La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) viene ganando terreno como abordaje psicológico en distintos contextos clínicos. Pero cuando se piensa en personas neurodivergentes, la pregunta va más allá de si funciona. Hay que considerar cómo, para quiénes y bajo qué adaptaciones. En ese marco, una revisión sistemática analizó la evidencia disponible sobre ACT y neurodivergencia, con foco en adultos con condiciones del espectro autista (TEA) y discapacidad intelectual. A continuación, analizaremos sus hallazgos principales, límites metodológicos y preguntas todavía abiertas sobre los efectos de la terapia en esta población.
Diversidad de perfiles y barreras en salud mental

La neurodivergencia incluye una amplia diversidad de formas de procesar, comunicar, aprender y vincularse con el entorno. En el caso del TEA, las características varían mucho entre personas. Algunas requieren apoyos significativos en la vida diaria, mientras que otras necesitan ajustes más específicos en contextos sociales, educativos o laborales. Por eso, hablar de ACT en la neurodivergencia exige evitar generalizaciones rápidas.
Muchas personas neurodivergentes suelen enfrentar mayores barreras de acceso a tratamientos psicológicos adecuados, barreras que, lejos de radicar en las personas, yacen en sistemas poco flexibles o entornos que no contemplan diferentes estilos de comunicación. De esta manera, ACT aparece como una línea de trabajo interesante para cuadros como TEA, porque se centra en la flexibilidad psicológica, los valores y la relación con pensamientos y emociones difíciles.
De la búsqueda bibliográfica a los análisis elegidos
La revisión sistemática analizó la efectividad de intervenciones basadas en ACT para adultos con condiciones del espectro autista y/o discapacidad intelectual. El objetivo fue identificar si podían reducir desafíos psicológicos y mejorar habilidades de funcionamiento adaptativo. Después del cribado inicial, se identificaron 216 artículos potenciales. Finalmente, ocho estudios cumplieron con los criterios de inclusión.
En total, participaron 54 personas. Cuatro investigaciones se centraron en personas con discapacidad intelectual y otros cuatro en personas con condiciones del espectro autista. En cunto a los diseños, los mismos fueron variados: un ensayo controlado aleatorizado, un estudio pre-post, dos series de casos y cuatro de caso único.
¿La terapia ayuda a superar desafíos?
Los hallazgos sugieren que podría ser útil para trabajar ciertos aspectos psicológicos en personas neurodivergentes. Algunos análisis informaron disminuciones en estrés, síntomas depresivos, malestar asociado a pensamientos intrusivos y dificultades emocionales. En adultos con TEA, mostraron resultados iniciales prometedores, especialmente en estrés, estado de ánimo y flexibilidad psicológica.

Aun más, la revisión sugiere que las intervenciones fueron, en general, aplicables en distintos contextos, como escuelas, servicios ambulatorios y espacios comunitarios. Incluso, reportaron buena participación y valoración positiva de las propuestas, indicando que podría ser una opción viable cuando se adapta a las características y necesidades de cada persona.
La flexibilidad como un eje central
ACT busca aumentar la flexibilidad psicológica, un aspecto que podría ser útil en cuadros como el TEA. Esto conlleva poder reconocer pensamientos, emociones y sensaciones sin quedar completamente atrapado por ellos, y actuar de acuerdo con valores personales. Dentro de los procesos examinados se consideraron la aceptación, defusión cognitiva y mindfulness.
Cabe destacar que el abordaje de ACT para la neurodivergencia no se centra en corregir síntomas. Más bien, propone trabajar sobre cómo la persona se relaciona con sus experiencias internas. En algunos casos, las personas pudieron tomar mayor distancia de pensamientos incómodos, reducir su credibilidad o experimentar menos malestar asociado a ellos.
Adaptar la intervención fue una necesidad clínica
Resulta claro en las intervenciones que la terapia no siempre se aplica de forma estándar. Como dijimos, varios diseños usaron componentes específicos, como mindfulness, defusión o valores. Otras, combinaron ACT con entrenamiento en habilidades conductuales, manejo de contingencias o recursos visuales. Particularmente, en personas con TEA, algunos programas incluyeron estructuras más claras, ejercicios experienciales y modificaciones del formato grupal.
Este punto resulta particularmente importante al analizar el uso de ACT en la neurodivergencia. Lejos de entender las adaptaciones como una desviación del modelo original, los estudios revisados muestran que pueden ser una herramienta fundamental para acercar la terapia a las necesidades de cada persona.
Desde esta perspectiva, adaptar no significa cambiar los principios de ACT, sino garantizar que estos puedan ser comprendidos y utilizados de manera efectiva. Para ello, puede ser útil incorporar apoyos visuales, ejemplos concretos, sesiones más estructuradas o metáforas menos abstractas que favorezcan la accesibilidad y el aprendizaje.
¿Se observaron cambios en habilidades funcionales?

Además de la salud mental, varios trabajos evaluaron cambios en áreas funcionales. Allí se observaron avances vinculados con entrevistas laborales, desempeño deportivo, rutinas cotidianas y participación comunitaria. Tales resultados sugieren que podría favorecer una mayor conexión entre los objetivos personales y la conducta diaria.
Lo anterior es relevante, puesto que la flexibilidad psicológica no queda limitada al mundo interno. También podría expresarse en decisiones concretas, mayor implicación en actividades significativas y mejor respuesta ante situaciones del entorno.
Lo que todavía falta investigar
Lamentablemente, la mayoría de los estudios tuvo muestras pequeñas y diseños metodológicos débiles. De hecho, seis de los ocho trabajos fueron calificados como de baja calidad metodológica y hubo mucha heterogeneidad en formatos, duración y formas de medir resultados.
Asimismo, todavía falta investigación sobre personas con mayores necesidades de apoyo o con discapacidad intelectual más severa. La mayoría de los participantes con TEA fueron descriptos como de alto funcionamiento y gran parte de las personas con discapacidad intelectual se ubicaban en rangos leves o moderados. Futuras investigaciones deberían incluir muestras más amplias, diseños aleatorizados, medidas validadas y reportes más claros sobre adaptaciones terapéuticas.
ACT como una nueva posibilidad
La revisión sugiere que podría ser una opción prometedora para algunas personas neurodivergentes, especialmente en relación con el estrés, el estado de ánimo y la flexibilidad psicológica. Sin embargo, la evidencia disponible todavía es limitada. Por eso, hablar del uso de ACT en la neurodivergencia requiere prudencia: hay señales clínicas valiosas, pero aún falta consolidar más.
En el caso de ACT y TEA, los resultados invitan a seguir investigando cómo personalizar la intervención a las necesidades de apoyo y contextos de vida. El verdadero desafío clínico es poder construir tratamientos accesibles, flexibles y respetuosos de la diversidad.
Referencia bibliográfica
- Byrne, Gary; O’Mahony, Teresa (2020). Acceptance and commitment therapy (ACT) for adults with intellectual disabilities and/or autism spectrum conditions (ASC): A systematic review”. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 247-255. Doi: 10.1016/j.jcbs.2020.10.001





















