el trastorno del lenguaje como una alteración persistente en la adquisición y el uso de la comunicación, presente desde edades tempranas y sin una causa biomédica única que lo explique. Su frecuencia es elevada y su impacto trasciende lo escolar, con efectos en la trayectoria laboral y en los vínculos interpersonales. Durante años, la identificación clínica se apoyó en criterios que delimitan la presencia o ausencia del cuadro a partir de umbrales definidos.

Al mismo tiempo, la evidencia acumulada mostró una variabilidad considerable. Algunas personas presentan mayores dificultades gramaticales; otras, limitaciones en vocabulario, comprensión o uso pragmático. Además, la coexistencia con perfiles como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la dislexia o alteraciones motoras es habitual, complicando la diferenciación diagnóstica y desafía las fronteras entre categorías.

Límites del enfoque categorial

Como es sabido, los sistemas clasificatorios organizan los cuadros en entidades discretas. Sin embargo, la práctica revela perfiles combinados y límites difusos. También se observan problemas de subidentificación, sobrediagnóstico y fenómenos como el diagnostic overshadowing, donde las dificultades lingüísticas quedan eclipsadas por otra condición más visible. En conjunto, estos elementos sugieren que el marco tradicional no logra capturar toda la complejidad del fenómeno.

¿Cómo se llevó a cabo el análisis?

El trabajo consiste en una revisión integrativa de carácter teórico. No presenta datos originales ni realiza un metaanálisis cuantitativo. Su objetivo fue examinar los dilemas vinculados al diagnóstico del trastorno del desarrollo del lenguaje y analizar la coherencia entre los criterios clínicos actuales y la evidencia científica disponible.

Para ello, los autores articularon hallazgos conductuales, estudios de neuroimagen y resultados genéticos. A partir de esa integración, elaboraron una propuesta conceptual que entiende la condición como un espectro multidimensional dentro del conjunto más amplio de los perfiles del crecimiento.

Una afectación que no cabe en una sola categoría

Trastorno del lenguaje, desarrollo del lenguaje

Uno de los hallazgos más consistentes fue la marcada heterogeneidad en la presentación clínica. Es decir, no existe un perfil único. Las dificultades pueden involucrar gramática, vocabulario, comprensión o uso pragmático del lenguaje, con niveles de intensidad diversos. Además, la trayectoria evolutiva tampoco sigue un patrón uniforme. Algunos desafíos disminuyen con el tiempo, mientras otros persisten o se vuelven más visibles en etapas posteriores.

Esta diversidad cuestiona la idea de fronteras diagnósticas rígidas. Más que separar con claridad a quienes “tienen” o “no tienen” la condición, la evidencia apunta a un continuo de habilidades lingüísticas en la población. Bajo dicha perspectiva, el trastorno del desarrollo del lenguaje no representaría una categoría aislada, sino una configuración particular dentro de ese gradiente.

Evidencia neurobiológica distribuida

Por un lado, los estudios de neuroimagen muestran diferencias en varias regiones vinculadas al procesamiento lingüístico. Entre ellas aparecen áreas perisilvianas, ganglios basales y circuitos de conectividad más amplios. Sin embargo, la investigación no identifica un marcador cerebral único ni una alteración focal presente en todos los casos. Por tanto, su desajuste difícilmente pueda explicarse mediante una única alteración localizada.

Genética compartida y fronteras difusas

En el plano genético, la revisión destaca la naturaleza poligénica de la condición. Es decir, se han identificado numerosos genes candidatos asociados al lenguaje, varios de los cuales también se vinculan con otras condiciones del neurodesarrollo.

Esta superposición ofrece una posible explicación biológica para la coexistencia frecuente de alteraciones lingüísticas con otros perfiles. Por lo tanto, diferentes combinaciones y pesos de factores hereditarios y ambientales podrían dar lugar a configuraciones diversas.

Hacia un modelo multidimensional

Trastorno del lenguaje, desarrollo del lenguaje

A partir de la integración de los niveles de análisis, se propone comprender el trastorno del desarrollo del lenguaje como parte de un espectro multidimensional. En tal marco, las dificultades se distribuyen en varias dimensiones interrelacionadas, cuya interacción genera perfiles individuales específicos.

El modelo se alinea con enfoques dimensionales como los Criterios de Dominio de Investigación (Research Domain Criteria, RDoC, en inglés). Tal iniciativa busca describir la psicopatología a partir de sistemas funcionales en lugar de categorías rígidas. Desde esa perspectiva, el foco deja de estar en la presencia o ausencia de un diagnóstico y pasa a centrarse en la configuración particular de habilidades y dificultades.

Implicancias clínicas

Siguiendo esta línea, la adopción de un enfoque multidimensional introduce cambios relevantes en la evaluación. En lugar de centrarse únicamente en el cumplimiento de criterios diagnósticos, la atención se desplaza hacia la combinación de habilidades y dificultades presentes en cada perfil. Bajo dicha lógica, el análisis considera distintas dimensiones lingüísticas, cognitivas y atencionales, lo que permite una comprensión más fina del funcionamiento individual.

Además, esta perspectiva facilita interpretar la comorbilidad desde un marco más coherente. Si distintas complicaciones comparten bases genéticas y neurobiológicas, su coexistencia deja de resultar excepcional. Al mismo tiempo, la identificación de dimensiones específicas favorece intervenciones más ajustadas.

Tensiones y desafíos del nuevo enfoque

Ahora bien, adoptar un modelo dimensional no implica descartar de inmediato los sistemas categoriales vigentes. Los mismos siguen cumpliendo una función práctica en distintos ámbitos, aunque la coexistencia de ambos marcos genera desafíos.

Uno de ellos es la necesidad de desarrollar herramientas de evaluación sensibles a dimensiones continuas. Otro, consiste en traducir un enfoque teórico complejo en decisiones clínicas claras. En definitiva, si hay algo que queda claro, es que la transición requiere formación, consenso interdisciplinario y ajustes en los sistemas de clasificación.

Hacia un modelo integrador del neurodesarrollo

La revisión propone un giro conceptual significativo. El trastorno del desarrollo del lenguaje no sería simplemente una categoría diagnóstica delimitada, sino una expresión particular dentro de un continuo. Esta perspectiva permite integrar variabilidad conductual, hallazgos neurobiológicos y factores genéticos en un marco coherente.

Repensar su afección desde un enfoque multidimensional no elimina la utilidad de las clasificaciones actuales, pero sí invita a utilizarlas con mayor flexibilidad. Tal vez el desafío no sea abandonar las categorías, sino complementarlas con una comprensión más amplia y dinámica.

Referencia bibliográfica

  • McGregor, K., Goffman, L., Plante, E. y Werfel, K. (2025). Developmental language disorder as a multidimensional neurodevelopmental spectrum: Implications for diagnosis. Journal of Speech, Language, and Hearing Research. https://doi.org/10.1044/2025_JSLHR-25-00089