La metacognición como concepto, dentro del ámbito de la psicología, no es nuevo. Sin embargo, ha tomado notoriedad en el mundo académico-científico. Especialmente, desde los fundamentos del aprendizaje. Su establecimiento y las distintas relaciones que se han construido a partir de esta son llamativas y fundamentales para entender cómo aprendemos. Asimismo, es necesario comprender los elementos sustanciales que componen la metacognición y la convierten en un proceso que va más allá de lo cognitivo y tiene un impacto en la vida diaria. Por esta razón, adquiere relevancia hablar de los procesos metacognitivos del pensamiento humano.

Metacognición como definición

Como metacognición podemos entender muchas cosas. Según Flavell (1976), hace referencia al conocimiento que las personas tienen sobre sus propios procesos y productos cognitivos.

woman leaning against door while holding her cheek

De igual manera, se puede considerar como la supervisión activa tras la consecuente regulación y organización de procesos, en función de alcanzar alguna meta u objetivo establecido.

Por otra parte, desde una perspectiva similar, se puede declarar que la metacognición tiene dos acepciones importantes a considerar.

La primera, corresponde al conocimiento declarativo que posee el individuo y tiene relación con lo que este procesa cognitivamente.

Es decir, con lo que sabe, lo que no entiende completamente, lo que es más difícil de aprender o la mejor forma de hacer algo, entre otros.

La segunda, guarda relación con la regulación de los procesos cognitivos. En esta acepción, la persona despliega ciertos procedimientos y estrategias que emplea de manera consciente para cumplir con éxito su labor.

Esto lo aplica para resolver ejercicios, comprender un problema o enfrentar las diferentes dificultades que se presenten. Dicho proceso es planificando, previniendo obstáculos y corrigiendo acciones y pensamientos durante el transcurso del mismo (Brown, 1987).

Como se puede apreciar, ambas conceptualizaciones están de acuerdo al referir que la metacognición es un proceso de monitoreo complejo. En otras palabras, las personas se supervisan mentalmente e integran o modifican aspectos de su propio funcionamiento.

Relación entre metacognición y aprendizaje

La metacognición tiene una conexión importante con el aprendizaje. Este hecho es sustancial para comprender cómo los aprendizajes pueden ser más duraderos. Además de conocer qué procesos adicionales facilitarían su construcción.

En palabras de Ochoa (2000), en las distintas actividades que tienen relación con el proceso de enseñanza y aprendizaje, se da la interacción entre la interiorización y la exteriorización de las actividades de regulación.

man facing in front of another sitting man

Cuando hablamos de aprendizaje, por una parte está la persona que enseña e instruye a través de la información que proporciona y las preguntas que realiza, entre otros.

Por otro lado, los aprendices que, dependiendo de la dificultad de los contenidos, monitorean y regulan lo que deben hacer para aprehender los conocimientos planteados.

Ahora, esto no quita que, en ocasiones, los mecanismos que utilizamos no son los más efectivos, pues depende de la situación en las que se usan.

Por ejemplo, un estudiante que está aprendiendo un idioma, puede percibir más competencia para distinguir palabras a través de la escucha que de la lectura.

Para lograr esto, debió incorporar el proceso metacognitivo de monitoreo. En este proceso, comparó de manera empírica contrastando ambas situaciones, concluyendo que es en la escucha donde obtiene mejores resultados.

Así pues, se puede visibilizar que la metacognición es una deducción inherente a los procesos cognitivos. En definitiva, es pensar cómo pienso y ser consciente de ello.

Aspectos que pueden incidir en dicha relación estarían jugando un rol clave para que el proceso metacognitivo se produzca. En lo que respecta al aprendizaje, los estímulos del entorno y la retroalimentación que recibimos de este inciden en la percepción de la adquisición de conocimientos. Asimismo, las variables personales también tienen un peso importante.

Proceso de metacognición en la vida diaria

Con lo anteriormente dicho, se puede establecer que el proceso metacognitivo está en permanente regulación. Consideremos que es imposible no hacer juicios de las actividades que realizamos o de las que realizan los demás.

Sin embargo, no siempre somos capaces de regular adecuadamente lo que hacemos y pensamos.

Es por ello que los procesos de metacognición en la vida diaria son primordiales a la hora de desenvolvernos en el mundo.

No cabe duda que no es lo mismo contar con un maestro que sea sensible a la necesidades del aprendiz.

Sobre todo, cuando este último manifiesta poseer ciertas valoraciones de cómo le resulta más adecuado aprender.

No obstante, la percepción personal de cómo desarrollamos la información que vamos recibiendo también es importante, especialmente para comprendernos a nosotros mismos.

Conclusión

La metacognición en sí, es un elemento que permite la adaptación del ser humano, por lo tanto tiene un impacto en la vida diaria. De este modo, permite regular nuestros pensamientos y conductas sobre lo que procesamos a través de los sentidos.

Con esto, Arango y Corrales (2014) agregan que el conocimiento se adquiere principalmente con la experiencia. Nuestros sentidos son los que gestionan y guardan la información obtenida.

Como vemos, la metacognición por sí misma es una experiencia constante. Especialmente, en la percepción subjetiva del ser humano, donde existe una vital relación con el entorno.

Por ello mismo, nuestro aprendizaje se basa en la adquisición de conocimientos novedosos que se van acumulando e integran a lo largo de nuestras vidas. Cuando nos damos cuenta, la metacognición como proceso se vuelve presente.

Referencias bibliográficas

  • Arango, L. y Corrales, L. (2014). Metacognición en el adulto mayor. Poiésis, 1(28), 1-4. https://doi.org/10.21501/16920945.1387
  • Brown,­ A.­­ (1987).­ Metacognition,­ excutive­ control,­ self regulation ­and ­other­ mysterious ­mechanisms.­­ Erlbaum: Hillsdale.
  • Ochoa, R. F. (2000). Autorregulación, metacognición y evaluación. Acción pedagógica9(1), 4-11. http://hdl.handle.net/10495/6913
  • Osses Bustingorry, S. y Jaramillo Mora, S. (2008). Metacognición: un camino para aprender a aprender. Estudios pedagógicos (Valdivia)34(1), 187-197. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-07052008000100011