Sin duda, la violencia es un problema de salud mental. Ya sea de un tipo u otro, conlleva consecuencias tanto a corto como largo plazo. Si esta se prolonga a lo largo del tiempo, las estructuras cerebrales y nuestro metabolismo se verá gravemente perjudicado. Las neurociencias y la psicología se han encargado de estudiar aquellos factores que influyen, tanto como precipitantes como predisponentes en la violencia y cómo pueden afectar al individuo. Uno de estos tipos de violencia es el acoso escolar o bullying. Los efectos del acoso escolar en el cerebro son claros y constatados cada vez más en las investigaciones actuales. Indagamos más sobre ello. A continuación.

¿Es lo mismo el acoso escolar y el bullying?

Origen

Como ya explicamos en una de nuestras notas sobre el acoso escolar, este concepto fue definido por primera vez en 1970 por el investigador y psicólogo Dan Olweus, quien reporta un tipo de violencia en el ámbito escolar.

Conceptos

Acoso escolar: Efectos en el cerebro. Imagen obtenida de: https://www.lavanguardia.com/r/GODO/LV/p6/WebSite/2019/04/29/Recortada/img_bmartin_20180927-191928_imagenes_lv_getty_gettyimages-854198292-kPiB-U461933942564vYE-992x558@LaVanguardia-Web.jpg

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el término “violencia” hace referencia al “uso intencional de la fuerza física o el poder, la amenaza o el hecho, contra uno mismo, contra otra persona o contra un grupo o una comunidad, que puede producir o tiene una alta probabilidad de provocar una lesión, muerte, daño psicológico, afectar el desarrollo o generar privaciones” (OMS, Salud y Violencia en el Mundo, 2002).

Aunando ambos conceptos que menciona Olweus, el acoso escolar o bullying (palabra inglesa referida al acoso entre iguales) es una conducta donde existe una persecución (ya sea de tipo verbal, físico, psicológico, relacional, material, sexual o a través del cyberbullying) que realiza un alumno contra otro.

La víctima experimenta ataques consecutivos contra los que no puede actuar por sí mismo. Estos ataques repetidos tienen como consecuencia una amplia variedad de efectos que afectan de forma negativa a quien lo sufre. Olweus especifica que hay que tener en cuenta la:

  1. Repetición de la acción
  2. Intencionalidad del agresor
  3. Indefensión de la víctima ante el abuso de poder
  4. Gravedad de las consecuencias que incluye todas las áreas que rodean a la víctima

Clasificación

Además de los tipos ya mencionados, hay una clasificación establecida según la forma de maltrato. Diferenciándose:

  • El maltrato directo: a) Físico (empujar, pegar o amenazar) b) Verbal (insultar o burlarse de la víctima) c) Relacional o de exclusión social (excluir del grupo o no permitir participación).
  • El indirecto: En este tipo de maltrato el agresor es anónimo: a) Físico (robar, esconder o destrozar objetos de la víctima) b) Verbal (criticar o lanzar falsos rumores) c) Exclusión social o relacional (evitar o excluir).

El maltrato de tipo verbal o exclusión social tiene peor pronóstico que el maltrato físico a largo plazo. Hay que destacar que este tipo de acoso no suele ser percibido tan fácilmente por los padres o educadores. Sin embargo, genera graves efectos adversos en el niño (Musalem y Castro, 2015).

Consecuencias del acoso escolar en la salud

El acoso escolar tiene consecuencias que pueden afectar desde la salud física a la salud emocional. Los síntomas más comunes son aquellos de carácter somático (ejemplo: dolor de cabeza), dolor crónico abdominal, mareos, dolor de espalda y trastornos del sueño. Estas manifestaciones pueden estar producidas por el estrés que genera la situación en el niño (Rivara et al., 2019).

Imagen obtenida de: https://www.elpradopsicologos.es/storage/wp-content/uploads/2013/02/acoso-escolar.jpg

Un metaanálisis reciente mostró que el acoso escolar en niños y adolescentes además estaba relacionado con cuadros como la depresión y ansiedad (pudiendo aparecer otros trastornos como fobia social y estrés postraumático), síntomas psicóticos, ideación suicida e intentos.

Así mismo, hubo una asociación significativa entre el acoso y el consumo de drogas, como el alcohol y el tabaco.

Finalmente, tras estos datos que muestran una mala salud general, los resultados obtenidos en cuanto al ámbito académico y rendimiento no distaron mucho de lo anterior.

Aquellas personas víctimas de acoso escolar mostraban bajo rendimiento académico, reportando sentimientos de soledad y baja calidad de vida (Moore et al., 2017).

Efectos del acoso escolar o bullying en el cerebro

No podemos dudar que todos estos efectos en la salud pueden ser acumulativos si no se tratan a tiempo.

Las consecuencias de la violencia, a nivel biológico, tienen efectos en el cerebro, el sistema neuroendocrino y la respuesta inmune. Así pues, una exposición continuada a este tipo de situaciones puede alterar la estructura cerebral.

Estudios han demostrado que es posible que aquellos niños que son biológicamente más sensibles al estrés, ante una situación de acoso podrían sufrir consecuencias perjudiciales para el desarrollo del cerebro (du Plessis et al., 2019). Así pues, veamos algunas zonas cerebrales implicadas en los efectos del acoso escolar.

