El sufrimiento corporal representa un desafío frecuente en la práctica clínica. Se trata de síntomas somáticos que carecen de explicación médica clara, pero que generan un alto nivel de malestar en quienes los experimentan. Frente a esta problemática, se han desarrollado distintos enfoques terapéuticos con el objetivo de aliviar sus repercusiones emocionales. Recientemente, una investigación comparó de manera sistemática la eficacia de la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). ¿Qué estrategias resultan más efectivas para quienes buscan alivio ante este tipo de malestar?
¿Qué se sabía hasta ahora?

El tratamiento de los síntomas somáticos sin explicación médica ha sido históricamente un desafío. La TCC se posicionó como una de las principales intervenciones para abordar el malestar físico, centrada en identificar y modificar patrones de pensamiento y conducta que amplifican el sufrimiento. En ese marco, la evidencia señalaba que dicho enfoque era capaz de reducir la intensidad de los síntomas, mejorar la calidad de vida y aumentar la funcionalidad.
Por otra parte, las terapias basadas en la aceptación y mindfulness también han ganado relevancia. La ACT propone un enfoque distinto: en lugar de eliminar los síntomas, busca cambiar la relación que la persona establece con ellos. A través de la aceptación, la flexibilidad psicológica y la conexión con valores personales, estas intervenciones demuestran beneficios en múltiples trastornos, incluidos aquellos relacionados con el dolor crónico o con el malestar persistente.
Métodos utilizados en la investigación
El estudio en que se basa al presente nota es un metaanálisis en red, una metodología que permite integrar y comparar múltiples ensayos clínicos de manera simultánea. En el presente caso, se analizaron datos de 36 estudios controlados aleatorizados que incluían adultos con expresiones somáticas de sufrimiento persistente.
Los participantes recibieron distintos tipos de intervención psicológica, entre ellas la TCC, la ACT y otras variantes basadas en mindfulness. La variable principal de interés fue la reducción de síntomas somáticos, aunque también se evaluaron indicadores secundarios como la funcionalidad y la calidad de vida.
¿Cuáles fueron los hallazgos?

El tratamiento basado en la cognición y la conducta se destacó como una de las intervenciones con mayor respaldo. En los análisis agrupados, la TCC mostró reducciones significativas en la intensidad del malestar físico y una mejora consistente en la funcionalidad de los pacientes.
En otras palabras, cuanto más ajustadas están las estrategias cognitivas y conductuales, mayor es la capacidad de los pacientes para afrontar los síntomas.
Aportes basados en la aceptación
Por otro lado, los tratamientos centrados en la aceptación, y en particular la ACT, también evidenciaron resultados favorables. Aunque las reducciones de síntomas fueron algo más moderadas que en la TCC, los beneficios aparecieron en áreas distintas.
En efecto, las intervenciones mejoraron la calidad de vida percibida y promovieron la flexibilidad psicológica, lo que permitió a los pacientes convivir con la sintomatología sin que definieran su vida diaria.
Comparación entre TCC y ACT
La comparación directa e indirecta entre ambas intervenciones arrojó un panorama interesante. La TCC demostró mayor eficacia en la reducción de síntomas somáticos, mientras que la ACT mostró ventajas en aspectos relacionados con la adaptación y el bienestar subjetivo.
Lo dicho sugiere que no se trata de intervenciones excluyentes, sino de abordajes que pueden complementarse según las necesidades de cada paciente.
Impacto en la práctica clínica

Siguiendo esa línea, el estudio enfatiza que la elección para tratar el malestar físico con la TCC, o bien la ACT, no debería ser planteada en términos de competencia, sino de adecuación a cada caso clínico. La primera puede ser prioritaria cuando el objetivo es disminuir la intensidad de los síntomas. En tanto, la segunda resulta especialmente útil en personas que buscan aceptar la presencia del malestar sin que interfiera con sus metas personales.
Limitaciones de la revisión
A pesar de la solidez del metaanálisis, existen algunas limitaciones a considerar. En primer lugar, las intervenciones no siempre fueron aplicadas de la misma manera, lo que puede generar variaciones en los resultados.
Además, muchos ensayos tuvieron muestras relativamente pequeñas, lo que reduce la generalización de los hallazgos. Asimismo, la mayoría de los estudios evaluaron los efectos en el corto o mediano plazo. Todavía se desconoce en qué medida los beneficios de la TCC y de la ACT se mantienen a largo plazo, un aspecto crucial en el tratamiento de síntomas persistentes.
Entre el alivio y la aceptación
Los hallazgos del metaanálisis invitan a repensar la manera en que abordamos el malestar físico desde la psicología. La TCC se muestra especialmente eficaz para reducir los síntomas, mientras que la ACT aporta herramientas valiosas para aceptar y convivir con ellos. En conjunto, ambas ofrecen un abanico de posibilidades que enriquecen la práctica clínica.
Más que elegir entre una u otra, el reto para profesionales y pacientes consiste en identificar qué enfoque responde mejor a las necesidades de cada persona. El futuro apunta hacia intervenciones integradoras, que combinen lo mejor de cada enfoque para brindar respuestas más personalizadas y sostenibles. Si te interesa aprender más sobre el abordaje de esta temática, te invitamos a nuestro curso sobre TCC, estrés y ansiedad.
Referencia bibliográfica
- Maas genannt Bermpohl, F. y Martin, A. (2025). Efficacy of Cognitive Behavioral Therapy and Acceptance- and Mindfulness-Based Treatments in Adults with Bodily Distress: A Network Meta-Analysis. JAMA Psychiatry, 82(3), 231–240. https://doi.org/10.1159/000544825





















