La llegada de herramientas como ChatGPT a la educación generó un entusiasmo inmediato: escribir más rápido, estudiar con ayuda personalizada y resolver dudas en segundos. Es por ello que cada vez más personas lo utilizan como un asistente virtual. Sin embargo, detrás de esa comodidad aparece una pregunta cada vez más relevante: ¿qué pasa con nuestro cerebro cuando parte del trabajo intelectual lo hace el ChatGPT, una inteligencia artificial (IA)? En esta nota, analizaremos dos investigaciones recientes que abordaron dicha cuestión desde distintos enfoques.

Entre atajos cognitivos y el aprendizaje

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El debate sobre esta nueva tecnología en el ámbito educativo suele oscilar entre dos visiones opuestas: una que la presenta como una revolución capaz de personalizar la enseñanza y otra que la considera una amenaza para la autonomía intelectual. No obstante, investigaciones recientes sugieren una mirada más matizada.

En tal contexto cobran importancia dos conceptos: el compromiso cognitivo, que refiere al esfuerzo mental invertido para comprender y producir conocimiento, y el aprendizaje generativo, que implica explicar, reorganizar o aplicar la información. Desde esa perspectiva, la IA tiene el potencial de actuar de dos maneras: como un atajo que reduce el esfuerzo cognitivo o como una herramienta que favorece procesos de comprensión.

Del uso espontáneo al diseño de herramientas educativas

El primer trabajo comparó tres condiciones de escritura: uso de un modelo de lenguaje de gran escala (ChatGPT), el uso de motores de búsqueda y la escritura sin herramientas externas. La muestra estuvo compuesta por 54 personas. Para evaluar el impacto, el trabajo utilizó electroencefalografía, entrevistas y puntuaciones asignadas por docentes y por un sistema automatizado.

Por otro lado, el segundo trabajo se centró en un problema distinto: el diseño de una herramienta IA educativa basada en teoría psicológica. Los autores desarrollaron ChatTutor, un chatbot pensado para guiar actividades de aprendizaje generativo mediante explicaciones, preguntas y andamiajes. Luego lo compararon con ChatGPT y con condiciones de enseñanza habitual o reestudio en dos experimentos: uno con 175 universitarios y otro con 234 estudiantes de secundaria.

¿La IA reduce o potencia el aprendizaje?

El análisis sobre escritura con IA encontró un patrón claro. Según la evidencia, cuanto mayor era el soporte externo, menor era la conectividad cerebral observada. El grupo que escribió sin asistencia mostró las redes neuronales más amplias y fuertes. En cambio, quienes utilizaron los motores de búsqueda presentaron un nivel intermedio y quienes escribieron con ChatGPT exhibieron la conectividad más débil en el cerebro.

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A nivel conductual, quienes trabajaron con IA reportaron menor sensación de autoría sobre sus textos y tuvieron más dificultades para recordar lo escrito. El hallazgo más inquietante fue que quienes habían dependido de ChatGPT y luego debieron escribir sin ayuda mostraron menor activación en el cerebro. Los autores interpretan este fenómeno como una posible deuda cognitiva: la conveniencia inmediata tendría un costo acumulativo sobre la implicación mental en tareas complejas.

No toda IA educativa funciona igual

En ese contexto, el segundo estudio introduce un matiz importante. Cuando el chatbot fue diseñado para promover aprendizaje generativo —es decir, para pedir al estudiante que explique, enseñe y revise conceptos—, los resultados fueron mejores que con ChatGPT genérico.

Adicionalmente, el ChatTutor incrementó la confianza, el disfrute y el conocimiento conceptual en comparación con su versión genérica. El disfrute y la confianza sí se combinaron con mejores resultados, dando a entender que el diseño pedagógico de la herramienta influyó en el aprendizaje.

Del reemplazo cognitivo al andamiaje de la enseñanza

Al comparar las investigaciones, aparece una conclusión clara: el impacto educativo de la IA depende del rol que cumpla dentro de la tarea. Cuando dicha tecnología reemplaza el esfuerzo de redacción y organización de ideas, reduce el nivel de implicación mental en la tarea y debilita la apropiación subjetiva del producto. En cambio, cuando la herramienta está diseñada para devolver preguntas, andamiar explicaciones y sostener procesos de elaboración, podría actuar como un tutor.

Cabe destacar que ambos trabajos coinciden en que la experiencia subjetiva del usuario no basta para evaluar el valor educativo de la tecnología. En el trabajo sobre ensayos, la IA probablemente ofrecía rapidez y facilidad, pero eso no se tradujo en mayor involucramiento ni en mejor desempeño global.

Cuando producir no equivale a aprender

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Otro aspecto clave es la diferencia entre producción y aprendizaje. Un modelo de lenguaje podría mejorar la fluidez de una tarea productiva —por ejemplo, redactar un texto— sin que eso implique una mejora equivalente en comprensión, memoria o transferencia.

Tal distinción es central para la educación. A modo de ejemplo, una persona podría realizar un ensayo con apoyo de IA, pero eso no garantiza que haya construido conocimiento duradero. De hecho, la deuda cognitiva plantea que usar estas herramientas con frecuencia disminuye el esfuerzo mental necesario para aprender.

Conclusión

Para concluir, la evidencia sugiere que la IA podría actuar como un atajo cognitivo o como un andamio pedagógico. Cuando el ChatGPT reemplaza parte de la producción intelectual, disminuyen la conectividad en el cerebro, la sensación de autoría y la capacidad de recordar lo escrito. En cambio, cuando se diseña para promover explicación y reflexión, favorece el aprendizaje conceptual y mejora la experiencia educativa.

Esto desplaza el debate educativo desde la simple presencia de la tecnología hacia su diseño pedagógico. La cuestión ya no es si su uso está bien o mal, sino qué procesos cognitivos activa o reduce. El desafío será distinguir entre asistencia útil y dependencia cognitiva: ¿queremos una tecnología que piense por el estudiante o una que lo ayude a pensar mejor?

Referencias bibliográficas

  • Kosmyna, N., Hauptmann, E., Yuan, Y. T., Situ, J., Liao, X. H., Beresnitzky, A. V. y Maes, P. (2025). Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task. arXiv preprint arXiv:2506.088724.
    https://doi.org/10.48550/arXiv.2506.08872
  • Makransky, G., Shiwalia, B. M., Herlau, T. y Blurton, S. (2025). Beyond the “wow” factor: Using generative AI for increasing generative sense-making. Educational Psychology Review37(3), 60. https://doi.org/10.1007/s10648-025-10039-x