El número de personas con obesidad, sobrepeso o que presentan atracones de comida ha aumentado de manera desproporcionada. Y es que, vivimos en un entorno en el que los alimentos ultraprocesados y de consumo rápido se encuentran al alcance de todos. Asimismo, una vida sedentaria, sin ejercicio físico, contribuye a que esta epidemia silenciosa cobre fuerza. Ahora, dichas patologías se asocian con una amplia gama de complicaciones de salud. Por tanto, hablamos de una situación que requiere de una atención sanitaria, preventiva y urgente. La hipótesis actual sugiere que el sesgo atencional en las personas que tienen obesidad o presentan atracones de comida se encuentra alterado. En esta nota analizaremos qué han encontrado algunos estudios y la implicación de nuestro cerebro en tales premisas.

La obesidad: Un problema de salud pública

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa causada por una ingesta de alimentos de alto contenido calórico y un descenso en la actividad física. Una patología que se ha triplicado en todo el mundo y que, de hecho, es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, entre otras. Siendo, en su grado más crónico, causante de muerte.

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Con frecuencia, las tasas de obesidad crecen drásticamente debido a que existe una relación bidireccional entre la comida y las emociones. Esta relación implica que las emociones pueden influir en los hábitos alimenticios y, a su vez, los hábitos alimenticios pueden afectar el estado emocional de una persona.

Por ejemplo, ante la presencia de emociones que pueden resultar desagradables, como la ira, el estrés, la soledad o la tristeza, muchas personas tienden a aumentar la ingesta de alimentos. Este comportamiento se conoce como alimentación emocional, donde los alimentos, especialmente aquellos ricos en azúcar y grasas, se utilizan como una forma de auto-medicación para mejorar temporalmente el estado de ánimo.

Los atracones de comida en la obesidad

Comer es una estrategia de afrontamiento seleccionada por muchas personas. Si las conductas señaladas anteriormente se realizan repetitivamente, se condicionan y pueden causar atracones de comida (Palomino-Pérez y Palomino-Pérez, 2020).

Kaisari et al. (2019) afirman que este comportamiento es definido como una forma de comer en exceso en un rango de tiempo corto. Como resultado, la persona se encuentra frente a una situación de pérdida de autocontrol y sentimientos de culpa que conlleva a un aumento de peso.

Cerebro y obesidad

Lo cierto es que el estado de ánimo puede tener una gran influencia en nuestra alimentación. Y, no solo esto. Los hábitos alimenticios pueden consolidarse de acuerdo a la forma en la que abordamos una situación. No obstante, tales factores no son los únicos a tomar en cuenta.

En el cerebro, la dopamina es la encargada de controlar la capacidad de respuesta de los individuos frente al alimento. Así pues, el procesamiento de la recompensa y el placer corresponden a un aumento de este neurotransmisor. Por lo que, consecuentemente, la persona intensifica la ingesta de alimentos (Rojo-Bofill et al., 2019).

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Con el tiempo, a través del condicionamiento generado, los circuitos de recompensa se correlacionan fuertemente a estímulos asociados con la comida. Y esto, ocasiona un procesamiento sesgado de las señales vinculadas con los alimentos. Es decir, una atención anormal o distorsionada a los estímulos de comida.

¿Qué entendemos por sesgos atencionales?

El sesgo atencional se define como una tendencia a enfocarse en una clase particular de estímulos. Según Schag et al. (2013) se miden mediante el seguimiento ocular o por medio de tareas computarizadas. Así, se evalúan mientras el participante se encuentra expuesto a estímulos relevantes y no relevantes. En ellos, provee información a través de diversas medidas como la orientación inicial, compromiso de la atención y mantenimiento de esta (Deluchi et al., 2017).

Ahora, ¿cómo se producen los sesgos atencionales en la obesidad?

En un intento por clarificar el origen y mantenimiento de la obesidad se ha postulado que los sesgos atencionales se encuentran involucrados en esta patología.

El llamado enganche y desenganche

Se dice que las personas con dicho diagnóstico enfocan su atención visual principalmente hacia imágenes referidas a alimentos. En otras palabras, se genera un enganche atencional que implica una tendencia a enfocar la atención únicamente a tales señales. Por el contrario, cuando las personas tienen facilidad de cambiar su foco atencional a otro estímulo, hablamos de desenganche (Jansen et al., 2015).

Como resultado, se activan las regiones relacionadas con la recompensa anticipada (cuerpo estriado dorsal y córtex orbitofrontal). Esta estimulación es independiente a los estados de hambre y saciedad, por tanto, si la persona enfoca su atención solo en las señales, y no en las sensaciones de su cuerpo, pueden aparecer los episodios de atracones de comida y desarrollar obesidad (Tamayo y Restrepo, 2014).

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Y las consecuencias

De esta manera, las señales alimentarias provocan sesgos atencionales que causan, a su vez, un déficit en el control inhibitorio y conductas perjudiciales. De hecho, Alamout et al. (2020) corroboran que las personas con obesidad responden rápidamente ante señales alimentarias. Y, durante este proceso, se activa el locus coeruleus, regiones de la corteza frontal y parietal.

Así mismo, el estudio de Schag et al. (2013) examinó la ubicación inicial de señales relacionadas con comida, descubriendo, de esta manera, que personas que presentan atracones de comida y obesidad, prestaban más atención a estímulos alimenticios en contraposición con estímulos neutros.

Conclusión

Se han evidenciado varios estudios que indican la existencia de un sesgo atencional deteriorado frente a señales alimenticias en pacientes con obesidad y atracones de comida. Esto quiere decir que existe un procesamiento atencional anormal de los estímulos alimentarios.

Podemos concluir, entonces, que los sesgos de atención a los estímulos alimentarios podrían influir en el inicio de la obesidad, independientemente de la etapa de desarrollo. Por tanto, es fundamental que se ponga especial atención a la información que tenemos a nuestro alcance.

Las entidades gubernamentales deben controlar y promover publicidad que anime a una nutrición adecuada. Y, por supuesto, el conocer los sesgos atencionales nos permite, como profesionales de la salud mental, considerar dichos elementos para una intervención integral.

Referencias bibliográficas

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  • Schag, K., Teufel, M., Junne, F., Preissl, H., Hautzinger, M., Zipfel, S. y Giel, K. E. (2013). Impulsivity in binge eating disorder: Food cues elicit increased reward responses and disinhibition. PloS One, 8(10), e76542. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0076542
  • Tamayo Lopera, D. y Restrepo, M. (2014). Aspectos psicológicos de la obesidad en adultos. Revista de Psicología Universidad de Antioquia, 6(1), 91-112. https://revistas.udea.edu.co/index.php/psicologia/article/view/21619