Estructuras comprometidas

Se ha encontrado que un acoso prolongado se asocia a una disminución del volumen en la zona izquierda del putamen y el núcleo caudado a lo largo de la adolescencia. Resultado, probablemente, de un aumento de la poda sináptica y una disminución del número de células gliales.

La relevancia de cambios estructurales en el putamen y el caudado, en cuanto a su nexo con la ansiedad, tiene que ver con su relación con la sensibilidad a la recompensa, motivación, condicionamiento, atención y procesamiento emocional.

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Además, dichas áreas junto con el núcleo accumbens, comprenden el “cuerpo estriado” (relacionado en otros estudios con la depresión).

Este componente de los ganglios basales tiene un papel clave en el procesamiento de recompensas, aprendizaje y, asimismo, recibe proyecciones de la amígdala, una estructura encargada del control de las emociones implicada en el condicionamiento del miedo.

Hablando de ansiedad y miedo, no ha de olvidarse que cuando aparecen tales estados se originan cambios fisiológicos somáticos y autonómicos propios de acciones defensivas.

Con esto, y lo mencionado en el apartado anterior, no es extraño deducir que una respuesta de miedo hiperactiva, por ejemplo la propia del acoso escolar, puede alterar la anatomía de algunas zonas cerebrales y repercutir en su funcionalidad (Quinlan et al., 2018).

¿Por qué importa la edad en el acoso escolar?

Sumado a lo anterior, se ha constatado que niños que en edades tempranas han sido víctimas de abusos o violencia, presentaban una disfunción del eje hipotálamo-hipofisario y actividad anómala en algunas regiones cerebrales como la corteza prefrontal, el sistema límbico y paralímbico.

Esto muestra que, entre las variables que podemos encontrarnos que dan paso a tales alteraciones (como la duración o intensidad) la edad es clave.

Cuando el acoso se produce en edades tempranas, el cerebro todavía está en desarrollo y ya experimenta cambios de por sí. Por ello, situaciones críticas de violencia podrían suponer un grave impacto en su actividad.

Sin embargo, no hemos de olvidar un punto a favor, el cerebro de los niños también presenta mayor plasticidad. De este modo, estrategias de acción preventivas son cruciales.

Conclusión

Este fenómeno social aumenta cada vez más sus cifras en la sociedad. Sin duda, es necesario informarse sobre los efectos del acoso escolar o bullying. Conocer cómo afecta la violencia, los tipos y sus consecuencias es sumamente importante.

Así mismo, ser conscientes de que el acoso no solo se limita a la violencia física, sino también a la psicológica, se vuelve indispensable para el desarrollo de programas de intervención eficaces.

De igual modo, no es suficiente con el desarrollo de tratamientos integradores y multidisciplinares, es indispensable la prevención primaria y el acceso a una correcta atención médica y psicológica. Como hemos leído a lo largo de la nota, los efectos del acoso escolar o bullying son graves a corto y largo plazo.

Referencias bibliográficas

  • Du Plessis, M. R., Smeekens, S., Cillessen, A. H. N., Whittle, S. y Güroǧlu, B. (2019). Bullying the Brain? Longitudinal Links Between Childhood Peer Victimization, Cortisol, and Adolescent Brain Structure. Frontiers in Psychology9, 2706. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.02706
  • Gini, G. y Pozzoli, T. (2013). Bullied Children and Psychosomatic Problems: A Meta-analysis. Pediatrics132(4), 720-729. https://doi.org/10.1542/peds.2013-0614
  • Moore, S. E., Norman, R. E., Suetani, S., Thomas, H. J., Sly, P. D. y Scott, J. G. (2017). Consequences of bullying victimization in childhood and adolescence: A systematic review and meta-analysis. World Journal of Psychiatry7(1), 60. https://doi.org/10.5498/wjp.v7.i1.60
  • Musalem, B. R. y Castro, O. P. (2015). Qué se sabe de bullying. Revista Médica Clínica Las Condes26(1), 14-23. https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2014.12.002
  • OMS Salud y Violencia en el Mundo. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud: resumen, Publicado en español por la Organización Panamericana de la Salud para la Organización Mundial de la Salud. Washington, D.C
  • Quinlan, E. B., Barker, E. D., Luo, Q., Banaschewski, T., Bokde, A. L. W., Bromberg, U., Büchel, C., Desrivières, S., Flor, H., Frouin, V., Garavan, H., Chaarani, B., Gowland, P., Heinz, A., Brühl, R., Martinot, J.-L., Martinot, M.-L. P., Nees, F. y Schumann, G. (2018). Peer victimization and its impact on adolescent brain development and psychopathology. Molecular Psychiatry. https://doi.org/10.1038/s41380-018-0297-9
  • Rivara, F., Adhia, A., Lyons, V., Massey, A., Mills, B., Morgan, E., Simckes, M. y Rowhani-Rahbar, A. (2019). The Effects Of Violence On Health. Health Affairs38(10), 1622-1629. https://doi.org/10.1377/hlthaff.2019.00480