En la actualidad, se ha despertado un interés multidisciplinar para abordar un problema educativo importante, se trata del acoso escolar o como mejor se conoce, bullying. Esto, como resultado de estudios que han demostrado las consecuencias significativas que se producen en la persona que sufre acoso escolar. De igual manera, se ha encontrado que dichas afectaciones no solo tienen repercusiones de manera inmediata, sino que también hay importantes consecuencias a largo plazo. Además, hay que tener en cuenta las dos caras de la moneda en el acoso escolar, tanto las personas que perpetúan la violencia como quienes la reciben. Ahora… ¿Cuáles son las repercusiones a corto y largo plazo del acoso escolar en la salud emocional? ¿Y el rendimiento académico de los estudiantes?

¿Qué se entiende como acoso escolar?

Según Cepeda-Cuervo y Caicedo (2013), el acoso escolar “es un tipo de violencia que se manifiesta por agresiones, físicas, psicológicas o sociales repetidas, que sufre el niño o niña en el entorno escolar ocasionada por sus compañeros” (p. 3). En otras palabras, la persona que está sufriendo acoso escolar, el cual es un tipo victimización por pares, se encuentra afectada por la exposición repentina y prolongada a acciones intencionadas y negativas por parte de una o más personas que le hacen daño. Como resultado, se encuentra en situaciones que no puede manejar o salir por sus propios medios (Fernández-Daza, 2016).

Dos características distintivas

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Existen dos características que diferencian el acoso escolar de otras acciones de violencia que se puedan presentar en el entorno escolar. La primera es la relación existente entre quien perpetúa la violencia y quien la recibe, ya que tienen una relación de poder (dominio-sumisión). La segunda, da cuenta de que la situación de acoso y agresión se presenta de forma reiterativa a lo largo del tiempo.

Existen una serie de efectos adversos que pueden impactar profundamente en el bienestar emocional, social y académico de los afectados. Así, dentro de las consecuencias que se han encontrado en niños y adolescentes que han sufrido de acoso escolar están:

Además del riesgo de suicidio, el acoso prolongado puede dejar secuelas psicológicas y emocionales duraderas en la víctima, como trastornos de ansiedad, depresión y trauma psicológico. Por lo que es fundamental abordar y prevenir el acoso escolar de manera efectiva para proteger la salud mental y el bienestar de los niños y adolescentes.

¿Cuáles son las afectaciones de los protagonistas del acoso escolar?

Dentro de la psicología se ha encontrado una relación entre el acoso escolar y ciertos trastornos, como el TDAH, trastorno oposicionista desafiante y la depresión. Adicionalmente, se ha descubierto que las experiencias sociales en edades tempranas tienen un papel vital en el desarrollo de redes neuronales para el autocontrol y la interacción social.

Estos aprendizajes se complementan con el paso del tiempo y ayudan a desarrollar un procesamiento adecuado de la información social. Sin embargo, es importante trabajar desde dos perspectivas, la del “agresor” y la del “agredido”.

Quienes agreden en el entorno escolar

Se ha encontrado que las personas que están catalogadas como “agresores” en el acoso escolar, presentan dificultades en las funciones ejecutivas y una disminución en las habilidades metalingüísticas. Esto podría estar relacionado con una dificultad en el control de la corteza prefrontal, especialmente en la modulación de acciones originadas de la ira (Fernández-Daza, 2016).

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De igual manera, en los “agresores” se presentan dificultades tanto en la inhibición como la flexibilidad cognitiva. Esto influye en comportamientos agresivos y una baja competencia social. Como resultado, se produce una afectación en las relaciones sociales. Sobre todo, las que se dan en el entorno escolar.

Otro de los factores que podrían afectar el desarrollo de tales comportamientos es la dinámica del hogar y la manera en la que interactúa el núcleo familiar. Si las relaciones o la resolución de conflictos suelen estar acompañadas de conductas agresivas, se convertirá en un foco de referencia para el niño. Por esta razón, el menor empieza a vincular la obtención de objetivos con el uso de la violencia, mediante una relación de dominancia y control.

