La violencia basada en género constituye una grave vulneración de derechos que afecta múltiples dimensiones de la vida de quienes la padecen. Entre sus consecuencias menos visibilizadas se hallan las alteraciones en la salud mental y en funciones cognitivas fundamentales, como la atención o la memoria. Tales secuelas, a menudo desatendidas por el sistema de salud, tienen un impacto profundo tanto en la cotidianeidad, así como en los procesos de reparación subjetiva. En esta nota, presentaremos los hallazgos de un estudio reciente acerca del rendimiento cognitivo y la presencia de síntomas depresivos en mujeres que atravesaron situaciones de violencia prolongada.

Un acercamiento a la violencia basada en género

Se trata de un fenómeno complejo y persistente, cuyas manifestaciones incluyen agresiones físicas, psicológicas, sexuales, económicas o simbólicas. Las personas que atraviesan tales situaciones no solo enfrentan un riesgo elevado para su integridad física, sino también un profundo impacto en su bienestar emocional, subjetivo y relacional. Con ello, una aclaración: si bien se define como toda violencia ejercida en función de la identidad de género, expresión de género u orientación sexual, en esta nota, nos centraremos en la experiencia concreta de mujeres cisgénero.

En dicha población, la evidencia previa ha documentado una alta prevalencia de síntomas depresivos, ansiedad, trastornos por estrés postraumático y pensamientos suicidas. Sin embargo, hay una dimensión menos explorada en la literatura: el modo en los que tales experiencias de violencia afectan al rendimiento cognitivo.

Ampliando la mirada en torno a las consecuencias

Las dificultades para concentrarse, los lapsos de memoria o los problemas para organizar pensamientos suelen ser descritos por muchas mujeres en contextos de consulta clínica. Pese a ello, rara vez forman parte de una evaluación sistemática. Este vacío, además de limitar la comprensión integral de las secuelas, obstaculiza procesos de recuperación y el acceso a derechos.

En ese contexto, el estudio que da origen a esta nota aporta evidencia empírica sobre un aspecto poco visibilizado: la asociación entre la sintomatología depresiva y el rendimiento cognitivo en víctimas de violencia. A través de una evaluación detallada, se buscó identificar patrones de funcionamiento. Para así, comprender mejor las consecuencias neuropsicológicas del maltrato sostenido y orientar intervenciones más ajustadas a las necesidades reales de esta población.

Una mirada integral: ¿Cómo se evaluó a las participantes?

violencia basada en género y rendimiento cognitivo

El análisis se llevó a cabo en España en una muestra de 68 mujeres que habían atravesado situaciones de violencia de género en el ámbito de la pareja heterosexual. La mayoría de ellas se encontraba bajo protección institucional o recibiendo atención en centros de apoyo especializados. Todas las participantes presentaban historias de maltrato prolongado que abarcaba dimensiones físicas, sexuales y psicológicas.

Para efectuar la evaluación, se utilizaron dos instrumentos principales. En primer lugar, se administró el Inventario de Depresión de Beck para identificar y cuantificar síntomas depresivos. En segundo lugar, se aplicó la batería neuropsicológica Luria-DNA, orientada a explorar funciones como la memoria, la atención, el lenguaje, la organización perceptiva y el razonamiento lógico.

Las entrevistas fueron realizadas por profesionales entrenados en el marco de los servicios públicos y programas de atención a víctimas de violencia, en condiciones de resguardo y cuidado. Tal aproximación permitió reunir datos clínicos y neuropsicológicos relevantes, integrando mayores dimensiones el análisis del impacto.

Lo que revela el estudio: Impacto emocional y deterioro

Concretamente, se evidenció un alto nivel de sufrimiento emocional en las participantes: el 59 % presentó puntuaciones compatibles con depresión moderada o grave. Tal sintomatología no apareció de manera aislada, sino que se acompañó de alteraciones en diversas funciones cognitivas. En particular, las áreas más perjudicadas fueron la memoria (destacando la memoria a corto plazo), la atención y el razonamiento lógico, aunque también se observaron dificultades en tareas de lenguaje y organización perceptiva.

Cabe destacar que los déficits no fueron homogéneos, pero sí suficientemente frecuentes como para señalar la presencia de un patrón. Por tanto, sugiere que la violencia basada en género sostenida podría estar relacionada, además de con el malestar emocional, con el deterioro neuropsicológico que compromete la vida cotidiana y los procesos de toma de decisiones, planificación y vinculación interpersonal.

Tres perfiles diferentes de afectación

violencia basada en género y rendimiento cognitivo

A través de un análisis estadístico multivariado, las autoras identificaron tres grupos diferenciados entre las participantes. El primer grupo presentaba bajo nivel de sintomatología depresiva y un rendimiento cognitivo alto o preservado. El segundo grupo mostraba niveles intermedios en ambas dimensiones. En cambio, el tercer grupo —el más numeroso— reunía a mujeres con altos niveles de depresión y bajo rendimiento en la mayoría de las funciones evaluadas.

Tal hallazgo confirma la asociación entre estado emocional y desempeño cognitivo, y, a su vez, permite pensar en trayectorias diferenciales de afectación y recuperación. Uno de los datos más relevantes fue que quienes presentaban mejor rendimiento en memoria a corto plazo tendían a reportar menos síntomas depresivos. Dicho vínculo podría indicar un posible factor protector o una vía de intervención a considerar, aunque serán necesarias más investigaciones para comprenderlo en profundidad.

Algunas limitaciones importantes

Si bien los resultados de este estudio aportan evidencia valiosa sobre el rendimiento cognitivo y el impacto emocional en víctimas de violencia de género, es crucial considerar sus limitaciones metodológicas. En primer lugar, se trató de una muestra relativamente pequeña y localizada, lo que restringe la posibilidad de generalizar hallazgos. A su vez, todas las participantes eran mujeres cisgénero, dejando por fuera otras experiencias igualmente válidas.

Por otro lado, el diseño transversal impidió establecer relaciones causales entre las variables. Es decir, no es posible determinar si los déficits neuropsicológicos son consecuencia directa, si existían previamente, o si responden a otros factores asociados como el estrés crónico, la pobreza o el aislamiento social.

Hacia una comprensión más completa de las secuelas

Las consecuencias de la violencia no terminan cuando cesan los episodios. Muchas veces, persisten en forma de síntomas emocionales y dificultades neuropsicológicas que perjudican la calidad de vida e interfieren en el bienestar. Con base en ello, la investigación aporta evidencia clave acerca de un aspecto poco explorado.

Reconocer, evaluar y abordar integralmente las secuelas de la violencia basada en género resulta, entonces, fundamental en el ámbito clínico. Además, constituye un compromiso ético y social ineludible. Para profundizar en los fundamentos conceptuales y clínicos de la violencia basada en género y entrenar estrategias de acompañamiento, te invitamos a nuestro curso Violencia basada en género: Herramientas clínicas de intervención sensible al trauma.

Referencia bibliográfica

  • Torres García, A. V., Vega-Hernández, M. C., Antón Rubio, C. y Pérez-Fernández, M. (2021). Mental Health in Women Victims of Gender Violence: Descriptive and Multivariate Analysis of Neuropsychological Functions and Depressive Symptomatology. International journal of environmental research and public health19(1), 346. https://doi.org/10.3390/ijerph19010346