La autolesión en adolescentes representa un desafío de salud pública que requiere una lectura cuidadosa. No todas estas conductas tienen el mismo sentido clínico ni se explican por los mismos factores. Para ilustrar, podría incluir comportamientos con o sin intención suicida y suele vincularse con mayor riesgo de dificultades psicológicas posteriores. Por eso, identificar tratamientos eficaces es una prioridad para la práctica. Una revisión sistemática analizó qué abordajes resultan más efectivos para el daño autoinfligido en menores de 18 años. A continuación, examinaremos qué encontró la evidencia y por qué el acompañamiento de estas situaciones exige precisión clínica.

Un desafío que exige intervención temprana

autolesión y adolescentes y dbt-a

La autolesión se define como una conducta intencional de daño hacia uno mismo, independientemente de su propósito. Esta definición abarca tanto los intentos de suicidio como la autolesión no suicida, aunque ambos fenómenos no son equivalentes. En el primer caso existe algún grado de intención de morir; en el segundo, el daño ocurre sin esa intención.

Esta distinción permite comprender mejor la diversidad de situaciones clínicas. En la adolescencia, tales episodios podrían relacionarse con dificultades para manejar emociones intensas, malestar persistente, problemas interpersonales o cuadros psicológicos comórbidos. Además, su presencia se asocia con mayor riesgo de repetición y con otros desenlaces adversos en la adultez joven.

No todos los abordajes tienen el mismo respaldo

El tratamiento de la autolesión en adolescentes adopta formas muy distintas. Algunas propuestas se centran en habilidades emocionales; otras en terapia familiar, estrategias cognitivo-conductuales, intervenciones breves, hospitalizaciones pactadas o dispositivos grupales. Esta diversidad vuelve más complejo comparar conclusiones.

Por eso, una revisión actualizada resulta especialmente relevante. Si bien ya existían trabajos previos, muchos no incluían estudios publicados después de 2022. El nuevo metaanálisis buscó actualizar los datos disponibles e identificar qué modalidades mostraban efectos más consistentes sobre autolesión, intentos de suicidio, autolesión no suicida, ideación suicida, depresión, ansiedad y funcionamiento general.

Una muestra amplia de abordajes

La investigación utilizó ensayos clínicos aleatorizados con niños y adolescentes menores de 18 años que habían presentado daño autoinfligido durante los seis meses previos. Se aceptaron distintos tipos de programas y comparadores, incluyendo el abordaje habitual, listas de espera, propuestas activas u otros formatos.

En total, se analizaron 21 trabajos, reportados en 31 publicaciones, con 3.263 participantes. Las intervenciones fueron agrupadas según su orientación teórica y formato. Entre ellas se analizaron abordajes cognitivo-conductuales, terapia dialéctico-conductual para adolescentes (Dialectical Behavior Therapy for Adolescents, DBT-A, en inglés) intervenciones individuales online centradas en regulación emocional, la mentalización, propuestas breves, admisiones breves por autorreferencia, formatos grupales y modalidades familiares.

Aceptación, cambio y habilidades frente a la autolesión

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Uno de los hallazgos principales fue que la DBT-A, mostró efectos positivos sobre la autolesión en adolescentes. Dicha modalidad combina estrategias de aceptación y cambio, e incluye entrenamiento en habilidades para regular emociones, mejorar relaciones y afrontar crisis.

De esta manera, encontró que la DBT-A redujo el número de jóvenes con conductas autolesivas al finalizar el tratamiento. Adicionalmente, se asoció con una reducción de la ideación suicida y aunque con menor certeza, con una disminución de síntomas depresivos.

Regular emociones aparece como un mecanismo clave

Los resultados de la DBT-A son coherentes con una idea clínica central: muchas conductas autolesivas se vinculan con dificultades para comprender, tolerar y comunicar emociones intensas. Desde esta perspectiva, el tratamiento busca ampliar el repertorio de respuestas ante el malestar.

Adicionalmente, ayuda a explicar por qué los programas que trabajan habilidades emocionales parecen especialmente prometedores. Aprender a identificar las emociones, aceptar respuestas internas y comunicar necesidades de forma más efectiva podría reducir la probabilidad de recurrir al autodaño como forma de manejar el sufrimiento.

Una intervención online con resultados prometedores

Otra propuesta destacada fue IERITA, una terapia individual online para adolescentes centrada en regulación emocional. En los análisis incluidos, contó con apoyo asincrónico de terapeutas y se comparó con tratamiento habitual.

Los hallazgos sugirieron que IERITA redujo tanto el número de participantes con autolesión no suicida como la frecuencia de estos episodios al final del estudio. También se observó una reducción de síntomas depresivos. Sin embargo, la certeza de la evidencia fue baja, por lo que los autores señalan que se necesitan más estudios independientes para confirmar estos hallazgos.

Qué pasó con los otros enfoques

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La revisión analizó terapias basadas en el modelo cognitivo-conductual, la mentalización, abordajes familiares, intervenciones breves, dispositivos grupales y admisiones breves por autorreferencia. En varios casos, los efectos fueron nulos, inconsistentes o no pudieron evaluarse con suficiente certeza.

Por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual mostró poca o ninguna diferencia en la repetición de intentos de suicidio en comparación con el tratamiento habitual. Mientras que la mentalización no mostró efectos estadísticamente significativos.

Una evidencia necesaria, pero todavía incompleta

Los autores destacan varias limitaciones. Muchos trabajos tuvieron muestras pequeñas, condiciones de tratamiento habitual poco definidas y períodos de seguimiento relativamente breves. Esto dificulta saber si los efectos observados se mantienen a largo plazo.

Además, la mayoría de los participantes fueron de sexo femenino y todos los estudios se realizaron en países occidentales. Esto limita la generalización de los resultados a varones, personas no binarias y jóvenes de otros contextos socioculturales. Aún más la revisión señala la necesidad de mayor consenso internacional sobre cómo definir y medir este fenómeno.

Intervenir con evidencia y sensibilidad

El metaanálisis sugiere que la DBT-A cuenta con el respaldo más consistente para reducir la repetición de autolesión en adolescentes. IERITA también aparece como una propuesta prometedora, especialmente para las conductas de daño no suicida, aunque requiere más investigación. En cambio, otros abordajes todavía presentan resultados insuficientes o menos concluyentes.

Estos hallazgos no implican que exista una única respuesta terapéutica para todos los casos. El daño autoinfligido podría cumplir funciones distintas según la historia, el contexto, el nivel de riesgo y los recursos familiares de cada joven. Por eso, intervenir con evidencia también significa evaluar con sensibilidad clínica qué necesita cada persona, en qué momento y con qué red de apoyo.

Referencia bibliográfica

  • Johansson, B. A., Wilbe Ramsay, K., Pettersson, A. y Bjureberg, J. (2026). Effects of interventions for self-harm in children and adolescents: a systematic review and meta-analysis. European Child & Adolescent Psychiatry35(1), 91-107. https://doi.org/10.1007/s00787-025-02859-7