La implementación de medidas destinadas a contrarrestar el deterioro cognitivo en el contexto de la vejez resulta imperativo. Y es que, en las etapas posteriores de la vida, las funciones cognitivas e integridad del sistema nervioso comienzan a declinar de forma natural. No obstante, se pueden adoptar múltiples estrategias para incidir en un envejecimiento más provechoso. En este contexto, el voluntariado surge como un elemento crucial, estableciendo conexiones intergeneracionales que mitigan la incidencia de la soledad. ¿Cómo interactúa el voluntariado en la vejez en el deterioro cognitivo? ¿Qué nos dice la evidencia al respecto?

¿Es alentador el panorama en la vejez?

Se estima que más de uno de cada cinco adultos mayores de 71 años en los Estados Unidos (EE. UU.) presenta déficits en el funcionamiento cognitivo. Dicha cifra refiere a las personas que aún no conviven con algún trastorno relacionado a la demencia. Por otro lado, se cree que el crecimiento rápido de la población de adultos mayores en los próximos 15 años en naciones desarrolladas empeorará dicha situación.

vejez

Las consecuencias de la alteración cognitiva sin demencia incluyen una menor calidad de vida. A ello se le suma el riesgo de desarrollar síntomas neuropsiquiátricos.

Y, por si fuera poco, con lo anterior, discapacidad e incapacidad para vivir de manera independiente, demandas sobre las familias y los cuidadores informales, así como mayores costos en la atención médica (Infurna et al., 2016).

El papel del voluntariado

Existen pruebas crecientes de que las actividades físicas, sociales y cognitivas en la vejez pueden retrasar el deterioro cognitivo. Tales hallazgos respaldan la hipótesis de “úselo o piérdalo“. La misma postula que, al mantenerse física, social y cognitivamente activos, los adultos mayores pueden reducir la probabilidad de deterioro cognitivo. Además, se ha sugerido que el voluntariado organizado o formal aumenta el nivel de actividad física, social y cognitiva.

El voluntariado organizacional es una actividad no remunerada, a diferencia de los trabajos pagos. Dicha actividad implica realizar acciones dentro de un marco institucional que potencialmente brinda algún servicio a una o más personas o a la comunidad en general.

Con relación a lo anterior, existe una creciente evidencia que demuestra que el voluntariado está asociado con un mayor bienestar y mejor salud física en la vida posterior. Por ejemplo, un reciente metaanálisis sobre adultos mayores mostró que, después de ajustar por factores de riesgo conocidos para la mortalidad, el voluntariado redujo el riesgo de mortalidad y deterioro en un promedio del 24% (Sutin et al., 2021).

Voluntariado y prevención del deterioro

El principal modelo teórico para explicar cómo el voluntariado podría conducir a mejoras en la salud de los adultos mayores, incluido su funcionamiento cognitivo, comenzó como una descripción de los efectos de un programa específico de voluntariado intergeneracional. El mismo se realizó en 2004 y fue innovador. Posteriormente, se adaptó y amplió para incluir otros tipos de voluntariado. Y, si bien los modelos originales son amplios, y los detalles específicos en cada uno difieren, pero todos se basan en una hipótesis clave.

voluntariado y vejez

¿Qué supone?

La hipótesis emergente propone que el voluntariado aumenta primero la actividad física, social y cognitiva. No obstante, varia en diversos grados, según el tipo de voluntariado realizado y las demandas asociadas.

Con esto, tales aumentos de actividad, según las hipótesis, conducen a mejores resultados de salud a través de una variedad de mecanismos fisiológicos y psicológicos.

Así, la mayoría de los estudios se centran en el funcionamiento cognitivo, en lugar de en otros resultados funcionales. Postulando que los aumentos en la actividad física, social y cognitiva conducen a un mejor funcionamiento cognitivo mediante mejoras en la salud neurológica (Anderson et al., 2014).

La necesidad de aclarar el panorama

Sin embargo, un limitación clave de la mayoría de los modelos es que tratan a la salud mental y neurológica como construcciones distintas. Así, no siempre incluyen a la salud mental y la neurológica como componentes interrelacionados.