Quienes reciben la violencia

En cuanto a los “agredidos” en el entorno escolar, se ha encontrado que cuando hay presencia de discriminación también lo hay de estrés y estigmatización social. Como consecuencia, se manifiestan problemas en el momento de intentar entablar relaciones de apego seguro.

Asimismo, esta exposición al acoso escolar deriva en síntomas de ansiedad que, por mantener la actividad intensa en algunas partes cerebrales, pueden llegar a generar déficits en procesos cognitivos. Entre las principales afectaciones, encontramos la atención, resolución de problemas o memoria. De igual manera, los niños muestran disminución en el rendimiento escolar y baja autoestima.

Todo esto tiene como consecuencia que los “agredidos” lo acepten, resignándose a vivir su realidad. Es por esta razón que se vuelve tan compleja la detección del bullying. Asimismo, pueden existir secuelas en las relaciones con padres y maestros, pues muchas veces el “agredido” es reprochado por su disminución en el rendimiento (Cepeda-Cuervo y Caicedo, 2013).

¿Qué se puede hacer si hay acoso escolar?

Se ha encontrado que el acoso escolar es producto de un proceso de socialización inadecuado y está relacionado con déficits funcionales y estructurales. Por ende, es necesaria una investigación exhaustiva para entender el tamaño de las lesiones cerebrales que pueden generarse. Asimismo, se debe estudiar el empleo de estrategias de afrontamiento disregulativas que podrían desarrollarse para disminuir las consecuencias cerebrales que se puedan tener.

De igual manera, para evitar las consecuencias del acoso escolar es importante la estimulación constante y adecuada de las funciones ejecutivas, memoria y atención tanto en la niñez como en la y adolescencia. Para profundizar en aspectos cruciales de esta última, te recomendamos nuestro curso en adolescencia.

Todo esto con el fin de que aprendan actividades que no solo ayuden a su rendimiento escolar, sino a su propia regulación y manejo. En contraste, otras investigaciones han reportado que la empatía es una herramienta que va en pro de la conducta social y evitación de la violencia.

Esto último se da por el favorecimiento en la inhibición de la agresión y la comprensión emocional de los otros. Ahora, es importante indicar que tanto en la familia como en los colegios se debe trabajar en la incorporación de reglas que muestren comprensión y respeto hacia los demás (Fernández-Daza, 2016).

Así mismo, Martínez et al. (2015) encontraron que la mejor manera para prevenir y tratar el acoso escolar es por medio del afianzamiento de lo que llaman “competencias genéricas”. Para ellos, una buena formación y manejo de actitudes frente a otros, habilidades sociales y control de emociones son fundamentales de cara a la prevención y manejo del acoso escolar.

Conclusión

Finalmente, se demuestra que en el acoso escolar hay consecuencias neuropsicológicas, psicológicas y sociales. Estas afecciones se presentan en ambas partes. Por ello, es importante el trabajo multidisciplinar, en el cual se incluye la neuropsicología para la prevención y trabajo cognitivo. También es vital considerar el trabajo del área de psicología, enseñando tanto habilidades sociales como la autorregulación de las emociones.

Asimismo, se deben generar apoyos en casa para el manejo de esta temática, ya que no solo tiene implicaciones en la vida escolar, sino también en el desarrollo de las actividades de la vida diaria. Por ende, las estrategias deben estar enfocadas en contextos escolares y núcleo familiar.

Referencias bibliográficas

  • Cepeda-Cuervo, E. y Caicedo, G. (2013). Acoso escolar: Caracterización, consecuencias y prevención. Revista Iberoamericana de Educación, 61(3), 1-7. https://doi.org/10.35362/rie6131075
  • Fernández-Daza, M. (2016). Neuropsicología del acoso escolar: Función mediadora de la conducta prosocial. Revista Mexicana de Neurociencia, 17(6), 106-119. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=69356
  • Martínez Vilchis, R., Pozas Rivera, J., Jiménez Arriga, K., Morales Reynoso, T., Aarón Miranda, D., Delgado Maya, M. E. y Cuenca Sánchez, V. (2015). Prevención de la violencia escolar cara a cara y virtual en bachillerato. Psychology, Society and Education, 7(2), 201-212. http://dx.doi.org/10.25115/psye.v7i2.533