En este sentido, según otros autores, se superponen. Definen la salud mental como el bienestar psicológico, incluyendo conceptos como depresión, ansiedad y autoeficacia. La misma, podría estar involucrada en la autopercepción de bienestar y satisfacción con las tareas de voluntariado. Por otro lado, la salud neurológica, es descrita como la estructura física y el funcionamiento fisiológico del cerebro.

Conforme a ello, suelen mostrarse solamente las principales vías teóricas a través de las cuales el voluntariado podría beneficiar al funcionamiento cognitivo. Sin embargo, no se muestran los mecanismos fisiológicos y psicológicos intermedios y representan solo la dirección hacia adelante desde el voluntariado hasta el funcionamiento cognitivo. A propósito de ello, Hayley Guiney y Liana Machado (2018) concuerdan en que los efectos probablemente sean bidireccionales, y las interacciones entre las variables más complejas de lo que generalmente se cree e investiga.

La evidencia respalda al voluntariado como factor protector

Hay evidencia que respalda la hipótesis de que el voluntariado aumenta la actividad física, social y cognitiva de los adultos mayores. En cuanto a los niveles de actividad física, la investigación transversal ha revelado una correlación positiva con el voluntariado, y los estudios longitudinales muestran que los niveles de actividad física aumentan más con el tiempo entre los voluntarios que entre los no voluntarios.

Distintos tipos de actividades, distintos beneficios

Al parecer, la actividad física, ha sido asociada como un factor protector del deterioro cognitivo al disminuir el estrés oxidativo. En cuanto a la actividad social, los estudios de intervención han demostrado que el voluntariado aumenta las interacciones sociales de los adultos mayores. Y, en conjunto, las interacciones sociales y percepción de compañía previenen el deterioro, pues se ha asociado la soledad subjetiva con mayor riesgo de demencia.

Asimismo, se ha relacionado al voluntariado con menores niveles de estrés, actuando como factor de protección de la salud cerebral. Específicamente relacionado a la actividad cognitiva, los estudios cualitativos han encontrado que los participantes en programas de voluntariado informan aprender nuevas habilidades y conocimientos a través de su participación. Además, otros estudios han demostrado que los voluntarios son más propensos que los controles a mantener o aumentar su frecuencia de participación en actividades cognitivas (Guiney y Machado, 2018).

Conclusión

El deterioro cognitivo en la vejez plantea desafíos significativos, pero el voluntariado emerge como un posible factor de protección. Y es que, participar activamente en actividades cognitivas, sociales y físicas a través del voluntariado no solo es beneficioso para la salud mental y bienestar autopercibido, sino que puede contrarrestar los efectos negativos del envejecimiento. Esta interacción positiva destaca la importancia de abordar el envejecimiento desde una perspectiva holística para promover el bienestar integral en la vejez. Por último, si te interesa la psicología aplicada a la vejez, te recomendamos nuestro curso en psicogerontología.

Referencias bibliográficas

  • Anderson, N. D., Damianakis, T., Kröger, E., Wagner, L. M., Dawson, D. R., Binns, M. A., Bernstein, S., Caspi, E., Cook, S. L. y BRAVO Team (2014). The benefits associated with volunteering among seniors: a critical review and recommendations for future research. Psychological bulletin140(6), 1505-1533. https://doi.org/10.1037/a0037610
  • Guiney, H. y Machado, L. (2018). Volunteering in the Community: Potential Benefits for Cognitive Aging. The journals of gerontology. Series B, Psychological sciences and social sciences73(3), 399-408. https://doi.org/10.1093/geronb/gbx134
  • Infurna, F. J., Okun, M. A. y Grimm, K. J. (2016). Volunteering Is Associated with Lower Risk of Cognitive Impairment. Journal of the American Geriatrics Society64(11), 2263-2269. https://doi.org/10.1111/jgs.14398
  • Sutin, A. R., Luchetti, M., Stephan, Y. y Terracciano, A. (2021). Purpose in Life and Motoric Cognitive Risk Syndrome: Replicable Evidence from Two National Samples. Journal of the American Geriatrics Society69(2), 381-388. https://doi.org/10.1111/jgs.16852